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BANCO HIPOTECARIO

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Elecciones 2021 Schiaretti y el Frente de Todos cada vez más lejos

 Es sabido que Córdoba ha sido una provincia determinante para el triunfo de Mauricio Macri en 2015 y 2017, y que el lazo que une al gobernador, Juan Schiaretti, con el Grupo SOCMA y con el propio ex presidente, es mucho más sólido y mantenido en el tiempo, desde hace cuatro décadas.


En las elecciones de 2019 Schiaretti hizo gala del proyecto de “cordobesismo”, para definir una política que privilegia la autonomía provincial y le otorgue la suficiente plasticidad para acomodar sus alianzas a los intereses propios, personales y provinciales. Así fue que respaldó tibiamente a la fórmula del Frente de Todos cuando su victoria ya era irreversible. En una provincia donde el sentimiento antiporteño y la producción agraria tienen una importancia determinante, el cristinismo ahora -y el kirchnerismo antes- han tenido muy pocas chances de consolidación.

Las elecciones legislativas nacionales de este año reavivaron el fuego entre schiarettistas y cristinistas. El aval de la vicepresidenta a la renovación de la banca legislativa en el Senado de Carlos Caserio y la exigencia de un generoso reparto de cargos para las huestes del actual senador –y principal adversario del gobernador dentro del pan peronismo- fueron demasiado para Schiaretti, quien, una vez más, decidió demostrar quién es el que manda en la provincia mediterránea.

Para Alberto Fernández es un nuevo dolor de cabeza, ya que precisa al gobernador cordobés tanto por sus votos legislativos, cuanto para contar con un respaldo significativo ante el avance del tsunami Cristina sobre su administración. Pero, como sucede sistemáticamente, la debilidad de Alberto frente a su vice se impone ante cualquier otra relación de fuerzas. Y ahora Córdoba no fue la excepción.

El ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, viajó a Córdoba para anunciar nuevas obras. Pero ni bien arribó fue cercado por Carlos Caserio y Gabriela Estévez, quienes son número puesto para encabezar las listas legislativas del Frente de Todos en la provincia, escindido de Schiaretti. De ahí salió la primera foto de campaña y una definición política de ruptura concretada.

Si bien Katopodis y Schiaretti se reunieron en el Centro Cívico de todas formas, se trató de una formalidad. Ya quedaba claro que el gobierno nacional y el cordobés marcharían a la contienda electoral como adversarios. En ese encuentro, el ministro hizo un "repaso crítico" de las obras inconclusas de nación en la provincia durante la gestión de Macri, y de los generosos fondos enviados por Alberto Fernández. El gobernador lo observaba con cara de póker, recordándole tácitamente que lo que pasó, pasó, y que ahora lo que importa es lo que queda por delante.

"Es la impronta de Córdoba, la impronta de autonomía. Acompañamos cuando las cosas son buenas y podemos no acompañar cuando no son buenas para la provincia”, le respondió lacónicmente el gobernador.

Para certificar la ruptura, Schiaretti aprovechó la visita de Katopodis para inaugurar un puente sobre el Río Suquía, rodeado exclusivamente por sus candidatos, su tropa y dirigentes no cristinistas de la provincia, tanto propios como extraños.

A medida que la ruptura se fue evidenciando, cada una de las partes hizo sus jugadas. Schiaretti para atrincherarse en su provincia. El gobierno nacional para tratar de “comerle el territorio”. Así fue que el legislador cacerista Rodrigo Rufeil fue designado secretario de Transporte de la Nación, cargo al que asumirá este miércoles. Desde allí administrará los subsidios, esenciales para garantizar la continuidad de un desvencijado y obsoleto sistema de transporte público cordobés.

También Caserio podrá atribuirse un nuevo logro durante la campaña, a través de Rufell: dentro de dos meses –de no mediar inconvenientes- llegará el Ferrourbano a Córdoba capital. De este modo, la más ambiciosa promesa de campaña del actual intendente, el schiarettista Rodrigo Llaryora, se concretará gracias a sus rivales electorales en la próxima elección.

La ofensiva contra Schiaretti no sólo provendrá del ministerio de Transportes. Hay otro funcionario clave en esta ofensiva: el cordobés Martín Gill, el número dos de Katopodis, secretario de Obras Públicas de la Nación.

“Cemento, obras públicas y ATN” para los intendentes que se sumen es la consigna que esgrime Gill, alguien que conoce al dedillo tanto la realidad cordobesa como el espinel del estado nacional. 


(www.REALPOLITIK.com.ar)