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ECONOJOURNAL ENTREVISTÓ AL HOMBRE CLAVE QUE SE FUE DE ENARSA POR LAS DEMORAS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA OBRA Pronsato: “En un escenario realista, el gasoducto Néstor Kirchner debería estar listo en octubre del año próximo”

 Antonio Pronsato confirmó el lunes ante la justicia que decidió irse de Enarsa por la falta de avances en la construcción del gasoducto. En diálogo con EconoJournal sostuvo que ya no es posible terminar la primera etapa para el invierno próximo y aclaró que si se conforma una unidad ejecutora de especialistas se podría llegar para octubre de 2023.

Antonio Pronsato confirmó el lunes ante la justicia que decidió irse de Enarsa por la falta de avances en la construcción del Gasoducto Néstor Kirchner, la obra más urgente que debe encarar el gobierno de Alberto Fernández. “A partir del final de Semana Santa, formulé los alertas correspondientes al retraso en el camino crítico, sobre muchas cuestiones. Como nada cambió, me fui. Ignoro las razones de esta ralentización. Esas alertas las canalicé en reuniones con Gerez (titular de Enarsa), quien tomaba nota y me respondía que lo iban a hacer. No había una discusión, pero luego las cosas no avanzaban”, aseguró en su declaración testimonial. EconoJournal conversó con Pronsato para intentar entender qué se debería hacer a partir de ahora para poder construir el gasoducto, el cual aparece jaqueado ya no solo por los problemas de gestión sino también con la causa judicial que se abrió luego de las sospechas que sembró el ahora ex ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, al dejar trascender que se armó un pliego de licitación “a la medida de Techint”.   

-Por los últimos acontecimientos que han sucedido y por su judicialización, la obra del gasoducto Néstor Kirchner se empieza a ralentizar, ¿qué cree que se debería hacer para darle impulso?

-Lo que hay que hacer es una unidad ejecutora que se encargue de realizar los pliegos, adjudique y conduzca la obra. Creo que tendría que estar compuesta por ingenieros, abogados especialistas en obra pública- porque son las leyes las que indican los plazos y toda la documentación tiene que estar dentro de la ley-, contadores y economistas. Esta unidad tendría que responder directamente a un directorio, a un ministro o al Presidente y debería tener el conocimiento y la experiencia para tratar de prever la mayoría de los problemas y armar un camino crítico, el cual es fundamental para saber dónde pueden llegar a estar las demoras, en qué tareas, cuestión que impacta en todo el plazo de la obra.

Por otro lado, creo que Agustín Geréz es un buen hombre, un buen profesional, pero la manera en que nos hemos conducido en este proyecto no es la correcta para una obra de esta magnitud.  Si por alguna cuestión se llegase a armar una comisión hay que buscar profesionales en la facultad de Ingeniería, en el Centro Argentino de Ingenieros y dotarla también de economistas, como mencioné, que se dediquen a los presupuestos, al seguimiento de los contratos.

Creo que esta comisión debería tener la posibilidad de pedir a cualquier persona que esté tanto en la actividad pública como en la privada, sin que haya conflictos de interés. Yo llamaría a Alejandro Lorenzo y al ingeniero Sagula, que están en Camuzzi. También a cualquiera de vialidad. Tenemos que armar un tren de equipos independientes y profesionalmente intachables que sepan que no van a tener ni fines de semana, ni vacaciones porque una vez que arranque la obra, no debería parar.

-A partir de su renuncia, queda de manifiesto que en Enarsa no hay un equipo B capaz de hacerse cargo de la obra.

-Siempre se pueden rescatar cuadros eminentemente técnicos y armar un equipo. Podría nombrar profesionales que están trabajando en la actividad privada como en la pública, que podrían trabajar en esto. El Enargas tiene a su gerente de Transmisión, Luis Buisel, que es extraordinario. También un cuadro legal como es Osvaldo Pitrau. Estoy seguro de que en una semana se puede armar un equipo de trabajo, un cuadro técnico completo para encarar la obra, al margen de que sigan trabajando los organismos, por ejemplo, en los permisos de paso. En ampliaciones anteriores de los gasoductos, e incluso en el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA), el trámite para habilitar los permisos demoraba en el Enargas solo un día. Con esa documentación lista, si no había acuerdo con el superficiario, se iba al juzgado para solicitar la autorización final. Eso ya hay que organizarlo.

