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Alberto y Cristina: el frío polar, los dólares en la mira, soldados que caen y la guerra de los 100 días

 Hola, ¿qué tal? Soy Walter Brown, jefe de Redacción de El Cronista y junto a los integrantes de nuestro cuerpo editoral les propongo dar una pequeña vuelta por el pasado, el presente y el futuro para intentar, a través de información y análisis, revisar de dónde venimos y descubrir hacia dónde vamos.

La ola polar se hizo sentir con intensidad en todo el país. En particular el último viernes en Villa Martelli, a orillas de la General Paz, la avenida que traza la división entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Como la hace también la política económica a la hora de observar las diferencias explícitas que separan al binomio presidencial. Y es que, aparentemente, de dejar en claro esas divisiones se trató el acto que allí, en Tecnópolis, significó el reencuentro cara a cara entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en una fría relación que se cobró una nueva víctima en las filas albertistas, el ahora ex ministro Matías Kulfas, y sobre cuyo presente y futuro, lapicera aparte, nos cuenta hoy Elizabeth Peger

El ida y vuelta entre los dos bandos dejó expuesto al despedido titular de Producción, que lejos de asimilar críticas previas de la Vicepresidenta en el acto por el centenario de YPF, replicó con munición gruesa contra funcionarios K por la demora en la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, en un off the record que la propia Cristina, quien ya había marcado más de una vez su rechazo a la presencia de Kulfas en el Gabinete, se encargó de hacer público con apenas un tuit para forzar su salida. Y ante el hecho consumado, una vez más, el primer mandatario optó por el camino de separar a uno de los integrantes de su mesa chica. Un soldado menos en su frente, al que reemplazará un dialoguista, como lo es el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli.

Como quedó dicho en ese mismo acto, más allá de las peleas internas en el oficialismo y la elevada inflación, es la falta de dólares uno de los temas que generan más fastidio. No solo en la cúpula del poder sino también en muchos argentinos que optan, por ejemplo, por encontrar maneras de eludir las trabas y quedarse con los ingresos que perciben por trabajos independientes remunerados en divisa extranjera. Para ellos, los freelancers, apareció la lapicera que Cristina le reclama usar a Alberto, en un intento por sumar al sistema ese importante flujo de dólares que genera la economía del conocimiento y que en este envío analiza Mariana Shaalo

Pero entre tanta pelea política y combate a los precios y la evasión, es importante tener presente que uno de los temas que agita a la economía transcurre a miles de kilómetros de la Argentina pero tiene consecuencias a nivel mundial. La guerra en Ucrania cumple 100 días, con el dolor de las víctimas y la incertidumbre sobre lo que vendrá que en el cierre de este newsletter repasa Sergio Lanzafame.

Pasen y lean...

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La era de hielo

Por ELIZABETH PEGER, editora de Economía, Política y Opinión

Apenas "MM" parece unirlos. Si algún desprevenido imaginaba algún mínimo esfuerzo de reconciliación en el reencuentro entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner tras más de tres meses sin siquiera cruzar mensajes, deberá seguir esperando, o resignarse ante una realidad que ofrece a las claras todas las señales de un vínculo que no tiene retornoLa ‘ola polar' instalada entre la dupla que gobierna la Argentina lejos está de hallar algún desenlace primaveral que le depare una esperanza de supervivencia.

No hay tregua posible. Ni siquiera un intento de sobreactuación de armonía o amistad. No hay deshielo. Porque detrás de la gestualidad de la lapicera que ambos escenificaron en medio del acto por el centenario de YPF en Tecnópolis subyace toda un definición política que muestra a cada uno jugando su propio partido. Cristina ordena, convencida que es la verdadera dueña de la lapicera y el Presidente apenas el instrumento para hacer efectivas sus decisiones. Alberto escucha, asiente y escapa del corset por la tangente. No se rebela, no responde al desafío público, pero mantiene a Martín Guzmán en el sillón del Ministerio de Economía, un respaldo que no está abierto para todos, como comprobó Matías Kulfas en las últimas horas.

Puede bien leerse la foto del reencuentro -y hasta el despido del ministro de Producción- como un cierto ensayo por bajar el tono de los fuertes cruces que marcaron la escena interna del oficialismo en las últimas semanas. Pero imposible encontrar en ella un esfuerzo pacificador, una apuesta para preservar la unidad del Frente de Todos por encima de cualquier diferencia. Es evidente que ha operado un cambio en la dinámica del conflicto interno hacia un esfuerzo de convivencia algo más racional que evite la sensación de que el Gobierno está al borde del abismo todo el tiempo, aunque en ese esquema no cabe ninguna reconciliación.

