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Argentina, no lo entenderías: el TEG multilateral con el FMI y una negociación con poco jugo en modo Alberto

 Hola, ¿qué tal? ¿Cómo te trata el comienzo del verano? Bueno, espero que estés preparado, porque arrancamos una semana en la que se vienen días incandescentes, con temperaturas que superarán los 40° en buena parte del país. 

Claro que para los argentinos pensar en un calor intenso no solo refiere a cuestiones climatológicas. El devenir de la economía y la política doméstica nos tiene acostumbrados a convivir con el "fuego" de la realidad. El mismo que la última semana enmarcó la tensión entre oficialismo y oposición por la negociación complicada que mantiene el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional. Y dejó más temores y dudas que certezas en empresarios, gobernadores y gremios que pasaron por la mesa del ministro de Economía, Martín Guzmán.  

Como señala en este envío Juan Compte"Argentina, no lo entenderías" es la frase que resume con mayor claridad la visión de aquellos hombres de negocios que tienen que explicar a sus casas matrices los vaivenes del discurso oficial. Aquel que plantea negociar en "Modo Alberto", como explica Matías Bonelli, pero que en un gobierno bifronte, donde no faltan voces que piden mayor confrontación, sacude al sector financiero y propone una batalla geopolítica en un "TEG multilateral", como detalla Ariel Cohen.

La esperanza, en definitiva, es que los roces verbales queden de lado a la hora de negociar. Sacarle el jugo a las tratativas con el organismo financiero para que no sean apenas una mera ilusión, con actores que prometen resultados que nunca llegarán, como en el escandaloso "fraude" de Theranos en Wall Street o algunos más divertidos, como los que plantea contarnos más abajo Sebastián De Toma 

Esta es la propuesta que tenemos para ofrecerte hoy. Soy Walter Brown, jefe de Redacción de El Cronista, y te invito a ver "de dónde venimos y hacia dónde vamos".

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Negociar con el Fondo, pero en "Modo Alberto" 

Por MATÍAS BONELLI, subeditor de Economía y Política

El Gobierno quiere cerrar con el Fondo Monetario Internacional. Más allá de declaraciones que puedan hacer pensar todo lo contrario, la idea del incumplimiento del pago previsto para marzo no está en la cabeza del oficialismo. O por lo menos de parte del Frente de Todos. 

El jueves pasado se dio una muestra de esto. El ministro de Economía, Martín Guzmán, junto a otros funcionarios, encabezó un encuentro con gremialistas y empresarios donde la palabra clave fue "consenso", toda una señal respecto de que se encendió el "Modo Alberto" -dejando de lado las posturas más duras-, al menos puertas para afuera, y con la idea de que el FMI y otros organismos internacionales tengan la imagen de que en la Argentina las cosas se construyen a través del diálogo. 

La iniciativa fue bien recibida y se la interpreta como un paso en busca del acuerdo con el Fondo. Tanto por la propia idea de alcanzar un entendimiento como por el hecho de intentarlo sin enfrentamientos de por medio. 

La gran duda que surgió tras el encuentro, de todos modos, es si este intento de ir por el sendero del diálogo y el consenso será posible o estará plagado de grietas.

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Argentina, no lo entenderías

Por JUAN COMPTE, editor de Negocios

Habrá sido incómoda la situación del CEO que a la mañana visitó a Alberto Fernández para compartir una charla grata -inversiones, producción, crecimiento, exportaciones- y al día siguiente -o, por diferencia horaria, esa misma noche- debió conectarse de urgencia a un call para descifrarle a su casa matriz qué significó el cónclave que el Presidente tuvo horas más tarde con los gobernadores

Durante todo el año pasado -en especial, el último trimestre- no hubo ejecutivo de multinacional que no expresara confianza en que habría, más temprano que tarde, un acuerdo con el Fondo. Varios, incluso, habían ido más allá: tácito o explícito, era un supuesto de los presupuestos -y desembolsos- planificados para este año. Más de uno, incluso, apostado a puro riesgo, en un contexto de un país que venía de tres años de recesión; el último (2020), con un hundimiento que rozó el 10 por ciento.