-¿Cómo funciona esa dinámica?

-Pienso en una unidad ejecutora con un líder que conozca la industria y que ya haya conducido una obra de esta magnitud. Llamaría a gente de Enarsa. En la parte legal tomaría a María José Villarino que trabajó en la obra pública, para poder armar los pliegos y una comisión evaluadora, que podría estar en la Secretaría de Energía, para que evalúe todas las ofertas y se de un control cruzado rápido, a fin de que se eleve a un directorio y allí se apruebe y se adjudique. Luego de esto la unidad ejecutora tendría que continuar con el contrato, viendo los avances, siguiendo con la obra, en donde se tendría que hacer una inspección. Cualquier problema se debería resolver recurriendo a todos los organismos del Estado. También habría que recurrir a los gobernadores en caso de que surja algún problema, por ejemplo, en los estudios de impacto ambiental.

-Si bien en Argentina se han construido gasoductos, con este proyecto se está bastante lejos.

-Quizás eso se deba a que no estamos todos amalgamados. Si se presenta un problema se debería llamar a los mejores expertos, juntarnos e ir a la justicia para que el juez otorgue una resolución, una sentencia de certeza para analizar qué es lo que se va a hacer, si está bien o no, si llegara a existir la duda. Tenemos todas las herramientas, hay que tener la voluntad, la decisión y la enjundia. A mí mucha gente me acusa de ser bastante áspero cuando trabajo, pero es porque hay que hacerlo con enjundia. Cada una de estas cosas merece que nos aboquemos y hasta dejemos de lado nuestras cuestiones personales. Eso se consigue cuando todo un país está detrás de esto. Más allá de ciertas cuestiones, la parte positiva es que nadie tiene dudas de que esta obra es fundacional para Argentina y por eso tenemos que elevarnos por encima de cualquier cuestión de ego. Después lo que se debe discutir es qué se hace con el gas, si lo industrializamos más o menos, pero esa es una discusión de cuarto orden.

-Lo estratégica y fundamental que resulta la obra para el sector energético y la macroeconomía del país es una caracterización compartida por muchos actores. Lo que parece no estar claro es qué tipo de decisiones hay que tomar. ¿Cómo imagina una solución desde lo político? ¿Quién tiene la responsabilidad?

-No creo que haya grietas o diferencias entre el albertismo o el cristinismo. La discusión no es esa. Estoy seguro de que todos quieren hacer el gasoducto. Hay que aprender de los errores y hacerlo. Durante el mandato de la vicepresidenta se hicieron 3000 kilómetros de gasoductos de alta presión sobre TGN y TGS y 2000 kilómetros sobre el GNEA. Entonces ¿cómo no se va a poder hacer esta obra? La unidad ejecutora tiene que elevar sus resultados al directorio y explicarle qué es lo que se está haciendo. Si aparece un problema, hay que juntarse a resolverlo. Hemos hecho muchas cosas, si bien esto es complejo, no es imposible. No digo que esa unidad sea tan autónoma, sino que arme un camino y lo exhiba para que se puedan resolver los inconvenientes. Tomando como ejemplo lo que sucedió con el ex ministro Kulfas, suponiendo que genuinamente él y su equipo hubieran tenido dudas técnicas sobre el espesor o el diámetro de las cañerías, lo que tendrían que haber hecho era juntarse veinte minutos con nosotros y se terminaba el problema.

-Ve una solución teórica sencilla, pero en la práctica funciona con otros criterios.

