¿Es el modafinilo la droga del futuro?

Vivimos en un mundo rápido, inmediato, en el que para sobrevivir debemos estar alertas y preparados para actuar en todo momento. Esquivar el tráfico, responder llamadas y correos importantes de trabajo, estudiar toda la noche, ayudarle a los hijos o hermanos menores con la tarea, preparar la comida, barrer la casa, lavar los trastes, todo eso mientras tratamos de exprimir algunos minutos para nuestras actividades personales. En el siglo XXI a veces no tenemos tiempo libre y, cuando por fin podemos darnos un respiro, recordamos que aún tenemos pendientes.
Parece imposible terminar todas nuestras tareas a tiempo, así que buscamos soluciones para optimizar nuestra mente para trabajar más y mejor. Bebemos café y té en altas cantidades para mantener nuestra capacidad de concentración lo más aguda posible; vamos al gimnasio para promover la oxigenación de nuestro cuerpo y mantener niveles altos de endorfinas que nos ayudan a sacudirnos la ansiedad y el estrés; dormimos siestas cuando podemos para ayudarle a las neuronas de nuestro cerebro a reponerse del agotamiento.
Muchas veces no es suficiente y algunos buscan la ayuda de fármacos para alcanzar esos niveles óptimos de desempeño cerebral que necesitamos para llevar 3 trabajos y seguir en la interminable carrera de la especialización académica. El uso de estimulantes para que nuestro cerebro nos de ese porcentaje extra de desempeño existe desde tiempos inmemoriales, pero con los desarrollos de la ciencia médica y la farmacología el enfoque ha cambiado bastante.
El uso de estimulantes para aumentar la capacidad cognitiva se encuentra bien documentado y cuenta entre sus filas a personajes tan célebres como Freud, quien experimentó bastante con cocaína, tanto con sus usos terapéuticos, analgésicos y estimulantes, y que él describió como “mi excitación más maravillosa”; pasando por el matemático Paul Erdős, quien tras dejar las anfetaminas temporalmente para ganar una apuesta de $500 USD le dijo a su apostador que “había retrasado a las matemáticas” un mes.
En tiempos actuales, el Ritalin y el Adderall se cuentan entre las sustancias más utilizadas por estudiantes para mejorar sus habilidades cognitivas, pese a que no se ha demostrado que tengan beneficios reales y cuentan con un potencial adictivo. Pero hay un fármaco que llama la atención, pues parece que tiene la capacidad de mejorar el desempeño cerebral sin causar efectos secundarios serios y, aparentemente, no genera dependencia fisiológica: el modafinilo.

Una pastilla para pensar mejor

Ruairidh Battleday y Anna-Katherine Brem, de la Universidad de Oxford, hicieron una revisión de más de 24 estudios con modafinilo en los que se trató a personas saludables sin problemas de sueño para buscar cambios en sus habilidades cognitivas antes y después de la exposición a la sustancia. Brem y Battleday revisaron en total 267 estudios, pero descartaron todos los que no tuvieran un control de placebo, en los que los sujetos de estudio padecían alguna enfermedad, o en los que el fármaco fue utilizado en animales en vez de humanos, pues los resultados de estos estudios no eran relevantes para acertar si el modafinilo puede o no mejorar las habilidades cognitivas de una persona “común y corriente en buen estado de salud”.
Algunos lo comparan con el NZT de la película Limitless
Algunos lo comparan con el NZT de la película Limitless
Los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en los estudios más complejos, en los que se hacían pruebas para valorar niveles de cognición en tareas simultáneas. En estas pruebas, el uso de modafinilo demostró mejorar significativamente las habilidades cognitivas de los usuarios, sobre todo en términos de concentración, capacidad para enfocarse en una tarea y procesar información relevante, aprendizaje y memoria, y función ejecutiva, que incluye la capacidad de obtener información del entorno y utilizarla para planificación y desarrollo de estrategias.
Para Battleday y Brem estas pruebas son más representativas que las sencillas, en las que se utilizó el modafinilo para probar el incremento de capacidades cognitivas aisladas (por ejemplo, trabajar sólo con memoria o sólo con concentración) y en las que no se encontraron mejoras significativas.
“Muy rara vez en nuestra vida pasamos un día entero utilizando sólo un sub-dominio cognitivo (concentración, por ejemplo). Más bien, planeamos de manera constante, predecimos y resolvemos problemas, cada una de las cuales involucran el uso de distintos sub-dominios cognitivos integrados entre sí, en tareas variables y distintos grados de dificultad. En este sentido, los estudios con tareas complejas se asemejan más a la realidad que los estudios con tareas simples y aisladas”, concluyeron.
Aún así, no queda claro cómo es que el modafinilo mejora las habilidades cognitivas de sus usuarios, pues el fármaco fue desarrollado para tratar la narcolepsia y fuera de ese campo no se ha estudiado a fondo su impacto en el cerebro. “La mejor idea que tenemos es que al alterar directamente la concentración de un grupo de sustancias químicas en el cerebro (llamadas ‘catecolaminas’), el modafinilo híper-regula la actividad en las redes de atención y control ejecutivo del cerebro. La hipótesis es que estos cambios le permiten al individuo un mejor desempeño en tareas cognitivas: particularmente las que requieren de una alta concentración y resolución de problemas”, concluyeron los investigadores.

¿Quién puede tomar modafinilo?

