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Fuertemente criticado por su partido Horacio Rodríguez Larreta, contra las cuerdas por su blandura a la hora de tomar decisiones

 Con la soga al cuello. Así quedó Horacio Rodríguez Larreta a partir del alegato del fiscal Luciani. Las demostraciones de apoyo a la vicepresidenta motivaron los reclamos de los “halcones” del PRO, que le cuestionaban su blandura al momento de tomar decisiones.

Presionado por los más radicalizados, decidió vallar la zona de la casa de Cristina Kirchner el sábado, reprimir a los manifestantes y hasta acercarles dos containers llenos de piedras y cascotes, para que los arrojaran contra las fuerzas del orden, y así justificar las represalias y golpizas de estas, sin respetar siquiera a legisladores y autoridades presentes.

Pero fracasó en su intento, y tuvo finalmente que negociar con el entorno de Cristina. Sacó las vallas y retiró a los uniformados, y a cambio la vicepresidenta envió a sus casas a los manifestantes, luego de que celebraran su victoria sobre el Gobierno de la Ciudad.

Claro está que esa negociación le valió la crítica insidiosa de Patricia Bullrich. El problema sin solución que afronta Rodríguez Larreta es que, inmerso en la carrera electoral de Juntos por el Cambio, debe demostrarle a su propio espacio, el PRO, que es tan o más “halcón” que Mauricio Macri o que Bullrich.

Pero esta determinación conlleva una contradicción: para los que exigen “mano dura”, el jefe de Gobierno porteño seguirá siendo una “paloma”, más allá de lo que haga.

Vallar y reprimir para impedir la libre expresión de la sociedad, sin la sanción previa del Estado de Sitio, implica una negación de los derechos y garantías constitucionales. Cuanto más insista en esta actitud, más agua sumará en el molino de Cristina, y más verosímiles se volverán las acusaciones del cristinismo de que en la Ciudad existe una Gestapo. Más aún con los antecedentes de Macri y de María Eugenia Vidal, persiguiendo y haciendo inteligencia sobre la oposición.

Para peor, un juez de CABA, Roberto Gallardo, le ordenó suprimir la vigilancia policial sobre el domicilio de la vicepresidenta, ya que esa tarea es competencia de las fuerzas federales.

Presionado por su interna y por sus ambiciones presidenciales, Rodríguez Larreta anunció que violará el fallo judicial, descalificó al juez porteño y aseguró que continuará con su estrategia autoritaria.

Que la vicepresidenta "resuelva sus problemas personales sola" enfatizó. Al tiempo que adelantó que aumentará la presencia en la zona de inspectores de otras áreas.

“Vimos como un juez, públicamente alineado con el kirchnerismo y que no tiene ninguna competencia sobre el tema, nos ordena liberar la calle, que no nos ocupemos más de la seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, que es una responsabilidad constitucional. Nadie nos puede obligar a no cumplir con nuestras obligaciones”, disparó Rodríguez Larreta, disfrazado de “halcón”.

La pregunta es si para garantizar la “seguridad de la Ciudad de Buenos Aires” resulta lícito violar las garantías constitucionales. Un verdadero absurdo.

“Va a estar la Policía de la Ciudad y todos los agentes de gobierno necesarios para garantizar la paz y el orden en el barrio como los agentes de tránsito, la gente de espacio público y los miembros de la Agencia Gubernamental de Control (AGC)”, subrayó Marcelo D’Alessandro, ministro de Seguridad porteño y responsable de instrumentar la represión del sábado junto al jefe de Gabinete, Felipe Miguel.

De este modo, la administración de la Ciudad confirmó su determinación de acatar exclusivamente los fallos de los jueces que le responden. Y cuando no es así, como en el caso de Gallardo, que le ordenó a Rodríguez Larreta “cesar en forma inmediata la ejecución de cualquier operatoria policial directa o indirectamente vinculada con la custodia de la persona, familia y/o domicilio de la señora vicepresidenta de la Nación”, desconoce airadamente las sentencias, argumentando de que se trata de jueces cristinistas.

Y no sólo atacó al juez. También dedicó buena parte del día a tratar de justificar lo injustificable, la represión del sábado, y a atacar a la vicepresidenta.

“A usted, señora vicepresidenta, le quiero pedir que no siga incitando a las agresiones y la violencia. No siga echando nafta al fuego con sus declaraciones. Los argentinos necesitamos vivir unidos y en paz”, dijo.

Y agregó que: “Sus declaraciones son distracciones que no tienen nada que ver con las prioridades de nuestro país. Está a la vista el modelo que usted defiende del que yo creo: es la búsqueda de la paz contra la profundización de la grieta, las agresiones, las antinomias. Es hora de que se ocupe de resolver sus problemas personales sola".

El Rodríguez Larreta disfrazado de “halcón” que ocupó la escena este lunes es la expresión de su impotencia y de su incomodidad para manejarse en un terreno en el que la Constitución Nacional le obliga a actuar de un modo como jefe de Gobierno, y sus conveniencias como candidato lo apremian a hacerlo en sentido inverso.

En vista de las reacciones de la oposición, el escenario quedó servido para que Cristina le reclamara que “resuelva su interna de otra manera entre los halcones y las palomas, pero no a costa del funcionamiento de la democracia” y, apuntando al jefe de Gobierno porteño, que "no sea ridículo" y ejerza "la autoridad con los poderosos".

El desarrollo de los sucesos planteó un drástico cambio en la situación de unos y de otros. Frente a las impugnaciones al alegato del fiscal Luciani, la oposición y los medios corporativos levantaron el avispero denunciando la rebeldía del cristinismo, su falta de respeto de la división de poderes y negaron las denuncias sobre lawfare.

Pero es Rodríguez Larreta quien va mucho más allá, y en lugar de cuestionar un alegato de un fiscal decide violar un fallo judicial, con el argumento de que se trata de “un juez K”.

El jefe de Gobierno porteño deberá calcular su estrategia, porque si sigue en este camino caerá en un abismo: o lo liquida Cristina o, más seguramente, lo harán los “halcones” del PRO. Y así el deseado “segundo tiempo” de Mauricio Macri estará cada vez más cerca de concretarse.



agencia nova