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RECUPERACIÓN CON SEÑALES MIXTAS

 Los indicadores agregados y sectoriales de actividad económica del INDEC continuaron mostrando señales de recuperación económica hasta los últimos días del año 2020. Tanto el indicador de la producción industrial como el de la construcción tuvieron sendas variaciones positivas en comparación mensual e interanual en el mes de diciembre pasado.

Mientras que la producción industrial avanzó casi 1% en relación al mes de noviembre (sin estacionalidad), en comparación interanual ya muestra un nivel de actividad 5% superior al de diciembre de 2019. Similar fenómeno, pero con mayor intensidad, mostró la actividad de la construcción medida mediante la compraventa de materiales de la actividad. Avanzó 4,3% desestacionalizado en relación a noviembre y se encuentra un 27,5% por encima del valor de diciembre 2019. Como solemos aclarar, este indicador no refleja estrictamente el avance de obras de la construcción sino solo la compraventa de materiales, motivo por el cual esta expansión está mostrando una recuperación en el avance de obras, pero más aún un comportamiento precautorio por parte de muchos sectores mediante el acopio de materiales.

Luego de constatar que la actividad económica argentina en su conjunto mostró una recuperación de 1,4% desestacionalizada en noviembre, los avances de diciembre en dos sectores de gran relevancia para el total del PBI hacen pensar que el año 2020 cerró con números positivos.

Sin embargo, el análisis de una parte relevante del mercado laboral matiza el panorama optimista. Según los registros laborales del Ministerio de Trabajo de la Nación, durante el mes de noviembre 2020 se registró la primera variación negativa desde el mes de mayo en el número de trabajadores totales registrados (en blanco). La caída del 0,3% en relación a octubre implica una pérdida de algo más de 30.000 empleos privados y se encuentra explicado en su totalidad por una disminución en la cantidad de trabajadores monotributistas y autónomos, mientras que los trabajadores asalariados se mantuvieron estables con respecto al mes anterior, sin poder compensar el efecto negativo.

Como puede verse en el siguiente gráfico, desde el mes de mayo, los registros laborales venían mostrando una recuperación en la cantidad de trabajadores privados en una dinámica que acompañaba a la recuperación de la actividad económica general luego de las fuertes caídas de marzo y abril.

Sin embargo, esta tendencia se habría interrumpido en octubre y revertido en noviembre. Al desagregar el número total de trabajadores privados, se identifica que los trabajadores asalariados están estancados desde hace cuatro meses y que la recuperación desde agosto venía siendo motorizada por el aumento de monotributistas y autónomos; fenómeno que no se repitió en noviembre último.

La dinámica que en los próximos meses tome el mercado laboral será crucial para determinar si esta señales mixtas que estamos viendo son solo un fenómeno transitorio que se corrige o si, por el contrario, son indicios que estarían indicando que el proceso de recuperación de la actividad económica es más débil y menos consistente que lo que aparenta. Que la actividad económica se esté recuperando sin recuperar los niveles de empleo registrados previos podría ser un indicio de que las perspectivas empresariales son pesimistas acerca de la sostenibilidad de la recuperación. También, y no excluyentemente, podría estar ocurriendo que el mercado laboral esté saliendo más precarizado de esta crisis económica, mediante una mayor participación del empleo no registrado respecto del registrado (no captado por las estadísticas del Ministerio de Trabajo). Si este fuera el caso, estará ocurriendo una recuperación del empleo “en negro”, como consecuencia también de perspectivas poco claras a futuro que llevarían a las firmas a mantener a los empleados en una situación de mayor flexibilidad ante eventualidades o como consecuencia de un deterioro marcado en la rentabilidad empresarial.

Otra variable de importancia en el mercado laboral tiene que ver con la dinámica del salario real. Como puede apreciarse en el siguiente gráfico, los salarios registrados privados acumulan tres años consecutivos de reducciones en su poder adquisitivo. Comparando noviembre 2020 con noviembre 2019, la reducción es significativamente menor que en 2018-2019, terminando casi estable en relación a finales de 2019.

La expectativa oficial es lograr una recuperación del salario real a lo largo del 2021 y, principalmente, en los próximos meses de cara a las elecciones de medio término. Sin embargo, y a la luz de los últimos datos de inflación (enero habría estado nuevamente en torno al 4% mensual), el cometido parece difícil de lograr, más aún si el Ministro Guzmán sigue empecinado en lograr una inflación del 29% como la establecida en el Presupuesto. Para que esta meta sea alcanzable con algún grado de probabilidad, el Ministerio estaría dispuesto a “coordinar paritarias” en valores no muy superiores a este guarismo. Pero, con expectativas empresarias mucho más cerca del 50% para la inflación anual, ambas visiones no son consistentes. Si Economía insistiera en querer guiar la nominalidad de la economía en torno al 30% corre el riesgo de que los salarios reales vuelvan a deteriorarse en 2021 y la recuperación se interrumpa con seguridad. Pero si no lo hace, el propio Ministerio estaría boicoteando su meta. Ese es el problema de haber puesto una proyección incompatible con el resto de las variables macroeconómicas. El desafío está a la vista.





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