Como buenos profesionales de los negocios, los CEO suelen apelar a la racionalidad para hacer sus análisis. Pero, en un país como la Argentina, quizás no sea un approach suficiente. O, por lo menos, no el único. 

"Los entiendo. Pero les juro que no fui yo, me mandaron a hacerlo", cuentan en una empresa que les dijo un importante funcionario, responsable directo sobre la regulación de un sector. 

En medio de tensas negociaciones por la ecuación financiera de la actividad, su dependencia "se cortó" con una intimación pública que, prácticamente, pateó el tablero cuando recién se habían movido las primeras piezas. Algo similar a lo que ocurrió en otro ministerio, con decisiones que afectan a otro sector. 

En una de las vísperas de las Fiestas, días de asueto para la función pública, hubo un cambio normativo que, prácticamente, sumió a una industria entera en una inesperada turbulencia. Los ejecutivos afectados se enteraron por los medios. También, varios funcionarios de relación directa con el rubro: del propio ministerio, de otras carteras (al más alto nivel) e, incluso, mandatarios provinciales de interés concreto con su prosperidad.

Respuestas del shock de la pandemia, transitado un 2021 de altísima pulsación política, las empresas esperaban un 2022 no de paz pero sí, al menos, de administración, antes del inexorablemente agitado 2023. Creían que la derrota electoral, como mínimo, calmaría la interna del Gobierno, ese monstruo bifronte que se reproduce en todo el organigrama del Ejecutivo. Y que, pese a lo que veían como episodios coyunturales -el rechazo al presupuesto; la vigencia de los controles de precios del "Capitán Frioletti", como lo bautizó un lobbysta-, lo importante, lo que más atención concita afuera -un acuerdo con el Fondo, con todo lo que eso representa-, se daba por hecho. Hasta por un instinto de supervivencia, por las consecuencias -directas e indirectas- que significa no lograrlo. Justo cuando se había apaciguado el éxodo de multinacionales, fuerte ola de calor, de elevada sensación térmica, que primó en buena parte de los últimos dos años.

Pero... "Argentina, no lo entenderías", como se ironiza en las redes. Y la puesta en escena del miércoles generó más dudas que certezas. Con alguna remembranza al default celebrado hace 20 años en el Congreso, no faltó quien vio el cónclave como una remake. Con la sensación de que, en cualquier momento, alguno -o algunos- de los presentes se pusiera de pie y entonara, como canto de guerra: "Yo te daré.. Te daré, Patria hermosa... Te daré una cosa... una cosa que empieza con D..."

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El TEG multilateral y el test de los mercados

Por ARIEL COHEN, editor de Finanzas y Mercados

La saga del posicionamiento con el FMI no sólo alteró los mercados, sino que despejó las dudas de quienes veían con optimismo un acuerdo próximo con el FMI: ahora sí se sabe que estamos más lejos.

Los bonos soberanos cortaron su rally. Y los activos de renta variable comenzaron a frenar su marcha ascendente que hacían suponer una recuperación independiente de los tiempos de la política. Un devenir negativo de la economía real se hace más probable ahora después de las definiciones del Gobierno. Cobra vida un escenario de vencimientos con el FMI en marzo sin financiamiento adicional y de un mayor debilitamiento de las reservas.

Es notable la posición del Gobierno argentino, que se puso el casco de la batalla geopolítica de nuestro Estado Nación vs. los que comandan el FMI. El primer paso de Alberto Fernández fue asumir la presidencia de la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, un polo político progresista contrario a la hegemonía de los EE.UU. El mayor accionista en el Fondo.

