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Destrucción, bofetadas y distracción.

 

Imagen de portada de la newsletter

Se supone que este newsletter es semanal, pero claramente no. 

La semana pasada no lo envié, no por vago, ni por estar “con muchas cosas”, o estar como se dice ahora: “muy complicado, ¿sabés?, muy ATR …”, si no simplemente porque me costó mucho poner en orden mis ideas en mi cabeza. 

¿Qué ideas?

Básicamente dos cosas que me tomaron bastante tiempo mental. 

La Primera Cosa Que Me Tuvo Mentalmente Ocupado fue el incidente Chris Rock - Will Smith en los Oscar. 

No por cholulo ni porque me importe la opinión sobre la Academia sobre nada (le dieron 7.000 Oscar a Avatar, una película hecha para vender consolas de realidad virtual y en la que los homínidos tiene sexo con los caballos de su planeta…), si no por el impulso mediático que atrajo, las reacciones que provocó y más que nada, por lo que el cine una vez más dice de nosotros como sociedad. 

Parece que hubiera sido hace siglos, o que no hubiera existido, pero para mí fue importante porque muy pocas veces tuve tanto rebote en redes sociales al haber hecho un posteo sobre el tema.

A ver: en mi Instagram (@patriciocavalli) hice un story con la imagen del bife que se comió Rock y el texto “Como te banco Will Smith”. 

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Me hago cargo de lo que dije. 

No quise decir “Que bien estuviste Will Smith, te aplaudo.” Pero creo que -con una mano en el corazón- Smith hizo lo que muchos (y quizás muchas) de nosotros hubiéramos hecho puestos en esa situación. 

Quiero pensar que yo quizás no habría ido derecho a pegarle a Rock, pero si daba para enojarse bastante y, perdón el academicismo, putearlo de arriba a abajo. 


Es más, creo que a eso iba Smith cuando lo encaró, y el “Oh Oh” socarrón de Rock lo terminó de tronar. 

De nuevo: no digo que Will Smith haya estado bien. Digo que su reacción fue espontánea y natural. No buena, natural. “De primates”, como me dijo un amigo y colega. Exacto. Le salió el ADN del chimpancé africano que todos llevamos adentro. (Sin ofender). 

Just asking: ¿todos y todas podemos asegurar que puestos en una situación similar no se nos activa el ADN de nuestro ancestro animal más cercano? ¿Sí? ¿Seguros al 100%?

Después (unos días después) Smith dió cuenta de lo que había hecho y sucedido, y reaccionó con un posteo en IG pidiendo disculpas y renunciando a la Academia de Hollywood, a la que, by the way, tampoco parece haberle importado demasiado el incidente. 

Pero en el interín pude ir recolectando el social sentiment del evento, a partir de la reacción que recibí en mis redes sociales y me llamó mucho la atención la disparidad de criterios. Van algunos comentarios que me llegaron: 

  • “Comparto”
  • “Patricio no podes decir esto, está avalando la violencia.”
  • “Entiendo pero no comparto lo hecho.”
  • “Hubiera hecho lo mismo”. 
  • “Lo que tendría que haber hecho Will Smith era esperarlo afuera y cagarlo a trompadas en una calle.”
  • “La violencia física no se justifica nunca.”
  • “La violencia emocional y psicológica a veces es peor qu ela física.”
  • “¿Que le pasaba a miles de mujeres con alopecía al día siguiente si Will Smith no reaccionaba así. Cuántas deberían bancarse a jefes, compañeros de trabajo y gente diciéndoles ‘¿Qué hacés G.I. Jane?’ si el tipo no hacía algo”.

Y lo que creo es que el incidente nos permitió hacer dos cosas que amamos: 

  1. Pontificar: “Yo jamás, pero jamás haría eso.”
  2. Distraernos. Por si no lo notamos, estamos hace dos años en medio de una pandemia global que trajo consigo una crisis política y económica brutal y al borde de la tercera guerra mundial. 

Sobre el punto uno, aquí va una breve encuesta que hice en LinkedIn sobre el tema de cómo el incidente “bofetada” afectó la imagen de Will Smith: https://bit.ly/3rwtpWn

Y lo interesante para mí es ese estadísticamente pequeño, pero socialmente muy significativo 2% de gente que dice (o admite) que el golpe “le causó gracia.”

Lo cual me lleva directo al punto dos: la distracción. 

Hollywood nos dió la especialidad de la casa: la posibilidad de distraernos. Atrás quedaron por un rato Mariupol, la variante Omicron y la inflación global. 