-Cuando Cristina Kirchner me nombró interventor del Enargas estábamos en plena judicialización del caso Skanska. Nos allanaban todos los días. Nos pedían informes. También venían a peritar e hicimos 3000 kilómetros de gasoducto y con el GNEA hicimos 2000 km. El juez tendrá que fallar en el momento que lo tenga que hacer. Las cosas se hicieron perfectas, muy bien. Y si tenemos que dar testimonio, lo daremos. Creo en la justicia y en todos nosotros. Hay mucha gente que va a estar dispuesta a trabajar en esta obra con el resguardo de que se proteja el proyecto y que se haga todo dentro de la ley, con los plazos que se indican, con la mejor ingeniería para poner el proyecto en apto para funcionar y después terminar con las cuestiones secundarias.

YPF acaba de tratar de licitar la construcción de un oleoducto de 160 kilómetros con un diámetro de 24 pulgadas y caño API y se lo compró a Tenaris que es el mejor proveedor que podemos tener. Entiendo el discurso de la vicepresidenta de que vayamos para adelante y con mano de obra argentina. En ningún momento le dijo a la gente de YPF ni a los de Enarsa que no compren el caño. El problema fue que la gente comenzó a cuestionar el diámetro de los caños, la chapa de acero naval, cuestiones que hablando con nosotros quedaban resueltas. La decisión ya está. El Presidente sacó un decreto que dice que hay que hacer la obra de manera rápida y dentro de la ley.

-¿Por qué no se diseñó un gasoducto de menor tamaño que pueda ser construido con chapa nacional?

-Las chapas de 30, 24 o 20 pulgadas se hacen afuera porque son de alta resistencia para alta presión. Esta chapa resiste a la rotura de 70.ooo PCI. Es especial, no puede ser la que se usa para los autos porque es este gasoducto que va a trabajar con una presión de 98 kg/cm2. En cuanto al diámetro, si uno define que quiere ir desde Tratayen a Salliqueló y quiere transportar 40 millones de m3 de gas, el único que responde a la ingeniería es el de 36 pulgadas porque si se hace con uno de 30, se duplica la cañería, y esto no sólo representa un mayor costo de caño, sino también de instalación. En vez de instalar 560 kilómetros con caños de 36 pulgadas, se instalarían 1000 kilómetros con caños de 30. Eso casi duplicaría la inversión en acero y construcción.

-Frente a esto, el cuestionamiento podría ser que el volumen incremental de la producción no es inmediato, sino que va a demandar algunos años y que por esto se podría haber empezado con un caño de 30 pulgadas haciendo uso de los que ya estaban acopiados

-Más allá de que estén acopiados, si se tiene que hacer una instalación con caños de 30 pulgadas de diámetro, a los dos años se debería realizar el resto de la obra, y ambiental y económicamente eso es una locura. Se continúa gastando. Esta situación sería peor porque con el segundo caño, teniendo el otro en operación, las distancias de seguridad establecen que tiene que haber por los menos 10 metros y se estaría trabajando con palas, con gente en un gasoducto a 98 kilómetros a 15 metros. Eso es lo que llamamos un trabajo en caliente. Entonces con esto se hace más lento el trabajo y se gasta el doble. Es cierto que con la ampliación del 2006-2015 quedaron 300 kilómetros de cañería, de los cuales 200 están conformados, es decir, ya están los caños, y también había 100 kilómetros de chapa. Pero ocurren dos cosas: ese caño no resiste 98 kg/cm2 de presión, con lo cual habría que disminuir la presión de operación y cuando esto ocurre en vez de poner dos caños, se deben poner tres. La otra cuestión es que esos caños estaban apilados de manera tal que no se pueden rescatar los 200 kilómetros. Y respecto a la chapa, lamentablemente por lo que inspeccionamos, estaba cerca de un arroyo y se oxidó, ya no sirve. Con todo esto, son 200 kilómetros, y a una presión menor, se triplicaría la cantidad de caños, lo que no representa ningún beneficio para el pueblo argentino, sólo para terceros.

-¿Cuándo cree que puede estar lista la primera etapa de la obra, en condiciones de operar?

-En un escenario realista, el gasoducto debería estar listo en octubre del año próximo. En un escenario optimista diría que en agosto. Al juez Rafecas le informamos lo que vamos a hacer, después él decidirá si hicimos todo mal y nos responsabilizaremos de las consecuencias.