Concedamos un tanto a favor en la estrategia de vuelco desequilibrante en la región como recurso para ablandar la negociación. Dependerá de la correlación de fuerzas internacionales. Pero también -o sobre todo- de las internas en el Gobierno para hacer pasar "un mal acuerdo, el mejor que podemos conseguir". Una astilla clavada en el alma de peronista que escarniaba como "posibilista" al radical Raúl Alfonsín.

Lo notable de la estrategia es que, mientras apuesta a este TEG Financiero Multilateral, toca al Gobierno encastrarse con la economía real, con la amenaza de una nueva crisis inflacionaria y de otra cambiaria en pocos meses.

Así, Guzmán les pide a las empresas multinacionales que se decidan e inviertan la liquidez en bonos del Tesoro, con la promesa de que subirán las tasas para hacerlas rentables.

Y promueve un mercado de capitales en pesos, la llave maestra para circular el ahorro, combatir la eterna dolarización argentina y buscar más formas de absorber liquidez.

Pero las multinacionales, al igual que los bancos internacionales, tienen fuertes restricciones para exponerse más allá de un límite al riesgo soberano argentino. Algo que, a lo mejor, podría cambiar si el proyecto económico argentino obtuviera la certificación ISO del FMI.

La escenificación del conflicto, la exploración de extremos políticos y la búsqueda de cambiar el eje histórico del sacrificio económico social dejan en contraste una cuenta pendiente al interior del Gobierno. Afinadas las erogaciones, optimizado todo recurso, queda por ver qué parte del gasto del Estado podría sacrificarse. No necesariamente podrían tratarse de políticas sociales, o subsidios a los más necesitados ni prestaciones educativas o de salud.

Tal vez sean esas partes del Estado asignadas en repartos políticos, hasta ahora infranqueables, del que dependen miles de estructuras en todo el país y cuyo saneamiento, incluso sin acuerdo con el FMI, permitirían revertir el mal humor de los mercados. Enemigos internos.

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De fraudes, la verdadera innovación y la necesidad de crear valor para tener éxito

Por SEBASTIÁN DE TOMA, editor de Suplementos y One Shots

La semana que pasó dejó una noticia que por esperada no es menos llamativa: Elizabeth Holmes, la ex CEO de Theranos, fue condenada por fraude. 

Tal como contó El Cronista en su nota sobre el tema: "Con solo 30 años, Elizabeth Holmes se convirtió en la multimillonaria self made más joven del mundo en 2014. Su compañía, Theranos, prometía contar con la tecnología apropiada para poder realizar exámenes de sangre en segundos y con tan solo un pequeño pinchazo en un dedo. Esto le había permitido valuar a su firma en u$s 9000 millones y amasar una fortuna personal de casi u$s 4500 millones. Sin embargo, detrás se escondían secretos y mentiras. Esta semana fue encontrada culpable de cuatro cargos por fraude. Su caso es uno de los mayores escándalos de la historia de Silicon Valley".

(Pueden leer más sobre el tema acáacá y acá. Además, el periodista que dio a conocer el escándalo escribió un libro buenísimo -Bad Blood, que tiene versión en español pero no llegó a la Argentina: en BookDepository se consigue por $ 3700- que a su vez se convirtió en un documental que puede verse por HBO.)

Pero todo salió mal: un jurado en California la condenó por cuatro cargos por fraude, la declaró inocente en otros cuatro y no pudo llegar a un veredicto en tres. Ella aún puede apelar esta condena.

Silicon Valley parece no aprender de sus errores. Se deja llevar por la publicidad, el hype y las ganas de llegar antes que el resto. Este, el de Theranos, fue un caso particularmente terrible porque se metió con un tema espinoso que generó esperanzas en muchas personas que necesitan hacerse exámenes de sangre muy seguido.

Pero hay otros que son, a qué negarlo, más divertidos (salvo para los inversores y el resto de los involucrados, claro está). Como el caso de Juicero, "el primer sistema de prensado en frío en casa", que prometía hacer jugo de frutas sin mayor intervención humana que un comando en una aplicación móvil.