Y la cuestión acá ya dejó de ser si Smith estuvo bien (que no) ó mal, si no que pasó mediáticamente con el incidente. 

¿Será correcto lo que plantea Juan Faerman en su posteo de Facebook? cuando dice: “En el otro extremo, creo que antes de calificar lo que hizo Will Smith sería interesante observar que no lo esperó a la salida (o a la pausa), sino que, perfectamente consciente de cómo funcionan los medios y la industria del entretenimiento en Estados Unidos, se puso de pie, caminó 10 metros y lo surtió en plena ceremonia televisada para varios millones de personas en todo el mundo. 

Si me disculpan, para mí, más que por su mujer, Will lo hizo por John Wayne (por cucaracha me dice el señor George Rating que está de acuerdo).”

Y Faerman acompaña su hipótesis con una estadística muy interesante sobre viewership de los Oscar: 

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¿Es así? No lo sé. ¿El golpe fue armado, o al menos calculado? Tampoco, no lo sé. 

Pero algo sospechoso hay detrás. La policía no detuvo in fraganti a Smith (como nos hubiera pasado a cualquiera de nosotros); Chris Rock no levantó cargos, Smith no fue cancelado y la Academia no lo sancionó con todo el peso de la Ley (ó sus Estatutos). 

Algo huele a podrido en Los Angeles…¿no te suena?

Todas las semanas, martes a martes tengo la oportunidad de hacer mis pequeños experimentos sociales con la nueva generación de managers, founders y gerentes de empresas -o sea, mis alumnos de 3er y 4o año de UCEMA-. 

De 45 alumnos que tengo en un curso, sólo 2 no sabían lo que había pasado; pero 38 de los 43 restantes nunca en su vida habían visto una ceremonia del Oscar. No les interesa, no les llama la atención y más todavía: de esos 43, 38 no la creen real: “Está fakeada”, “Los premios están arreglados”, “Es todo trucho”. etc…

Es decir, a los nuevos managers (que hoy tienen apx 22 años y en 5 ó 10 estarán tomando decisiones de negocios), este mundo que a nosotros se nos hacía muy sólido y real, se les hace insufriblemente mentiroso, fake, falso, arreglado y corrupto. 

Y esto me lleva a la Segunda Cosa Que Me Tiene Ocupado Mentalmente: 

Hace unas semanas recibí -recibimos- con espanto los resultados de una investigación hecha por una empresa de tecnología, a la que estamos asesorando en asuntos varios, pero entre ellos un painpoint importante: employer branding y employee attrition.

La cuestión es: el 82% de los entrevistados como potenciales candidatos a puestos de trabajo en la firma (H y M, 22 a 27 años -o sea, pura Generación Zeta) simplemente no creían que las propuestas de las empresas (no esta en especial, si no todas) fueran “sinceras”, “honestas” y “verdaderas”. El 99% no creía que existiera tal cosa como un “pacto psicológico” entre la empresa y el empleado, y el 77.8% ni siquiera había oído hablar de ese pacto. 

Es decir, hay una nueva generación de hombres y mujeres de negocios que no cree en casi ninguna de las estructuras creadas a lo largo del siglo pasado, y con siglo no me refiero solamente al S. XX cambalache, si no también a los 22 años que llevamos de S. XXI -también cambalache-, si contamos los 100 años desde 1922, cuando “oficialmente” terminó la recesión de 1919 y el mundo entró en los “Roaring Twenties” y la “Belle Epoque”.

O sea que todo lo construido en los últimos 100 años a nivel estructuras mentales empresariales, se derrumba como arena en nuestras manos (la poesía no es lo mío).

Y el punto en cuestión es precisamente ese: ¿cómo hacemos para recuperar algo de la credibilidad que hemos perdido como sociedad, y como personas de negocios, no solamente frente a quienes están entrando al mundo laboral, si no frente a nosotros mismos, que somos expertos en duplicidad y en mentirnos a nosotros mismos?

Digo esto, porque la misma persona que me dijo que “…no podes decir esto, está avalando la violencia.” es la que me dijo “Lo que tendría que haber hecho Will Smith era esperarlo afuera y cagarlo a trompadas en una calle.”

No es hipocresía. 

Es que nos cuesta decirnos a nosotros mismos la verdad, y el mundo nos está poniendo frente a un espejo durísimo, que nos cuesta y nos duele y nos molesta mirar. 

Hasta la semana que viene !