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Un plan para salir de la economía de la pandemia y que la Argentina vuelva a crecer

No alcanza con volver a la “nueva normalidad”. Hay que resolver el problema de las familias y de las empresas endeudadas. Un shock de confianza para estabilizar las finanzas

En la última semana de agosto de 2005 un viento huracanado de 280 kilómetros por hora azotó la costa Este de los Estados Unidos y destrozó los diques de Nueva Orleans inundando por completo la ciudad. Katrina dejó más de 5000 muertos y daños por 108.000 millones de dólares, pero a diferencia del huracán del coronavirus, en septiembre de ese año todo el país ya estaba trabajando en la reconstrucción.
La pandemia tuvo un efecto económico y sanitario mucho mayor porque primero en China, después en Europa y ahora en América paralizó las economías dejando a su paso un tendal de desocupados y negocios quebrados y a ese primer shock de oferta le siguió un derrumbe en la demanda causado por la pérdida de ingresos de los hogares, que fue parcialmente compensada por los paquetes fiscales de los gobiernos.
En la facultad estudiamos las grandes crisis de la historia separándolas según hayan sido causadas por insuficiencia de demanda, como la gran depresión del 30, o por un hecho disruptivo en la oferta, como la crisis petrolera de los 70s, pero no hay antecedentes de una debacle tan severa que combine ambos efectos.
Gracias al diario del lunes de lo que había ocurrido en Europa, Argentina cerró rápido toda su economía y después de 128 días todavía mantiene el aislamiento en regiones que representan más del 50 por ciento del PBI, por lo que se estima que acabaremos el año entre un 10 y un 12 doce por ciento más pobres. Pero, además, en contraste con nuestros vecinos, como no tenemos ni crédito ni moneda, enfrentaremos el efecto colateral de la medicina aplicada para apuntalar la economía.
LOS NÚMEROS
Esta semana los datos fiscales confirmaron que junio cerró con un déficit de 288.000 millones de pesos y el rojo financiero acumula en los primeros seis meses del año 1.187.511.000.000 de pesos, completamente financiados con emisión monetaria.
El agujero se produce porque la cuarentena opera como una doble Nelson en las cuentas públicas; por un lado, hunde la economía lastimando la recaudación de impuestos y por el otro lado obliga al Estado a asistir a los sectores a los que no deja trabajar, por ejemplo, en la forma de ATP para las empresas e IFE para las familias.
Por eso la principal medida económica del gobierno tiene que ser la reapertura de la economía y el abandono de la cuarentena lo antes posible, trabajando en el refuerzo de la distancia social y los protocolos sanitarios, sobre todo en el seno de las familias y los amigos que se reúnen relajando la prevención.
Lamentablemente, no alcanza con volver a la “nueva normalidad” porque una porción de la economía concentrada en el sector comercial, el esparcimiento y el turismo ya no podrá recuperarse y porque tampoco la demanda volverá tan rápido a los niveles del verano. Esa es la lección que aprendemos hoy de Europa, donde el pico de la epidemia quedó atrás hace tres meses, pero las economías todavía operan al 80 por ciento del nivel que tenían en febrero.
EL PROGRAMA FISCAL
Incluso en el escenario más optimista tendremos en la segunda mitad del año un déficit similar al del mes de marzo, lo que obligará a emitir otro billón de pesos más, poniéndole presión a la inflación y al dólar, salvo que el Banco Central aspire el sobrante de liquidez subiendo las tasas, algo poco probable en el escenario de recesión poscuarentena.
Por eso es muy importante conocer el programa fiscal y monetario del gobierno para lo que resta del año. Necesitamos saber si planean hacer un ajuste fiscal y si no está en sus planes, qué estrategia usarán para que no explote la brecha del dólar paralelo y la economía se quede sin divisas una vez más.
Descontamos que habrá un paquete agresivo de crédito hipotecario para la construcción; una suerte de PROCREAR plus, junto a un programa generoso de obra pública, pero no alcanza con la construcción, que por haber licuado los costos en dólares probablemente lidere la recuperación.
Habrá que resolver, primero, el problema de las familias y las empresas que se han endeudado para poder sobrevivir sin trabajar y que necesitan una solución similar a la que el propio gobierno le está pidiendo a sus acreedores; una combinación que incluya un período de gracia hasta que recuperen la capacidad de generar ingresos y la posibilidad de pagar las deudas en muchas cuotas sin interés.
SHOCK DE CONFIANZA
En segundo lugar, la crisis ofrece una oportunidad única de implementar una serie de medidas con carácter excepcional, como una reforma tributaria que elimine todos los impuestos a la producción de las pymes, reemplazándolos por gravámenes sobre las ganancias, junto con la eliminación de impuestos laborales para todos los empleados contratados en los próximos seis meses, reemplazando la indemnización de un eventual despido, por un seguro de desempleo digno, que proteja a los trabajadores y al mismo tiempo borre de un plumazo la incertidumbre legal que hace tiempo frena las decisiones de sumar personal.
Lo que estoy proponiendo en materia laboral no es otra cosa que el modelo que tienen países nórdicos, como Dinamarca, por ejemplo y en lo que hace a los impuestos terminar con el disparate de gravar una actividad antes de que produzca ganancias.
Solo con un shock de confianza producido por la suma de acceso al crédito, reforma impositiva y eliminación de todo costo de entrada y salida a la relación laboral, lograremos el impulso que la economía necesita para recuperarse y lo interesante es que, si Argentina vuelve a crecer, el gobierno puede estabilizar sus finanzas sin necesidad de seguir ajustando a los jubilados o postergando a sus trabajadores.
Martín Tetaz
Twitter: @martintetaz