BANCO HIPOTECARIO

https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

¿Ajuste o no ajuste?: esa es la pregunta

 El presupuesto para 2021 prevé un déficit fiscal primario de algo más de 8% del PIB en 2020 y de 4,2% del PIB en 2021. Al momento de confeccionarlo, se proyectaba que 40% del déficit del año próximo se financiaría con colocación de deuda en el mercado local, en tanto el resto con emisión monetaria.

Desde la fecha de elaboración del presupuesto a hoy la inestabilidad macroeconómica medida por la ampliación de la brecha cambiaria y el aumento del riesgo país parece haber convencido a una parte del gobierno de la necesidad de reducir la emisión y el desequilibrio fiscal proyectados previamente. Se especula con que se apuntaría a un déficit antes del pago de intereses de 3,75% del PIB y que se trataría de financiar con deuda el 60%.

¿Cuánto debería reducirse el déficit fiscal a medida que la economía se normaliza? Conceptualmente hay que ajustar el presupuesto por el ciclo. Una forma alternativa es mirar qué proyectan los países de la región. De acuerdo a los datos del presupuesto 2021 para Argentina reflejados en el siguiente cuadro y siguiendo las últimas proyecciones del WEO del FMI para los otros países se observa que:

  • 1- La política fiscal argentina habría sido de las más laxas de la región ya que el aumento en el desequilibrio primario observado entre 2019 y 2020 fue sólo inferior al registrado en Brasil. Esa conclusión no se modifica si el déficit primario argentino resulta del orden de 7% del PIB; sólo bajaría un par de escalones en la tabla.
  • 2- La política fiscal argentina seguiría siendo de las más laxas en 2021 con la proyección de déficit primario sólo superada por Bolivia. Tampoco cambia la posición si se utiliza 3.75% en lugar de 4.2% del PIB.
  • 3- En lo que tiene que ver con la muestra del nivel de PIB proyectado para 2021 en relación con 2019, la Argentina se ubica dentro de los países con mayor recesión acumulada de la región, lo cual podría justificar un mayor desequilibrio fiscal. Pero esto pierde validez cuando se observa que los otros cuatro países con caídas importantes entre 2021 y 2019 proyectan déficits primarios inferiores a los que proyecta el gobierno argentino (modesto superávit en México, déficit de 1,3% en Ecuador, de 2,6% en Perú y de 2,9% en Colombia).

¿Qué es más probable? ¿Que todos los gobiernos de la región hayan errado en su política fiscal o que la que prevé el gobierno argentino para 2021 sea demasiado laxa?

Es obvio además que el resto de los países tiene un margen de maniobra muchísimo mayor que el que tiene nuestro país. Pueden endeudarse a tasas bajas en moneda extranjera o local y no dependen de la emisión monetaria. No tienen brechas cambiarias significativas ni inflación alta. A pesar de todo ello, proyectan déficits primarios menores a los que pretende lograr el gobierno argentino.

Tampoco parece que haya espacio para aumentar significativamente la deuda local por encima de los vencimientos o recibir más desembolsos netos de los organismos multilaterales. Y ya vimos qué el voluntarismo de recurrir a la emisión tiene patas cortas.

El Gobierno está atrapado entre la inconsistencia de un relato que le queda bien a su base política pero que espanta a los que ahorran e invierten. Para salir de esa trampa no alcanza con bajar la brecha cambiaria en forma transitoria colocando bonos en el sector privado a tasas extravagantes o por hacer tibios anuncios de supuesta moderación fiscal.

Más bien se requiere un programa fiscal más contundente complementado con reformas estructurales que reduzcan los sobrecostos que enfrenta el sector privado, sobre todo para la creación de empleo asalariado formal. Otra opción sería esperar que la soja siga subiendo, que no habrá sequía, que el FMI nos dará fondos frescos; en suma, apostar una vez más a que Dios es Argentino (Julio de Grazia dixit en la película Plata Dulce).

Daniel Artana
Economista jefe de FIEL