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El mapa energético de Europa: España, más renovable pero menos nuclear

Francia produce tres cuartas partes de su electricidad en centrales nucleares; Malta, por su parte, lo apuesta todo a las instalaciones de gas y carbón; Alemania intensifica su apoyo a las renovables mientras da la espalda a la energía atómica; Luxemburgo apenas ha desarrollado las tecnologías verdes a pesar del mandato de Bruselas; Austria, por el contrario, se abastece principalmente de los saltos hidráulicos… ¿Y España?


Nuestro país, el quinto que más electricidad produce de la Unión Europea (UE), por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, no focaliza especialmente su generación en una fuente. Esto le permite presentar un mix energético equilibrado, aunque en los últimos tiempos la entrada masiva de energías renovables, unido a la caída de la demanda (extensible a toda Europa) ha provocado una rebaja sustancial en la aportación de las centrales térmicas. Falta, eso sí, que ese equilibrio en las fuentes se traduzca también en la factura, ya que el déficit de tarifa no remite y persiste uno de los principales caballos de batalla del Gobierno.
POTENCIA INSTALADA
GENERACIÓN ELÉCTRICA
Frente a lo que han hecho otros países tras el accidente en la central japonesa de Fukushima, España mantiene su apuesta por la energía nuclear. Con matices, eso sí, porque la construcción de nuevos reactores está paralizada, al igual que ocurre en otros Estados Miembro como Austria, Holanda, Polonia o Alemania. Su peso en el mix español no es tan elevado. De hecho, es inferior a la media europea. En concreto, las instalaciones atómicas aportan el 7,4% de la potencia instalada y el 19,4% de la electricidad generada, según los datos correspondientes a 2012 de la patronal europea de compañías eléctricas Eurelectric.
De los Veintisiete, hay 14 países que tienen centrales nucleares (ver cuadro). A estos se añade Irlanda, que aunque no cuenta con ninguna planta en su territorio, se nutre de la electricidad que generan las instalaciones británicas. Francia es el país nuclear por excelencia. El 77,7% de su electricidad procede de esta fuente, dejando apenas hueco para la termoeléctrica (9,5%), la hidráulica (9,3%) y el resto de energías limpias (3,5%). Le siguen, en términos relativos, Eslovaquia (54,3%) y Hungría (43,9%). Alemania, que tras Fukushima inició un plan para cerrar progresivamente todas sus plantas, redujo el peso de la nuclear al 17,6% el año pasado.
De media, la energía atómica representa más de una cuarta parte del total (el 26,2%). España, con el 19,4%, ocupa el 11º puesto, que podrá ser inferior si se confirma el cierre de la central de Santa María de Garoña (Burgos) en julio –Nuclenor, la empresa propietaria, ha pedido este viernes una prórroga para tomar una decisión–.
Por el contrario, nuestro país –y Europa– es cada vez más renovable. Así lo ordena la Comisión Europea, que proyecta un objetivo común para los Veintisiete del 20% en 2020, un porcentaje que casualmente coincide con el fijado para España.
En 2012, siempre según los datos de Eurelectric, las renovables representaban el 20,6% de la electricidad generada, el doble que la media europea (10,4%).
Al calor de las suculentas primas se han desarrollado en los últimos años tecnologías como la fotovoltaica y la termosolar, cuyos precios aún son superiores a los de las fuentes convencionales. Dentro de las energías limpias, la eólica acapara el 72,9% del total de la electricidad generada. De hecho, los molinos de viento representan una quinta parte de la capacidad instalada en España, siendo el tercer país de Europa tras Dinamarca (29%) y Portugal (22%). Con todo, la rebaja de las primas y la moratoria, temporal, que han aprobado los últimos gobiernos para luchar contra el déficit de tarifa han frenado el crecimiento de las energías limpias.
Las condiciones meteorológicas y geográficas son determinantes para la estrategia renovable de los países. España o Portugal son países con periodos de tiempo prolongados de sol y, por tanto, el desarrollo de las tecnologías solares es más propicio que en Dinamarca o Suecia.
Lo mismo ocurre con la hidráulica, otra fuente limpia que aportó el 11,5% de la electricidad producida en España el año pasado. Su desarrollo está supeditado a una orografía muy específica (saltos), lo que hace que países como Malta o Chipre apenas utilicen esta tecnología.
En conjunto, la hidroeléctrica y el resto de renovables suponen el 32,2% de la producción total en España (el 44,9% de su potencia instalada), porcentaje muy superior al del conjunto de los Veintisiete, que se sitúa ligeramente por encima del 21%. Nuestro país ocupa el noveno puesto. Austria es el país más verde de Europa. El 67% de su electricidad procede de fuentes limpias, principalmente de plantas hidroeléctricas (58,5%). Le siguen Suecia (51,8%), Letonia (49,15%), Portugal (47,45%) y Dinamarca (41,32%). En el polo opuesto se sitúan Malta, que no tiene generación renovable, Bélgica (5,95%), Hungría (5,97%), Chipre (6%) y República Checa (6,05%).
La cuarta pata de los sistemas eléctricos europeos, la más importante, porque representa, junto con la nuclear, la principal garantía de suministro, es la termoeléctrica. Son las centrales que producen electricidad a través de combustibles fósiles, como gas y carbón, y, por tanto, más contaminantes. Representa el 50,8% de toda la potencia instalada en la Unión Europea y el 51,9% de la generación. En España, su peso es ligeramente inferior: 47,7% y 48,4%, respectivamente.
Hay países que se abastecen casi completamente de electricidad termoeléctrica, como Malta (100%), Chipre (94%), Polonia (92,94%), Estonia (90%), Irlanda (88,98%), Holanda (85,14%) y Grecia (84,74%). Por el contrario, Suecia (4,37%) y Francia (9,46%) apenas se nutren de esta tecnología.
Fuente gráficos: Eurelectric