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Mi mejor consejo para empezar 2020

Por Diego Martínez Burzaco


Muchos inversores toman deuda para poder invertir en acciones del mercado de valores. Hoy te explico por qué no debes imitar este comportamiento.
En muchas ocasiones, nuestros comportamientos como ciudadanos de a pie encuentra interesantes paralelismos con nuestro rol de inversor en los mercados financieros.

Por ejemplo, al momento de decidir un consumo de un bien durable somos cautelosos, nos tomamos el tiempo para elegir y hacemos un análisis exhaustivo previo. Ese mismo mecanismo lo implementamos antes de destinar parte de nuestro ahorro a la inversión de una empresa determinada.

Está en la naturaleza de cada uno tomarse el tiempo necesario para examinar bien la situación antes de proceder con una decisión importante.

Pero en el ejemplo que mencioné anteriormente, así como hay puntos de contacto entre nuestro rol de consumidor y de inversor, hay uno que claramente es divergente, al menos desde mi óptica.

Esto tiene que ver con el endeudamiento.

Cuando deseamos consumir un bien durable y no tenemos suficiente cantidad de dinero, en las sociedades capitalistas recurrimos al crédito. Así, comprar un automóvil o adquirir electrodomésticos puede llevarse a cabo mediante una línea de financiamiento que permita pagar ese bien en varias cuotas mensuales, con la consecuente tasa de interés.

¿Y qué pasa cuando llevamos este concepto al terreno de la inversión?

Un suscriptor de Doble o Nada me planteó ese escenario la semana pasada.

“¿Cómo ves la posibilidad de endeudarme a tasas bajas para invertir en acciones? ¿Crees que es una posibilidad atractiva aprovechando que el costo del dinero está muy bajo? Gracias.”

Definitivamente NO.

Nunca recomiendo que un inversor tome deuda para llevar adelante una inversión de largo plazo. El apalancamiento, el término con el que se lo conoce en finanzas, es extremadamente peligroso por varios motivos.

El primer de ellos es que al inversor lo hace perder la conciencia de su perfil de riesgo. Como ese dinero “cayó gratis del cielo” y no lo considera propio, sino prestado, tiende a tomar decisiones de inversión mucho más riesgosas que las que tomaría con su propio dinero.

Todos sabemos que ese dinero es prestado y que luego hay que devolverlo, pero el inversor suele tener el comportamiento opuesto al respecto.

Así, tomar riesgos desmedidos lleva al segundo factor por el que el apalancamiento no me gusta.

En segundo lugar, si las inversiones no avanzan de la manera planeada cuando empleamos ese dinero que tomamos prestado, entonces todo se hace mucho más cuesta arriba.

Un ejemplo numérico puede ayudar.

Supongamos que uno pide prestado USD 1.000 para comprar 100 acciones de la empresa A que en este momento cuesta USD 10. Por dicho préstamo, se compromete a devolver USD 1.050 dentro de tres meses.

Pese a que el inversor sabe que la acción A es riesgosa, decide invertir de todas formas ya que necesita que su inversión le genere un retorno lo suficientemente grande para devolver el préstamo y, además, para ganar dinero.

Así, con una ganancia de 10% en la acción durante los próximos tres meses, uno podría estar en condiciones de tener USD 1.100, devolver los USD 1.050 y, sobre el capital original pedido haber ganado un 5%.

Sin embargo, así como la acción puede ir al alza, también puede bajar. Y ahí, entonces, tenemos un problema.

Si la acción que originalmente vale USD 10, baja un 5% hasta los USD 9,50, entonces el esfuerzo que tendrá que hacer el precio para cumplir con ambos objetivos (ganar dinero y devolver el préstamo) será más que proporcional.

Para lograr los USD 1.100 originales que el inversor tenía pensado, ahora la acción en cuestión tiene que subir un 15,7%. Y si hubiera caído un 10%, hasta los USD 9,00, entonces llegar a la meta de retorno inicial le estará costando un 22,2%.

Cuanto más baja la acción, más esfuerzo proporcional luego tiene que hacer. Y cuando uno tiene el reloj del vencimiento de la deuda sobre sus espaldas, entonces es aún más doloroso el camino a transitar.

Por este motivo, yo tengo una posición tomada al respecto: no te endeudes para hacer inversiones al menos que estés dispuesto a correr los riesgos que te describí anteriormente.


¿Qué está haciendo el promedio de los inversores?
Cuando analizamos la dinámica de la importante suba registrada por las Bolsas de Wall Street, podemos observar que hubo una tendencia al apalancamiento.

Aprovechando las bajas tasas de interés, la media de los inversores llevó adelante estrategias de inversión para multiplicar sus ganancias sin dinero propio.

Así, el nivel de margen (como se lo conoce técnicamente al proceso de tomar deuda para comprar instrumentos de inversión) está en su máximo histórico desde la salida de la crisis financiera de 2008.

En el siguiente cuadro se lo puede ver en la línea roja a la par de la línea azul que muestra la evolución del S&P 500.



Mientras los mercados sigan al alza, entonces no habrá problemas. Pero sabemos que esto está gestando un gran riesgo, precisamente porque las bolsas no pueden subir ininterrumpidamente.

Así, cuando sobrevenga el punto de inflexión en las cotizaciones, este apalancamiento retroalimentará y acelerará la caída.

A medida que cambie el humor del mercado, quienes tengan endeudamiento se apresurarán para vender las acciones que tienen compradas con capital prestado para devolver la deuda. Ese es un efecto manada que se alimenta con el pánico y que puede arcar una caída bursátil de gran magnitud en poco tiempo.

Cuando llegue ese momento, debés estar tranquilo y esperando la oportunidad para comprar, sin preocuparte ni estresarte.

Para llegar a esa situación, reitero: no te endeudes nunca para invertir y siempre separá liquidez en tu portafolio para aprovechar oportunidades que se dan en los momentos de corrección.

A tu lado en los mercados,

Diego Martínez Burzaco

Para El Inversor Diario