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La agencia rusa RIA Novosti publica por error los planes últimos de Putin

 La pregunta del millón de dólares (o del millón de megatones) es ahora qué tiene Putin en la cabeza, qué pretende realmente con su invasión de Ucrania. ¿Quiere advertir a la OTAN de que no es prudente meterse con el oso ruso? ¿Quiere neutralizar el armamento occidental instalado en la república vecina? ¿Quiere impedir que ingrese en la Alianza Atlántica? ¿Quiere anexionarse el Donbás?

Una posibilidad muy real es que esa pregunta haya sido respondida en un artículo publicado ‘accidentalmente’ por la agencia rusa RIA Novosti que estaba previsto para el 26 de febrero y que preveía que para entonces las tropas rusas ya habrían obtenido una fulgurante victoria, titulado ‘La resolución de la cuestión ucraniana’.

El autor, Piotr Akolov, dibuja un panorama más que preocupante para Occidente. El núcleo de su mensaje es que la victoria rusa significa el fracaso del proyecto de Occidente para ahogar a Rusia y dominarla. La exitosa invasión de Ucrania no sería el punto central, el objetivo, como no lo sería evitar que Ucrania entre en la OTAN, porque eso sería solo un síntoma de la enfermedad contra la que está luchando el Kremlin, no el problema último y principal.

Akolov abre su primer párrafo anunciando que la victoria (recordemos: está escrito para ser publicado tras la victoria) rusa anuncia el nacimiento de una nueva era: «Rusia está restaurando su unidad histórica. La tragedia de 1991, esa terrible catástrofe de nuestra historia, esa aberración de nuestra historia, ha sido superada». Esa «tragedia de 1991», habrán adivinado, se refiere a la disolución de la URSS tras la caída del régimen soviético.

Pero lo que tiene de trágico esa disolución para la mentalidad del régimen ruso no es la independencia de todas las repúblicas que conformaban la URSS, sino las que constituyen el territorio sagrado del Rus, y muy especialmente, Ucrania, cuya capital, Kiev, es la cuna de su civilización y cultura.

Esto convierte el actual conflicto bélico, lamenta Akolov, en «una guerra civil en la que siguen disparando hermanos contra hermanos, aunque solo están divididos por su pertenencia a los ejércitos ruso y ucraniano. Pero ya no habrá una Ucrania que sea anti-Rusia».

En ese marco mental, Putin estaba obligado a actuar si no quería perder Ucrania para siempre. «Podemos decir sin sombra de exageración que Vladimir Putin ha asumido una responsabilidad histórica al no postergar la resolución de la cuestión ucraniana y dejarla en manos de las generaciones futuras».

El eje del problema reside en «el complejo de una nación dividida y el complejo de humillación nacional, cuando la Casa Rusia empezó a perder parte sus cimientos, los que representa Kiev, y luego se vio obligada a resignarse a la existencia de dos estados con dos pueblos en lugar de uno solo».

Pero, teniendo en cuenta de que la operación, en la mente del redactor, ha sido un éxito, «el problema ha dejado de existir: Ucrania ha vuelto a Rusia«. ¿En qué sentido? ¿Deja de existir Ucrania? Aquí el autor es demasiado equívoco para poder responder con precisión a la pregunta. «Eso no significa que vaya a liquidarse su estado (el ucraniano), sino que será reestructurado, reestablecido y devuelto a su condición natural como parte del mundo ruso».

El autor reconoce en el texto que los detalles concretos en que se realizará esta transformación no se han decidido aún, o los desconoce; desconoce cómo quedarán las fronteras, si la unión se consagrará con la inclusión de Ucrania en la Unión Euroasiática o en algo más estrecho, como la Unión de Estados que vincula a Rusia y Bielorrusia. Lo que importa, insiste, es que Ucrania dejará de ser una entidad «antirrusa».


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