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Evalúan la construcción a futuro de un centro subterráneo para almacenar residuos nucleares

 La CNEA está impulsando un proyecto a largo plazo para el almacenamiento geológico de los residuos nucleares en el país.


La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) está impulsando un proyecto a largo plazo para el almacenamiento geológico de los residuos radioactivos en el país. Para esto, realizó jornadas de diálogos entre distintos actores del sector nuclear. La idea central es construir un sistema de repositorios subterráneos a más de 500 metros de profundidad. Las experiencias de Canadá y Francia y la relevancia de la licencia social.


Los residuos radioactivos provenientes de la actividad nuclear todavía no tienen un destino definitivo en la Argentina. Atucha I y II y Embalse, las tres centrales nucleares del país, guardan sus residuos y los combustibles gastados en almacenamientos en seco, como ser silos hormigonados. Pero no es decisión definitiva sobre qué hacer con esos restos nucleares.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) comenzó a dar los primeros pasos de un proyecto a largo plazo para el almacenamiento geológico de los residuos radioactivos y los combustibles gastados. La idea central es construir un sistema de repositorios geológicos subterráneos a más de 500 metros de profundidad para ubicar los residuos radioactivos.

El proyecto está en su fase inicial y el objetivo es que pueda estar operativo en algunas décadas. Si bien los plazos son extensos, va en línea con lo que están demorando otros países con proyectos similares como Canadá, Francia o Finlandia, que el próximo año comienza a operar un repositorio geológico subterráneo en su territorio.

Diálogos

Durante las primeras semanas de diciembre, la CNEA llevó adelante los “Primeros diálogos sobre disposición de residuos radiactivos y combustibles gastados en Argentina”, dos jornadas en las que se buscó empezar a informar y concientizar acerca de los detalles del proyecto. Participaron distintas áreas de la CNEA, la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN, ente regulador) y representantes de la empresa Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), que es la operadora de las tres centrales nucleares y la principal generadora de residuos de alto nivel del país.

Detalles

Hay dos grandes grupos de residuos, los de “nivel medio y bajo”, que requieren menos profundidad (son sub-superficiales) porque son menos radioactivas que los de “nivel alto”, que necesitan una disposición geológica en profundidad (más de 500 metros). Los distintos niveles tienen que ver no sólo con el tipo de radiación que emiten (alfa, beta y gama, entre otras), sino con los períodos de semi-desintegración (el tiempo que tarda la radiación en reducirse a la mitad, que varía en función de los elementos).

El evento contó con la presencia de expertos de Canadá, Francia y Suecia, que relataron sus experiencias en proyectos similares en sus países, y el patrocinio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Como sostén de estos diálogos funciona el proyecto ConfinAR, que lleva adelante el programa de gestión de residuos radioactivos de la CNEA. El objetivo principal de los encuentros fue abrir un espacio de debate en los distintos organismos nucleares de la Argentina sobre el proyecto de almacenamiento geológico de los residuos radioactivos.

EconoJournal participó de las jornadas de diálogos y entrevistó a Lucrecia Gringauz, que está a cargo de la comunicación del Programa Nacional de Gestión de Residuos Radioactivos de la CNEA. “Estamos en la fase inicial, que sirve para pensar las cosas y ponerle nombre a lo que queremos hacer y darlo a conocer. Este es el momento de pensar, que sirve para plasmar en documentos los lineamientos del proyecto. Los primeros pasos agrupan dimensiones técnicas, sociales, administrativas, políticas y legales”, afirmó.

En la Argentina, tal como está la normativa vigente, los combustibles gastados no son residuos radioactivos hasta tanto no se decida que se los puede reutilizar como nuevos combustibles. El país aún no tomó la decisión si va a intentar reprocesar los residuos o si va a enviarlos a disposición geológica.