-La licitación de las válvulas se cayó porque los oferentes dijeron que iban a demorar 12 meses con la entrega, ¿qué fue lo que pasó?  

-Lo que ocurrió fue que cuando se presentaron las ofertas para comprarlas, las válvulas tenían 12 meses de entrega. Habíamos sondeado a las compañías transportistas para saber cuándo habían entregado el material y el plazo era de entre cinco y seis meses, pero después fue de 12. Había que evaluarlo porque estas válvulas se hacen afuera y a lo sumo se pueden traer y ensamblarlas acá, pero sólo eso. Son como treinta válvulas que deben pesar una tonelada cada una, entonces no se pueden traer en auto, sí en barco, pero nos ahorrábamos dos meses trayéndolas en avión. Entonces, hay que conseguirlas, así como también contratistas que se apeguen al cronograma. Los estudios de impacto ambiental también deben estar, y garantizar que nada sea incorrecto.

-Hay un contrato con SIAT en donde se preveía un anticipo del 30 por ciento por 200 millones de dólares para que compre la chapa laminada en Confab en Brasil y luego la transporte a Argentina para realizar los caños con costura en su planta de Valentín Alsina. Pese a que SIAT no recibió el anticipo habían empezado a fabricar chapa en la planta de Confab en San Pablo.

No tengo esa misma información, pero ojalá sea así. Hay que pagarle, podemos demorarnos, pagar más tarde si todavía no está el dinero, pero hay que pagarle. Incluso si tienen que traer 100 kilómetros ya conformados no importa porque esta es una obra magnánima y estamos hablando del primer tramo, después hay que hacer el segundo. Lo primero es hacer la obra, aun así si deban traer caños terminados. Después, habrá trabajo para todos.

-Respecto al tema de los tramos hubo discusión en lo que fue el proceso de gestación del pliego licitatorio de construcción. Finalmente se hizo en tres tramos, ¿qué fue lo que evaluaron allí para tomar esa decisión?

Me hago cargo de esos tres tramos. Creo que es mejor por la velocidad. En este caso eran tramos de 220 kilómetros y uno de 122 kilómetros porque se le iba a exigir, a cada contratista que ganara esos tramos, dos frentes de obra que fueran en simultáneo, a encontrarse, y un frente de cruce de río. Lo que ocurre es que si se tiene un sólo contratista es cierto que se habla con uno sólo de ellos, y en eso se ahorra tiempo, pero si se tienen dos o tres, se puede tener inclusive el manejo de que, si le pasa algo a uno, el otro lo puede resolver y/o tener los volúmenes de fuego de cada uno de los contratistas al 100 por ciento porque nada asegura que un sólo contratista después subcontrate de una manera correcta. Por eso yo prefiero ser el que contrata y tener tres subcontratistas. No es una cuestión de ego, sino que es preferible ser uno el que maneja tres contratos.  Los 220 kilómetros eran porque los primeros tramos desde Tratayén eran complejos porque se pasa por campos petroleros y por el cruce del río Colorado. Ahí cambiamos la traza para no entrar en ningún problema con las comunidades mapuches. También había otro tramo de 220 kilómetros que pasa por Río negro y La Pampa.

-¿Ese cambio de traza para no tener conflictos con las comunidades mapuche fue una decisión que tomaron ustedes?

-Sí. También eludimos otro problema en donde estábamos atravesando una zona arbolada de una reserva ecológica. Se va corriendo la traza a medida que uno va visualizando los inconvenientes. En Buenos Aires, también. Eran 122 kilómetros porque en la provincia si hay lluvias y uno tiene equipos de 80 toneladas se corre el riesgo de que estos se hundan, entonces la velocidad que íbamos a imprimir ahí con un problema de terreno iba a estar comprometida. Por eso decidimos hacer una menor distancia. También habíamos analizado que si participa una UTE (Unión Transitoria de Empresas) se pueden adjudicar hasta dos tramos contiguos para la eficiencia en tiempo. Nuestro único enemigo es el tiempo.



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