https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

Una sociedad sublevada contra el Gobierno

 Han perdido el tiempo compitiendo por quién se hace cargo de la adversidad política. Mientras esas guerras civiles sucedían en el interior del kirchnerismo, un intenso malhumor creció y se expandió en una sociedad saqueada y defraudada.

Silvina Batakis, en quien los mercados confiaron solo 24 horas y luego la despreciaron, llegó para profundizar el ajuste que no le dejaron hacer a Martín Guzmán. La pregunta que inquieta no es, entonces, por qué llegó Batakis, sino por qué se fue Guzmán. El ajuste no está en el marco de un amplio y nuevo programa económico, que sería necesario; se trata solo del acto desesperado de un gobierno sin agua ni oxígeno, que continúa con la práctica de financiarse ya con los pobres recursos que le extrae a la sociedad que debería proteger. En días recientes, el hastío social se hizo sentir con la protesta explícita de los productores rurales y de los piqueteros, a pesar de que nadie puede imaginar dos sectores sociales más distintos. 

La excepción fueron los sindicatos gobernados por una burocracia de millonarios complacientes. Sin embargo, hasta ellos debieron convocar a una marcha para dentro de un mes (¡cuánto tiempo necesitan!), pero para reclamar un acuerdo social y político. ¿Cómo? ¿En medio de una inflación de cerca del 90 por ciento anual, la CGT se movilizará solo para pedir un acuerdo entre los políticos? ¿No hay, acaso, ningún conflicto que justifique una protesta? “Es una marcha por la patria, no contra el Gobierno”, aclaró José Luis Lingeri, uno de los más viejos y ricos caciques del gremialismo argentino. La patria necesita también de estómagos satisfechos. La corporación sindical es una herramienta más del peronismo en cualquiera de sus versiones. A Alfonsín, De la Rúa o Macri ya les hubiera hecho tres paros generales en los últimos cuatro meses. Hay, con todo, una conclusión fácilmente perceptible: no podían no hacer nada porque la inflación está deshilachando los salarios de los trabajadores formales, que son los que ellos dicen representar. El malhumor está también entre los trabajadores sindicalizados. Esa es otra extrañeza: la sensibilidad de los dirigentes gremiales se limita a los trabajadores formales; nunca se ocuparon de los desocupados ni de los jubilados ni de los que jamás pudieron ingresar al mercado laboral. Es una burocracia que ha perdido su legitimidad y su razón de existir.

Según todas las encuestas, la clase media se siente acorralada, camino al descenso, que es el único camino del que históricamente huyó. Batakis la maltrató de nuevo con el anuncio del revalúo inmobiliario, que necesariamente aumentará los impuestos que se pagarán por bienes personales. La ministra no se conformó con eso y aumentó 10 puntos la retención de impuestos para los gastos en el exterior. La ministra ya había impuesto un revalúo inmobiliario rural en la provincia de Buenos Aires (decisión que el campo nunca olvidó) y un impuesto a la herencia. La clase media está acostumbrada a viajar o a hacer compras puerta a puerta en el exterior. Según la organización que nuclea a las compañías aéreas, los argentinos pagan un 82 por ciento de impuestos sobre el precio de los pasajes de avión al exterior. Un 30 por ciento de impuesto PAIS, un 45 por ciento de anticipo de Ganancias y un 7 por ciento de impuesto al turismo. Si quieren desalentar los viajes al exterior, ¿por qué directamente no cierran Ezeiza? Lo mismo sucede con cualquier pago (hoteles, por ejemplo) en el extranjero. Ese aumento impositivo significará también una suba hasta de las cuotas de los servicios de películas y series por streaming. La Argentina es uno de los países latinoamericanos con mayor porcentaje de su sociedad asociada a esos servicios.