En el mundo existen distintas visiones sobre el tema. Francia, por ejemplo, reprocesa los elementos gastados por la actividad nuclear y genera nuevos combustibles para reactores a partir del plutonio y el uranio. Pero también hay países que nunca llevaron adelante el reprocesamiento.

Gringauz remarcó que “en cualquier caso, se necesita una instalación para el resultante del reprocesamiento, que son residuos de nivel alto que hay que gestionar y disponer. El objetivo es aislarlos hasta que dejen de ser potencialmente peligrosos. Los residuos radioactivos son los más controlados, porque sabemos cuánto tenemos, de qué tipo son, quién los produjo y dónde están”. También describió la diferencia entre ambas decisiones: “el almacenamiento supone un costo, un lugar físico, infraestructura y un desarrollo tecnológico. En cambio, la disposición geológica supone resolver el tema definitivamente”.

Coordinación

La directora de comunicación del programa de la CNEA resaltó que la comunidad científica internacional trabaja de manera coordinada. Además, contó que los residuos radioactivos conceptualmente son todos similares en los distintos países. Por tal motivo, los proyectos son bastante parecidos y contemplan ubicarlos dentro de repositorios geológicos subterráneos a una profundidad que va de 500 a 800 metros y lleva un sistema de barreras múltiples, entre otras características. Una de las diferencias centrales es que los países tienen distintos subsuelos, compuestos de distintas arcillas y rocas graníticas.

Fundamentos

Gringauz contó que “el proyecto tiene como objetivo central disponer los residuos radioactivos de forma segura, que no impliquen un riesgo para las personas ni para el ambiente. Para esto hay dos fundamentos: el jurídico, donde la CNEA tiene la obligación de hacerse cargo de la adecuada y segura gestión de estos combustibles y de todos los residuos que surgen de las actividades nucleares del país. Luego funciona el fundamento ético, que tiene que ver con que todos los habitantes de alguna forma usufructuamos los beneficios de la actividad nuclear, sea por la energía eléctrica, la medicina, la irradiación de alimentos, la mamografía, la erradicación de las moscas en la fruta o por lo que sea”. Y agregó que “el fundamento ético tiene que ver con no delegar a las generaciones futuras los beneficios que hemos tenido nosotros con el desarrollo nuclear”.

Licencia social

Un foco central del debate tuvo que ver con la licencia social que se necesita para que este tipo de proyectos avancen. “La idea imponer a la sociedad un proyecto determinado no va a funcionar. Ese es uno de los aprendizajes de la comunidad científica internacional. Los países que más avanzaron tardaron tres, cuatro y hasta cinco décadas en ordenar el debate”, indicó Gringauz.

“En la comunidad científica internacional hay un consenso sobre cómo abordar la dimensión social sobre la postulación voluntaria de las comunicades”, sostuvo. En los diálogos de la CNEA participaron referentes del proyecto de tratamiento de los residuos nucleares de Canadá, donde tuvieron que rever las distintas decisiones tomadas porque la comunidad y los pueblos originarios propusieron modificar algunas cuestiones de la iniciativa.

Además, comentó que la Argentina no está urgida de tiempo: “Tenemos dónde ubicar los residuos. De hecho, se está construyendo más lugar para más almacenamiento en seco. Pero el tiempo pasa y este proyecto debería empezar a avanzar, justamente para que en ningún momento haya urgencias”.

Argentina nuclear

La actividad nuclear en la Argentina comenzó en la década de 1950 y en 1974 el país comenzó a generar energía desde Atucha I. Gringauz subrayó sobre la experiencia del país en el sector nuclear que “la Argentina está en el grupo de los pocos países del mundo que están en condiciones de manejar todas las etapas del ciclo del combustible nuclear”. “No quiere decir que las estamos haciendo todas, por ejemplo, hoy no tenemos minería de uranio y lo tenemos que importar de Kazajistán, pero en algún momento lo hemos hecho. Lo que no tenemos es un repositorio de residuos radioactivos, un sistema de disposición final geológico”, concluyó.




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