Cristina de alguna manera consagró una nueva etapa. Dejará hacer el Presidente, repetirá órdenes y marcará diferencias, fiel a su estilo. Le abrirá una ventana de tiempo pero con fecha de vencimiento. Guzmán tendrá que lidiar con el difícil invierno y cumplir con su promesa de que un septiembre primaveral arrojará los resultados económicos que el kirchnerismo demanda. No la tiene nada fácil: con una inflación que galopa al 70% anualseveras dificultades para acumular reservas y la preocupación por una economía que empieza a mostrar síntomas de desaceleración suponen una mochila cada vez más pesada.

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Dólares para freelancers y otra forma de cumplir con el FMI

Por MARIANA SHAALO, subeditora de Finanzas y Mercados

El Gobierno decidió abrir el cepo y habilitar dólares para freelancers y empresas del sector de la economía del conocimiento con el afán de captar esas divisas que se le escapan y van en aumento.

Es que debido a la brecha cambiaria, que actualmente ronda el 63% pero hace unos meses alcanzó el 100%, muchas de esos dólares -se estima que un 30%- entraban de manera informal y no aportaban al fisco así como tampoco engrosaban las reservas.

En los foros de Reddit y sitios de ofertas de trabajo para freelancers figuran cientos de posteos de trabajadores independientes argentinos con quejas acerca de la brecha y los ingresos que pierden por tener que liquidar los dólares al tipo de cambio oficial. Incluso hay comentarios de quienes decidieron rechazar trabajos dada la diferencia cambiaria: es que muchas veces el ofrecimiento dejaba de ser conveniente porque hasta ahora los freelancers tenían que ingresar los dólares y liquidarlos en el mercado oficial de cambios a los cinco días.

A la par de los reclamos, también aparecen consejos para ingresar los dólares al mejor tipo de cambio posible por vías alternativas. Por costumbre ya, el argentino siempre encuentra la manera de eludir los cepos y las diferentes restricciones. Así florecieron los pagos a través de criptomonedas y stablecoins ligadas a la cotización del dólar así como plataformas como Airtm o incluso los ingresos como remesas o mediante CCL.

Para dar una idea del fenómeno, basta con ver las cifras de la billetera digital Airtm con mayoría de usuarios freelancers y presencia en 180 países. Para la plataforma que convierte los ingresos de dinero en "dólares digitales", con un incremento de 82% en el último año, Argentina representa hoy el 24% de las transacciones de todo el mundo.

Al permitir que los freelancers ingresen u$s 12.000 por año directamente en sus cuentas bancarias en dólares, el Gobierno busca que esas divisas ingresen al mercado formal de la economía y de esa forma cumplir con dos metas acordadas con el FMI: disminuir la evasión fiscal para aumentar la recaudación tributaria y engrosar las reservas.

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Balance a 100 días de la guerra entre Rusia y Ucrania

Por SERGIO LANZAFAME, subeditor de Suplementos

A 100 días de la invasión, el gobierno de Ucrania admite que cerca de un 20% del territorio ya está ocupado por Rusia. Se trata de alrededor de 125.000 km2, aunque en la cuenta incluyen la península de Crimea, que pasó a manos rusas hace ya ocho años.

Aunque las fuentes no oficiales señalan que la ocupación es mayor de lo que el presidente Volodimir Zelenski admite, queda claro que, al menos, el 90% de la región de Luhansk y un porcentaje algo menor de Donetsk son controladas por Putin.

Aunque no queda claro cuáles fueron los objetivos iniciales del Kremlin y cuál fue su estrategia al invadir la capital Kiev, ni si se retiró de esa zona por la resistencia ucraniana o por qué otro motivo, lo cierto es que concentró sus fuerzas en la zona del Donbass y el sur de Ucrania.

Y, como no puede ser de otra forma, el balance es trágico. Los números de la guerra pueden parecer estadísticas frías, pero el sufrimiento que produce es palpable.

Al día de hoy ya murieron cerca de 4000 civiles, según la ONU, y hay registrados otros 4000 heridos de gravedad. La cantidad de soldados muertos no se sabe. Sucede que no se informan. Los rusos dicen que hay alrededor de 23.000 ucranianos caídos y desde Ucrania señalan que abatieron cerca de 30.000 rusos. Demasiado para 100 días.

Los número de refugiados aumenta día a día. Según la ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados) ya hay 6,8 millones de personas que huyeron del país. La mayoría a Polonia y otros países limítrofes.

Además, según el gobierno de Ucrania, los daños a la infraestructura del país, ya superaron largamente los u$s 10.000 millones.

Por supuesto, que la población rusa también sufre. Los bloqueos económicos ya le complican la vida.

No parece haber un horizonte claro para el fin de la guerra. Si terminará con la independencia de las provincias del Donbass, habrá anexión o las fuerzas ucranianas prevalecerán gracias a la ayuda de Occidente.

Lo que sí se sabe es que pasarán más de cien días y habrá más muertos, más refugiados y más crisis alimentaria en la tierra.