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De la caída del Muro a la economía de Macri

Esta semana se cumplen 29 años de la unificación de Alemania.
Querido lector,

En estos momentos me encuentro en camino de regreso a Buenos Aires desde Rosario. Allí participé del Día de la Libertad, evento organizado por la Fundación Bases.

¿Qué es el Día de la Libertad?

Es un día para conmemorar un nuevo aniversario de la caída del Muro de Berlín, ocurrida entre el 9 y el 11 de noviembre de 1989.

A continuación, te comparto un fragmento de mi charla, donde me referí a la libertad perdida durante el comunismo, al estado de bienestar y a la relación de ambos con la situación económica actual. 
El Muro de la Vergüenza
Eugenia Ginzburg era una joven profesora de Historia en la Universidad de Kazán, en Rusia, cuando en 1937 fue detenida de manera intempestiva por las fuerzas de seguridad.

Tras soportar un juicio de 7 minutos de duración, fue condenada a 10 años de prisión por actividades “contrarrevolucionarias”.

En su libro “El Vértigo”, Ginzburg describe el horror de los campos de trabajo forzados de la Rusia de Stalin. Un calvario inhumano, del que solamente se salvó gracias a la ayuda de un médico que después se convertiría en su esposo.

La escritora, que incluso detenida seguía defendiendo las ideas de la revolución bolchevique, se permite hacer un mea culpa. En él sostiene:

En el insomnio, la conciencia no se consuela por no haber participado directamente en los asesinatos y en las traiciones. Porque no sólo mata el que asesta el golpe, sino los que han agravado su odio. De uno u otro modo. Repitiendo irreflexiblemente peligrosas fórmulas teóricas. Levantando en silencio la mano derecha. Escribiendo cobardemente una verdad a medias.

Otro autor que vale la pena leer para conocer qué había “Detrás del Muro” es Roberto Ampuero. Ampuero, escritor chileno que emigró a la Alemania Oriental tras el golpe de Pinochet, terminó viviendo muchos años en la Cuba de Fidel Castro.

De sus historias allí, narradas en “Nuestros años Verde Olivo”, me queda marcada la descripción de las grandes casas venidas a menos, aquellas que eran de los ricos expropiados por la revolución, las largas colas que tenía que hacer para comprar las cosas más básicas, y la gran pompa y lujo con los que vivían los jerarcas del régimen.

Curiosamente, un régimen que decía buscar la igualdad entre los hombres y el fin de las clases sociales.

Al mencionar las colas viene a la mente la economía.

Según explicaba Ayn Rand, novelista y emigrante de la Rusia soviética:

“En lugar de la prosperidad el socialismo produjo la parálisis económica y/o el colapso en todos los países que lo ensayaron.”

¿Fue esto así?

Si miramos el gráfico de PBI per cápita de la Unión Soviética entre los años 1885 y 1991, parecería que no. Especialmente después de 1922 se observa un gran salto en el ingreso de los habitantes del bloque comunista.



No obstante, quedarnos solo con eso sería como ver solo una parte de la película.

Si al gráfico le agregamos el crecimiento de su gran rival, los Estados Unidos, queda claro que lo del sistema comunista fue de pobre a paupérrimo.



Comunismo de Guerra
Especialmente en el primer gráfico se observa con claridad que tras la revolución de 1917, el PBI per cápita se desplomó. ¿Qué fue lo que ocurrió?

Según cuenta Sheldon Richmanel plan de Karl Marx fue implementado al pie de la letra. Se abolieron los mercados, los contratos privados, se expropiaron empresas, fábricas y también el excedente de los productores agrícolas.

La idea era que la producción centralizada por el estado proletario superaría a la producción “anárquica” del capitalismo, al tiempo que terminaría con la explotación.

Sin embargo, pasó todo lo contrario.

La economía colapsó por completo. Sin incentivos ni señales de precios, la productividad se desplomó, y con ella la producción y la riqueza. El experimento terminó con la hambruna de 1921, que se cobró la vida de nada menos que 6 millones de personas.

El comunismo soviético se extendió por muchos años más. Después de la Nueva Política Económica de Lenin, vino la industrialización de Stalin. En ese período, Rusia luchaba ganar la carrera armamentística, pero seguía sin poder alimentar a su población.

En la Ucrania Soviética, durante la década del 30, la hambruna derivada de la colectivización de la tierra se cobró otras millones de víctimas fatales.

Con este desastre económico y social, el Muro fue la única alternativa que les quedó a los tiranos rojos.

Los comunistas le llamaron “muro antifascista”. Pero se trataba, en realidad, de un Muro de la Vergüenza, que dejaba en evidencia un sistema injusto, inmoral y salvaje, al margen de su lamentable performance económica.

