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El Bitcoin y la teoría del desacople

 

Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación

¿Qué tipo de activo es el bitcoin? ¿Sirve como refugio de valor? ¿Es considerado una buena cobertura contra la inflación? ¿Se lo considera un activo puramente especulativo? ¿Compite con el sistema bancario y el mercado de capitales tradicional?

Las respuestas que se den a todos estos interrogantes resultan de suma importancia para las empresas y fondos de inversión que esperan un aval y un marco regulatorio en EEUU para invertir en la más popular de todas las criptomonedas.

Para una institución que reúne miles de millones de dólares en capitales la definición no es menor. Si se lo define como un activo puramente especulativo, se destinarán solo fondos expuestos a altos niveles de riesgo y con pretensiones de altas ganancias. Si, por el contrario, se lo considera refugio de valor, se pensará en el bitcoin como un activo a tener en cartera por años, más allá de las fluctuaciones que pueda experimentar su precio a diario.

En la columna de hoy, quiero llamar la atención sobre un asunto que puede ser crucial para el bitcoin y su clasificación dentro del universo de los activos financieros: el de la correlación.

Desde principios del año 2000, la correlación del bitcoin con el índice bursátil norteamericano Standard and Poor’s 500 (S&P 500) ha aumentado considerablemente. Este fenómeno -que implica que, cuando el índice sigue una tendencia alcista la cripto generalmente también, y que lo mismo ocurre cuando el índice corrige o baja- conduce a muchos analistas a definir al bitcoin todavía como un activo de riesgo o especulativo, tal como se considera, por ejemplo, a las acciones de empresas tecnológicas.

Sin embargo, esta lectura puede ser tan errónea como perjudicial para el inversor que mira el horizonte y apuesta por el mediano o largo plazo. Mi opinión –y no necesariamente la del resto- es que podríamos encontrarnos con el desacople del bitcoin a la vuelta de la esquina y la correlación cada vez más alta podría revertirse hasta desaparecer.

Hay señales que me llevan a pensar así. Paso a detallarlas.

El bitcoin no es una empresa

Ni el bitcoin (BTC) es una empresa ni sus tokens deben ser vistos como acciones bursátiles.

Podríamos decir que el BTC es un software que impone una nueva tecnología basada en la blockchain, que permite custodia y transferencia de valores de manera totalmente descentralizada sin necesidad de terceras partes (Estado, organismos de control, bancos y otros).

Si bien existen empresas de la industria de la blockchain que cotizan en la Bolsa de Nueva York y donde se puede invertir para lograr cierta exposición a BTC, lo cierto es que la apuesta por estos activos (que son de riesgo) no equivale a invertir directamente en BTC. La diferencia, más bien, es bastante grande.

BTC no tiene CEO al que pagarle un alto sueldo ni una sede adonde la SEC (Security and Exchange Commission, equivalente a un Banco Central) pueda enviar una intimación, por ejemplo.

El bitcoin no es una moneda

Su mote de criptomoneda lleva a pensar a BTC como un competidor de las monedas tradicionales, pero no sería esta su naturaleza en función de su costo, velocidad de transacción y emisión limitada (21 millones de unidades).

Por otra parte, si comparamos la evolución de su precio medido en dólares en los últimos 10 años vs. el precio de otras monedas, nos encontramos con una correlación muchas veces negativa, donde BTC aumentó 920.000% y la rupia de India se depreció 35%, el peso mexicano 38%, el rand sudafricano 51%, el rublo ruso 72%, la lira turca 88% y el peso argentino 96%.

Como vengo señalando desde hace años, BTC no vino a competir con el dólar, el euro u otra moneda dura. En todo caso, si le buscamos un rival, debemos mirar al oro.

El bitcoin tiene un potencial casi ilimitado de aplicaciones

La decisión de occidente de excluir a Rusia del SWIFT derivó en un aumento exponencial en el volumen de compra de bitcoins con rublos, lo cual llevó a sus detractores a sostener que BTC solo sirve para eludir regulaciones y, en este caso puntual, sanciones financieras a países conflictivos.

No obstante, se trata de una mirada parcial cuyo sesgo deja de lado otro hecho ocurrido en los últimos días con fines contrarios a los intereses rusos: casi 50 millones de dólares fueron donados en los últimos días al gobierno ucraniano de manera directa mediante BTC y otros criptoactivos sin tener que realizar los trámites burocráticos que suelen ralentizar el acceso a las donaciones.

Por otra parte, el aumento de la demanda de BTC en rublos podría relacionarse con la estrategia cada vez más popular entre los ciudadanos rusos de mantener el poder adquisitivo de sus ahorros ante la devaluación de su moneda adquiriendo criptomonedas, sobre todo si se tiene en cuenta la imposibilidad de acceder al dólar y otras divisas tradicionales.

Como puede apreciarse en este simple caso, el BTC y el resto de los criptoactivos pueden aplicarse para tantas cosas que ni siquiera nos imaginamos qué posibilidades abrirán en un futuro próximo. Se trata, de alguna manera, de un proceso semejante al de Internet en sus comienzos.

El bitcoin se parece más al oro que a cualquier otro activo

Los defensores de la definición del bitcoin como oro 2.0 argumentan que el criptoactivo estrella supera incluso las cualidades del metal amarillo.

A saber:

  • Es igualmente escaso: solo se emitirán los 21 millones de bitcoins mencionados.
  • Es portable: se puede enviar de una punta a la otra del planeta en minutos sin tener que pasar por ningún organismo de control gubernamental.
  • Es imposible de falsificar: en 13 años de vida nunca nadie ha podido hackear al bitcoin.
  • Es fácil de autenticar: se hace de manera descentralizada y confiable.
  • Cada BTC puede ser dividido en 100 millones de partes.
  • Es accesible: se puede invertir desde muy poco dinero y para la operación de compra solo se necesita un smartphone y conexión a Internet.
  • Su almacenamiento es infinitamente más simple que el del oro y resulta mucho menos costoso guardarlo y trasladarlo.