El anticipo de aumentos de ganancias es una manera del Estado de financiarse con el dinero de la sociedad. Lo que se gaste ahora en el exterior se podrá descontar con las liquidaciones impositivas anuales de mayo o junio del próximo año. Eso ocurrirá en un país que corre al ritmo de una inflación anual más cercana al 90 que al 80 por ciento. Los anticipos de ahora se disolverán con el simple decurso del tiempo. Los argentinos que están en el exterior viajaron con un impuesto sobre el dólar turista y tendrán que pagarlo con un impuesto mayor. La disociación entre el nivel aspiracional y la realidad es enorme para la clase media. Demasiados tumbos, demasiada improvisación. ¿El valor del dólar oficial está subvaluado? La solución está en manos del Gobierno, no de la sociedad. ¿El Gobierno se quedó sin dólares, que es realmente el problema? Los que gobiernan deberían hacerse cargo de la desconfianza que provocan; la gente que puede está acumulando stock de las cosas necesarias para vivir, porque sabe que costarán más o que podrían faltar. ¿Cómo sorprenderse de que la clase media esté harta de toda la dirigencia política, que es el verdadero riesgo que corre la Argentina?

Los productores de soja reciben solo un tercio de su precio, según los valores del mercado de Chicago. Toda la producción rural paga entre un 75 y un 80 por ciento de impuestos directos e indirectos. Solo entre retenciones (que es un impuesto a las exportaciones) y Ganancias, los productores de soja pagan el 68 por ciento de impuestos, además de la carga tributaria provincial y el IVA a los productos que necesitan. Ahora tienen también serios problemas para acceder a todos los insumos que precisan (desde fertilizantes y pesticidas hasta gomas para tractores y camiones), porque el Gobierno les exige que paguen esos dólares a 60 días. Nadie en el exterior está dispuesto a esperar tanto tiempo a los argentinos. Al final, algunos productores eligieron la opción del canje: entregan soja, trigo o maíz a cambio de insumos. El universo del campo ha tomado conciencia de los desequilibrios que significan los diferentes tipos de cambio y de que está perdiendo una oportunidad única en el mundo. Desde que el sátrapa de Moscú descerrajó una guerra cruel e innecesaria, los precios de los alimentos aumentaron muchísimo, porque tanto Rusia como Ucrania son (o eran) importantes proveedores internacionales de alimentos. Alberto Fernández es una máquina de fabricar contradicciones: fue a Europa a ofrecer a la Argentina como proveedora segura de alimentos, mientras su gobierno no hace más que cortarles los pies a los productores de alimentos. En su naturaleza reside la pasión por la paradoja.

El conflicto con los piqueteros tiene otros ingredientes, aunque también debe aceptarse que 1.300.000 argentinos que viven de subsidios del Estado reciben con más fuerza aún el impacto de la inflación. El valor promedio de los subsidios sociales es de 21.000 pesos mensuales. Muy poco. A esa realidad palpable se le agrega la decisión del ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, de convocar a las universidades nacionales para que auditen el manejo de los planes por parte de las organizaciones sociales. La Justicia investiga, además, 7000 denuncias de beneficiarios de planes sociales que contaron que fueron obligados a concurrir a marchas o que deben pagar parte del subsidio a los dirigentes de esas organizaciones. La Justicia encontró muchos dólares y muchos más pesos en poder de los dirigentes que administran el hambre. Están en la mira de los jueces tanto los grupos trotskistas como los kirchneristas: la Corrientes Clasista y Combativa, el Polo Obrero y el Movimiento Evita. El propio Emilio Pérsico, una especie de santón del albertista Movimiento Evita y funcionario del Ministerio de Desarrollo Social, está siendo investigado por la manipulación política de los planes sociales. Eso es lo que explica en gran medida las multitudinarias marchas que han unido en una misma constelación a organizaciones kirchneristas y trotskistas. Para peor, Zabaleta ordenó que los beneficiarios de planes sociales que no trabajen al menos cuatro horas por día o que no estudien se queden de inmediato sin la ayuda del Estado. A los dirigentes de esas organizaciones se les escurre dramáticamente el liderazgo del conflicto social.

Cristina Kirchner hace todo lo posible por alejarse del fuego de una sublevación social que ya es general. Le teme a un dogma sin magia. Seguirá huyendo de la adversidad, aunque deba traicionar una vez más al presidente que ungió de la nada.

Joaquín Morales Solá