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ICF (Índice de Condiciones Financieras), del mes de Marzo que elabora el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), junto con la consultora Econviews.

 

Se hundieron las condiciones financieras externas


El Índice de Condiciones Financieras (ICF) se desplomó en marzo con una pérdida de 36.7, la mayor contracción desde abril del 2020 cuando la pandemia impactó de lleno en los mercados. El índice pasó de -69.4 a -106.1, el peor registro desde junio 2020. El viento internacional se puso de frente y sopló fuerte en el mes pasado. Tanto que las condiciones externas se tornaron negativas y la pequeña mejora de las condiciones financieras locales pasó totalmente desapercibida. Con respecto a marzo del 2021 la baja del índice superó los 61 puntos.

El subíndice de condiciones locales se ubicó en -86.1 puntos, una mejora de 4 puntos respecto de febrero, aunque un deterioro de 27 unidades comparado con marzo del 2021. Si bien sólo 4 de las 10 variables que componen este subíndice mejoraron, su grado de mejora inclinó la balanza hacia el lado positivo. En particular la baja de la brecha cambiaria solamente casi que compensó a los 5 componentes que cayeron (uno quedó sin cambios, el riesgo país). Las otras variables que aportaron buenas notas al ICF local fueron la confianza en bancos (depósitos en dólares con crecimiento promedio), mejoras en las acciones y menor depreciación esperada. Entre los componentes que no anduvieron bien en marzo se destacaron las expectativas de inflación (por muchos cuerpos de ventaja), la suba de la tasa de interés y en menor medida el riesgo de legislación medido en función del spread entre bonos ley de Nueva York y ley Argentina.

El subíndice de condiciones externas cayó 40.7 puntos y pasó de +20.7 a -20 puntos, volviendo a zona de stress. En los últimos 4 meses el ICF externo se hundió más de 57 puntos, claramente influido por la guerra en Ucrania, pero no exclusivamente. Uno solo de los 10 componentes creció y este fue la inflación esperada ya que en la metodología que utiliza la Reserva Federal mayor inflación se correlaciona con buenas condiciones, algo que no es claramente el caso en esta ocasión. Entre las 9 caídas se destacan las que provienen de la mayor volatilidad de materias primas, acciones y monedas de países emergentes. Empeoramiento en la liquidez global y en el riesgo emergente no llegaron al podio (invertido) pero también sufrieron fuertes caídas en el promedio de marzo.


El índice de condiciones financieras locales lleva 42 meses (3 años y medio) operando en zona de stress financiero. La última vez que el ICF local estuvo en terreno positivo fue en agosto de 2018. De todas maneras, la situación está órdenes de magnitud mejor que cuando comenzó la pandemia. En abril de 2020 el ICF estaba en -259.4 puntos, cuando paradójicamente los componentes internacionales estaban casi tan negativos como los locales. Desde el mínimo de abril de 2020 el ICF externo mejoró 108 puntos y el local sólo 45 unidades. Esto es entendible desde que existe una brecha cambiaria elevada, un riesgo país que no era lo que se suponía cuando se restructuró la deuda pública y las expectativas de devaluación nunca se lograron apagar del todo.


A nivel internacional 4 de los 10 componentes se encuentran en zona de confort (positivos) y 6 muy moderadamente estresados. El gran cambio es que tan solo un mes atrás esta proporción era de 7 a 3. El componente con mejor rating es el de inflación esperada. Esto es sino cuestionable al menos controversial. La Fed de Chicago dice “inflación por encima del promedio ha estado históricamente asociada con condiciones financieras más laxas”. Esto puede tener validez econométrica,



pero la sensación es que la Reserva Federal tendrá que ser más agresiva de lo que planeaba y por ende la situación podría ser algo peor que la historia que cuenta la evolución del ICF externo.

En el índice local, la situación es inversa. Hay sólo un componente que muestra un valor positivo. Este es el de liquidez de largo plazo medida como depósitos menos préstamos. Como venimos sosteniendo esto no es necesariamente una buena noticia. La falta de demanda de crédito y el aumento del financiamiento al gobierno bajo la forma de bonos hace mejorar al índice, pero no deja mucho para festejar ya que el crédito al sector privado como porcentaje del PBI no llega al 10%. En los mejores momentos este valor fue superior al 20%. Los componentes más estresados son los sospechosos de siempre: brecha cambiaria, riesgo país, inflación y depreciación esperada. En este mes se le sumó la tasa de interés luego de la tercera suba que impuso el Banco Central. Lo paradójico es que sigue siendo una tasa de interés ligeramente negativa en términos reales.

La economía argentina siempre creció en forma sostenida cuando las condiciones financieras se mantuvieron en zona de confort durante un lapso prolongado. El 2020 no fue la excepción: con viento de frente internacional en buena parte del año y condiciones negativas locales por todo el año, el PBI cayó 9.9%. En el 2021 el rebote del piso alcanzó el 10.3%, dejando un arrastre superior al 4% para 2022 según los datos del EMAE que produce el INDEC. El empeoramiento que vimos en febrero y que seguramente veamos en marzo es una mala noticia, aun cuando la Argentina no está muy conectada a los mercados financieros globales. Entre otros factores incide en el costo de las importaciones y la inflación. Además, puede generar problemas en algunos socios comerciales importantes que sí están más enganchados con el sistema financiero global en el caso de que se sostenga el “flight to quality” y por ende pierdan acceso al crédito o se les encarezca. La buena noticia para la Argentina pasa por la suba de los precios de los alimentos dada la menor oferta del Mar Negro.