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Covid19 puso en evidencia las desigualdades preexistentes

 Inka Mattila, reflexiona sobre el año y las nuevas oportunidades y lo que significan para el país. El PNUD presentó su Informe global sobre Desarrollo Humano 2020: “La próxima frontera: desarrollo humano y el Antropoceno”, qué destaca? Como cada año, el PNUD presentó el Informe que mide el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de los países. En esta 30° edición, se introduce una variable experimental que analiza cómo el progreso humano se ha logrado a costa del planeta, y cómo se hace cada vez más evidente que es un lujo que no nos podemos permitir.

El reporte señala que ningún país en el mundo ha logrado un desarrollo humano alto sin contribuir a dañar el planeta, y que estas presiones han exacerbado las consecuencias para la humanidad, la pandemia siendo una de ellas.

En RD, el informe indica que man- tiene su categoría de desarrollo humano alto (con datos correspondientes al 2019). Sin embargo, al ajustar el índice de acuerdo con las presiones planetarias, pierde 3.8% de su calificación. El mensaje del nuevo informe es que ante la nueva era geológica que nos encontramos, el Antropoceno o era de los seres humanos, tenemos el poder de transformar y moldear el futuro, asumiendo la responsabilidad de nuestro impacto sobre el planeta y los desequilibrios sociales, y corrigiendo el curso hacia una nueva frontera de desarrollo humano con la sostenibilidad al centro.

¿Qué deberá hacer la RD para lograr una transición exitosa hacia una era post-COVID con esta nueva frontera en mente?

La crisis de COVID-19 amenaza con arrastrar a 500 millones de personas de vuelta a la pobreza, revirtiendo avances logrados. En la RD, como en otros países de la región de LATAM y el Caribe, la crisis está interactuando con las desigualdades preexistentes y creando nuevas brechas, impactando los medios de vida ya precarios de las poblaciones más vulnerables, afectando el sector laboral (especialmente el informal), e impactando de manera desproporcionada a las mujeres.

Para lograr una recuperación exitosa, hay que mirar hacia el futuro; no volver a la vieja normalidad que nos trajo hasta aquí.

Debemos aprovechar este momentum para tomar decisiones críticas que transformen sistemáticamente nuestras sociedades desde una visión más inclusiva, sostenible y resiliente para aguantar choques externos, siguiendo la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible como hoja de ruta integral. No solo urge recuperar, sino recuperar mejor.

Actualmente estamos “viviendo a crédito”, usando 1,5 veces más recursos naturales de los que tenemos, debido a los patrones tradicionales de producción y consumo. Como apunta el IDH 2020, si no cambiamos ahora, la crisis de COVID-19 no será la última de esta magnitud. Será importante trabajar con – y no en contra de – la naturaleza. Muchos países están adoptando el potencial de las soluciones basadas en la naturaleza. El IDH 2020 destaca la importancia de mejorar los incentivos que influyen nuestras decisiones. Por ejemplo, poner al carbono su precio real e invertir en energías renovables.

La implementación efectiva del Acuerdo de París es central. En este proceso de repensar cómo nos relacionamos con el planeta, es vital cambiar las normas sociales y sistemas de gobernanza; es imperativo sumar los esfuerzos de toda la sociedad, incluyendo el sector privado, que juega un papel neurálgico en los esfuerzos de reactivación económica. También será importante mitigar los efectos de la COVID-19 sobre las poblaciones más vulnerables y tomar acciones diferenciadas para proteger a los grupos en mayor desventaja, como las mujeres, la población LGBTI, personas con discapacidad y personas migrantes, y reforzar los mecanismos de rendición de cuentas y transparencia del Estado, con medidas innovado- ras que coloquen a la ciudadanía al centro de la atención. La crisis de COVID-19 ha puesto en evidencia la importancia de digitalización con lentes de inclusión.

¿Es posible lograr esta recuperación socioeconómica con un desarrollo económico sostenible y en armonía con el planeta?

No solo es posible, sino absolutamente necesario, y la RD está en buena posición para lograrlo. Como pequeño Estado insular en desarrollo, el país ha visto sus medios de subsistencia y economía dramáticamente alterados por la pandemia. Asimismo, enfrenta altos riesgos frente a choques climáticos y desastres, con un 30.2% de hogares en condición de alta vulnerabilidad frente a estos choques.

Precisamente por esto, también tiene la oportunidad de liderar esfuerzos de innovación por un desarrollo sostenible, y transformar los modelos tradicionales de crecimiento. Como país en pleno desarrollo, tiene la posibilidad y la capacidad de catalizar el cambio, marcando los estándares para una transformación digital inclusiva y accesible a todos, y estableciendo una tendencia de crecimiento sostenible, impulsando la economía azul (preservación de los océanos) y las soluciones locales.



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