Gradualismo, déficit, deuda y velocidad del PBI: reclamos y dudas de los analistas

“El gobierno optó por una estrategia gradual. Cuando uno evalúa el gradualismo, lo que ve es que 2016 fue peor de lo que hubiera esperado, pero el segundo semestre llegó… Un año tarde, pero llegó con una recuperación más fuerte y sostenida que abarca a prácticamente a todos los sectores y una inflación va bajando. El gradualismo parece haber funcionado: se pasó el momento más difícil, el Gobierno mantuvo su confianza política, la economía arrancó”.
La descripción, de tono optimista, es del economista Miguel Kiguel, director de Econviews, quien, de todos modos, advierte que “la estrategia del gradualismo tiene riesgos: el primero es que implica que la Argentina siga financiándose en los mercados internacionales por mucho tiempo, y además que el ajuste va a ser más largo” y, con ello, habrá anuncios de ajustes durante más tiempo.
"El segundo semestre llegó… Un año tarde, pero llegó", describe Kiguel para admitir que "el gradualismo parece haber funcionado". 
Rodolfo Santángelo, director de M&S Consultores, discrepa en cuanto a qué es lo que hizo el Gobierno hasta acá. “Creo que esto no es gradualismo sino una mezcla desordenada entre el shock del ordenamiento del mercado cambiario y la compensación con una política fiscal inactiva que ahora prometen que va a arrancar”, cuestionó. “Todos éramos gradualistas, pero hoy estamos en otro modelo”, añadió.
"Esto no es gradualismo sino una mezcla desordenada entre el shock del ordenamiento del mercado cambiario y la compensación con una política fiscal inactiva", critica Santángelo. 
Santángelo cuestiona además la demora en el ajuste fiscal y advierte: “Hasta cuándo se puede endeudar Argentina, no lo sabemos. Cada vez que escucho que la deuda no es un problema, tiemblo”.
En la misma línea, plantea que, tras el blanqueo, “un gran desafío futuro es lograr la repatriación” de ese dinero. Y, con cierto tono de alarma, dice que las reformas –que permitan reducir la toma de nueva deuda- hay que apurarlas “para que todo el optimismo no se encuentre con algo inesperado en el medio”.
Los dos economistas expusieron en un panel sobre La macro post elecciones en el marco del XII Foro de Economía y Negocios organizado por Thomson Reuters en Buenos Aires.

Optimismo, escepticismo y realismo


Según el economista de M&S, hoy hay en el mercado “optimismo, escepticismo y realismo al mismo tiempo”.
Y explica:
Un optimismo nace del evento electoral ya que se ha alargado el horizonte porque ha caído el riesgo de un retorno al populismo; y el optimismo financiero es porque hoy los mercados están en su mejor momento en mucho tiempo, con bajo riesgo país y, sobre todo, capacidad de financiamiento del sector privado en el exterior”.
“Paralelamente hay cierto escepticismo o desilusión porque los fundamentals no convergen: deficit fiscal, metas de inflación y déficit comercial”.
“El realismo parte del empresario que dice ‘estoy con optimismo de largo plazo, pero la calle sin no me lo demuestra’”.
Con todo, afirma, “hay una oportunidad para después de octubre empezar a mostrar que el programa económico converge”.

El largo camino al investment grade


También Kiguel cree que “post elecciones tiene que haber un cambio en la política económica”, en un marco en que “la economía ya es más normal (que al final del gobierno de Cristina Kirchner), el gobierno es más fuerte y la situación social está controlada”.
¿Que habría que esperar? Según el director de Econviews, “una política fiscal que vaya en el sentido de reducción del déficit es la prioridad para los próximos tres años, porque la confianza que nos está dando el mundo se termina ahora. Estamos aún lejos del investment grade y para eso hace falta un proceso de cuatro o cinco años de cumplir con la meta fiscal y que no haya reversión de las políticas”.

Crecimiento mediocre y las reformas necesarias


Kiguel advierte de todos modos que “eso no alcanza” y que “para crecer más rápido hay que bajar el costo argentino: costo laboral, que no es salario sino litigiosidad y regulaciones” y encarar tanto “la reforma tributaria, de la que no hay que esperar milagros con el gasto y déficit que hay”, como la del mercado de capitales, entre otras.
El analista prevé igual que en 2018 se cerrará “el ciclo de un año de crecimiento y uno de recesión” y que la economía va a crecer pero a un ritmo “mediocre de 3%, 3,5% o 4%” interanual porque va a continuar la política monetaria contractiva, por el gradualismo del ajuste fiscal y por “el tema del costo argentino, que sigue siendo alto y no va a cambiar de la noche a la mañana”.



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