Por ahora no hay indicios de que el fármaco pueda ser tomado sin receta médica específica para la narcolepsia, así que lo más probable es que sigamos dependiendo de la cafeína como principal estimulante para llevar a cabo nuestras actividades diarias. Aún así, los estudios no han encontrado mucho potencial de abuso para la sustancia y los efectos secundarios (que no son muy frecuentes y se presentaron en pocos de los sujetos de estudio) no son tan distintos de los de tomar café en exceso: insomnio, dolor de cabeza, dolor de estómago o náusea y resequedad de boca.
El problema principal de los estudios es que ninguno se enfoca en el uso constante de modafinillo y la mayoría se llevaron a cabo con una sola dosis, así que falta resolver la pregunta más importante: ¿es seguro tomarlo todos los días? Battleday y Brem dicen que en parte se debe a que existe un tabú en la comunidad médica y científica en hacer pruebas con fármacos en sujetos saludables, así como existe un tabú aún más grande en cuanto a aumentar las capacidades cognitivas humanas.
Debido a estos tabúes, aseguran los investigadores, es difícil encontrar estudios exhaustivos sobre nootrópicos, sean fármacos o plantas, así como el uso de psicotrópicos, pues las visiones tradicionales del uso de estas sustancias las catalogan como “estupefacientes”. En el encuentro anual más reciente de la Asociación de Médicos de Estados Unidos, por ejemplo, se decidió adoptar la postura de “desalentar el uso no médico de fármacos con receta para el incremento de capacidades cognitivas en individuos saludables”.
Battleday y Brem, sin embargo, esperan que su estudio incite a otros colegas a cambiar de postura para llevar a cabo pruebas más exhaustivas sobre el uso de sustancias nootrópicas para mejorar las habilidades cognitivas de individuos saludables. Pero aún si se comprobara que no causan adicción y que no provocan efectos secundarios a largo plazo, faltará mucho antes de que su uso sea visto como algo aceptable.

¿Algún día dejarán de ser tabú este tipo de sustancias?

La cuestión con el uso de sustancias nootrópicas para incrementar nuestras habilidades cognitivas va más allá de las posibles repercusiones médicas. El tema se relaciona de manera íntima con el uso de sustancias con fines recreativos y es ahí donde la reflexión encuentra problemas para llevarse a cabo de manera objetiva.
En nuestro afán humano por homogeneizarnos y ser parte de una sociedad que funcione hemos tomado decisiones basados en campos morales, cuando debimos hacerlo en campos éticos. El uso de sustancias es visto desde una perspectiva tabú, en la que un miembro eficiente de una sociedad debe mantenerse alejado, “limpio”. Esta idea de limpieza, sin embargo, es selectiva y se basa en el control de la información por el Estado. Los debates en torno a la legalización de la mariguana, por ejemplo, son poco menos que objetivos, al demonizarse el uso de una planta para fines lúdicos sin tomarse en cuenta por la población el porqué de su prohibición. El modafinilo, como cualquier otra sustancia controlada, tiene los mismos problemas de percepción.
Al prohibirse toda sustancia que altere la percepción y catalogarse como “estupefaciente” el Estado adquiere control sobre la misma. No importa si hablamos de antibióticos, mariguana, morfina o tramadol, la función del Estado como regulador del uso del cuerpo encuentra en la prohibición (o su dosificación selectiva) la manera de acumular cómplices al abogar por la moral: “no queremos que nuestros niños se droguen”, por ejemplo.
La cuestión es delicada, pues tampoco queremos que beban alcohol y eso no prohíbe la venta del mismo pues es parte de la cultura occidental. Los intentos por prohibirlo (como durante la Prohibición de Estados Unidos) sólo llevaron a la creación de mafias y a la proliferación del contrabando. Con el alcohol es responsabilidad de los padres, así como es responsabilidad de cada individuo su consumo; pero con otras sustancias, el Estado decide que el individuo (y por extensión la sociedad) no tiene la capacidad de tomar una decisión clara y para evitar su consumo las cataloga como destructivas por igual.
Aún si en el caso de sustancias nootrópicas como el modafinilo se quitara la clasificación de “sustancia controlada” y se vendiera sin receta, el tabú social de “usar sustancias” no se eliminaría. La realidad es que el ser humano le teme a la diferencia, y así como la idea de implantarse una malla neuronal en el cerebro puede causar miedo y repulsión a muchos, el uso de fármacos para incrementar las habilidades naturales de nuestro cerebro provoca el mismo rechazo. Si acaso llegara a haber una adopción de este tipo de sustancias se trataría de un proceso lento, gradual, conforme más y más personas lo utilicen y convenzan a otros de usarlo.
Hoy podemos pensar que el uso de “drogas” va a destruir las buenas costumbres, la moral, la civilización, porque no comprendemos hasta qué grado hemos utilizado distintas sustancias (desde el alcohol y el cannabis, hasta la cocaína y la morfina) desde los comienzos de la misma. Tampoco comprendemos su relación con el cuerpo, ni queremos ser responsables del mismo. Es más sencillo que exista una ley que prohíba una sustancia porque su abuso puede ser dañino, que ser responsable en su consumo.
Siguiendo esa lógica, habría que prohibir el consumo de harinas y azúcares en México, por ejemplo, pues su abuso produce diabetes, y al ser esta la principal causa de morbilidad nacional quiere decir que el pueblo mexicano no tiene la capacidad de utilizar los carbohidratos de manera responsable. Es eso, o aprender a no depender tanto del Estado como regulador del cuerpo. Aprender a tomar responsabilidad de nosotros mismos y que la decisión de utilizar o no cualquier sustancia, sea con fines de entretenimiento, medicinales o desempeño, sea una decisión personal.
qore.com