Prometía allá por 2016 y de la mano de su CEO, Doug Evans, por u$s 400 (al principio u$s 700, después la bajaron cuando de movida la prensa les marcó la exageración en el precio) y una conexión wi-fi, un mundo de bienestar y consumo saludable a un botón de distancia. Pero, la pregunta qué llegó muy tarde era: ¿Necesitamos una juguera compleja para tomar un vaso de jugo por las mañanas?

El sistema era sencillo, una especie de Nespresso del jugo: se colocaba un "paquete de productos" (una bolsita de frutas y verduras precortadas) en la máquina y luego se apretaba un botón para obtener un jugo instantáneo prensado en frío.

Esto respondía a una tendencia de moda en aquellos días en los Estados Unidos: los jugos prensados en frío. Y la creciente demanda de consumir comida sana (aún a costa de envolverla en cada vez más plástico, pero ese es otro debate).

Todo iba bien hasta el 1 de septiembre de 2017, cuando Juicero implosionó en un deslumbrante espectáculo de debacle empresarial. El último gerente de la empresa (que, les adelanto, terminó cerrando), Jeff Dunn, dijo oportunamente que todo fue "la suma del sistema". Estaba la máquina, los paquetes de los productos (coloridos, con nombres llamativos como "raíces dulces" y una app que indicaba el origen de los alimentos y enviaba recordatorios si el paquete ubicado dentro de la máquina estaba próximo a vencer. Todo muy lindo y bien marketinero.

"Perfeccionado por la Tierra", decían las publicidades de Juicero. "Prensado por nosotros". Si la máquina era el iPhone gigante que exprimía jugos varios, los paquetes de productos eran las aplicaciones que bajamos por centavos (de dólar, obvio). Toda la estética, de hecho, estaba armada al estilo de Apple.

Y convencieron a todos: los inversores le dieron u$s 70 millones tras una ronda Serie B. Y entonces llegó un fatídico video publicado por Bloomberg (que es muy gracioso y lo pueden ver acá) y, como suele decirse, el sueño terminó. Mostró lo que, con el diario del lunes, era obvio: los "paquetes de producto" eran pulpa de fruta que uno podía apretar con las manos y sacar el jugo. Ergo, no hacía falta toda la parafernalia tecnológica: ni la app, ni el QR, ni las planchas de metal que podían crear suficiente presión "para levantar dos autos Tesla". O sea, un fraude hecho y derecho.

"El valor de Juicero es más que un vaso de zumo prensado en frío. Mucho más", dijo Dunn en aquel entonces. Ese valor incluía paquetes de productos "calibrados por sabor". Incluía los "datos conectados" que Juicero utilizaba para gestionar su cadena de suministro. O el hecho de que Juicero podía "desactivar remotamente los paquetes" si había algún inconveniente con el producto en su interior.

Para septiembre de 2017 Juicero terminó por cerrar después de intentar rebajar las máquinas a u$s 400 y recortar su personal en 25%. Nada funcionó. Fue, dicen algunos, un desastre de prensa. O fue el hibris de Silicon Valley, esa arrogancia de querer ir más allá -decían los griegos- de los límites impuestos por los dioses. En este caso, digamos nosotros, el mercado. No se le puede poner conectividad y tecnología a cualquier cosa: no es lo mismo los taxis (con precios fijos y una cartelización de la oferta) que una máquina de hacer jugos. Tiene que existir una verdadera oferta de valor que se incluya en el proceso: en el caso de las cápsulas de café, además de todo lo lindo que se ve, está la comodidad y los práctico de las cápsulas pequeñas. En el caso de Juicero, los paquetes eran gigantes y todo el proceso resultaba incómodo. Es decir: dependía exclusivamente del marketing.

Hay muchas moralejas en esta historia (y qué decir en la de Theranos) pero creo que la más importante es sencilla: la verdadera innovación tiene que crear valor. Verdadero valor.. O será tan sólo una movida de prensa.




cronista