Tras el Muro, el Estado de Bienestar
Tras la caída de la Vergüenza de Berlín, hubo quienes creyeron que había llegado el triunfo inevitable del capitalismo global.

En algún sentido esto fue cierto. Son pocos los casos actuales de comunismo del tipo soviético.

Ahora bien, en otro sentido, es demasiado aventurado hablar del triunfo global del capitalismo.

Es que nuestros países se caracterizan por tener economías mixtas y cada vez más intervenidas gracias a lo que se conoce como “Estado de Bienestar”.

Lo que plantea este esquema es que si bien el estado no tiene que planificar toda la economía, sí debe intervenir en áreas clave, como la educación, la salud, las jubilaciones, y la equidad en el ingreso.

Este esquema, si bien distinto en muchas cosas al implementado por los bolcheviques, adolece igualmente de dos problemas.

Por un lado, existe la posibilidad de que termine en un sistema socialista. De acuerdo con Ludwig von Mises, de hecho:

“El Estado de Bienestar es simplemente un método para transformar a la economía de mercado, paso a paso, en un sistema socialista”.

Es que para Mises existía una pendiente resbaladiza en la cual, una vez que el gobierno comenzaba a regular el mercado, eso lo llevaba necesariamente a regular cada vez una mayor cantidad de cosas, terminando eventualmente con una economía totalmente controlada desde arriba.

Otra pregunta que se realizaba este pensador era si, una vez que se aceptaba que el estado podía regular el consumo de alcohol o tabaco, podía algo impedir que controlara la difusión de ideas o libros considerados perniciosos.

El segundo problema del Estado de Bienestar es su efecto sobre la economía incluso cuando no llegara a derivar en un socialismo autoritario.

Como explica Nima Sanandaji en su libro “El poco excepcional modelo escandinavo”, hasta los países nórdicos padecieron los efectos nocivos del estado de bienestar, ya sea porque enfrentaron crisis fiscales, o bien porque su tasa de crecimiento y los incentivos a trabajar cayeron enormemente en las últimas décadas.

El Muro y la economía argentina
Ninguna de las derivaciones nocivas del estado de bienestar puede llamar la atención del lector argentino.

El tamaño del estado, manifestado en déficits fiscales crónicos a lo largo del último medio siglo, ha generado crisis económicas y, fundamentalmente, una increíblemente elevada tasa de inflación.



Además, en los últimos 15 años, la derivación autoritaria del intervencionismo quedó claramente expuesta.

Durante el kirchnerismo, no solo se controlaron precios y se persiguió con la policía a quienes compraran y vendieran dólares a precios no oficiales, sino que se persiguió a opositores, se presionó a los medios de prensa y se apoyaron dictaduras criminales allende las fronteras.

Al lado de todo esto, la corrupción de la Obra Pública créanme que es apenas un adorno.

En diciembre de 2015 el kirchnerismo se terminó tras perder la elección contra Cambiemos. La gente se cansó del populismo intervencionista de los Kirchner y decidió optar por un cambio.

Dicho cambio también fue recibido con mucho entusiasmo por parte de los mercados internacionales. Si uno mira lo que pasó con el riesgo país en 2015, descubre que mientras en toda la región éste se movió hacia arriba, solo en Argentina cayó un impresionante 40%. 

Ahora bien, esas expectativas favorables se fueron pinchando en la medida que los cambios no llegaron. Es cierto que en materia de libertades civiles Argentina mejoró y mucho, pero en la economía no hubo grandes modificaciones.

Se eliminó el cepo, se terminó con el conflicto con los holdouts y no mucho más.

No hubo reforma laboral. Los mercados de trabajo siguen rígidos por las leyes y los sindicatos.

No hubo reforma tributaria. La que hubo, se revirtió en gran medida este año.

Tampoco hubo apertura al comercio. Salvo algunas reducciones puntuales de aranceles, no hay comercio libre con el exterior.

Tampoco se bajó significativamente el gasto público. De acuerdo con el gobierno, son de 2 a 4 puntos del PBI, luego de tocar el máximo histórico de 42%.

Finalmente, el déficit en lugar de bajar, subió el primer año de gestión y se mantuvo en el segundo.

A lo largo de esta charla intenté mostrar lo pernicioso que es, para las personas y los países en su conjunto, perder totalmente la libertad. El Muro de Berlín se cayó precisamente por eso.

Sin embargo, el intervencionismo aún perdura, con sus consecuencias negativas, que Argentina padece en primera persona.

Yo no es tiempo para seguir experimentando. Es hora de que abracemos con entusiasmo la libertad.

¡Feliz día para todos!

Saludos,

Iván Carrino

Para CONTRAECONOMÍA