https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

El emisario secreto de Alberto Fernández que ayudó a cerrar el acuerdo por la deuda

El Presidente quería constatar si se negociaba de buena fe y que desde Estados Unidos no había un boicot contra la Argentina. El convenio genera un importante alivio financiero hasta el final del mandato.

Larry Fink, el poderoso banquero de Manhattan fue directo: “Nuestro reclamo se trata sólo de una cuestión económica y lo defendemos, porque lo consideramos justo”. Hizo una pausa. Y remató: “Nuestra resistencia es económica y no política al gobierno de su Presidente”. También dijo: “Si pactamos las condiciones, vamos a cumplir nuestra palabra”. El interlocutor del jefe de BlackRock fue un importante emisario de Alberto Fernández​. Sergio Massa estuvo a cargo de transmitirle al Presidente el resultado de la misión.
Ocurrió cinco días antes del cierre del convenio con los “lobos” de Wall Street. Exactamente, el miércoles 29 de julio.
La comunicación sirvió para garantizar que se negociaba de buena fe y que desde EE.UU. no había un boicot contra Argentina. La misión del emisario buscó garantías de que el cierre de un acuerdo iba a ser cumplido por los “lobos” de Manhattan. Fue cuando solo había nubarrones en la negociación y las peores –infundadas- teorías conspirativas circulaban en Buenos Aires.
Había un grupo de dirigentes del oficialismo y empresarios vinculados a la Casa Rosada que hablaban de la necesidad de desplazar a Martín Guzmán para facilitar el cierre. Habían hecho contactos y propiciaban la vuelta de Roberto Lavagna​. El ex ministro los desautorizó y se recluyó en su chacra de Cañuelas.
El cierre del convenio estuvo en manos del Presidente y el ministro de Economía. Guzmán quedó fortalecido y alejó las peores pesadillas. Ahora es el “primus inter pares” entre los ministros del área económica. Ambos tuvieron que tragarse sapos y mostrar una fuerte dosis de pragmatismo. La propuesta final exigió aumentar en 16.500 millones de dólares, aquello que anunciaron en abril como inmodificable.
También obligó a que Economía archive un supuesto mandamiento: los límites que imponía el FMI a la sustentabilidad de la deuda. Cristina Kirchner monitoreó la operación y tuvo un asesor estrella: el petrolero Miguel Galuccio.
La vicepresidenta elaboró –en su historial- relatos contestatarios, pero siempre cumplió a rajatabla con los “lobos” de Wall Street. Ahora fue un apoyo clave para Guzmán: hace 10 días instó a que no dilatara y cerrara el acuerdo. Cristina –a fines del 2018– condicionó su propia candidatura presidencial a la opinión de los centros internacionales. Para eso, pidió un informe secreto sobre la opinión de Manhattan sobre su proyecto de volver a la Casa Rosada.
El trabajo se lo encargó al propio Alberto y el informe confidencial lo hizo Guillermo Nielsen. La conclusión fue concreta: con Cristina en la Casa Rosada, se haría difícil un acuerdo con Wall Street y Argentina podría entrar en mayor desbarranco económico.
Ese informe la convenció de no ir por la Presidencia y fue un motivo esencial del armado político con Alberto Fernández.
El actual acuerdo con los “lobos” de Wall Street se cerró después de 16 horas de negociaciones continuas entre Guzmán y Jennifer O'Neill. La maratón ocurrió el domingo y el lunes a la mañana. Después vino la fumata.
El convenio genera un importante alivio financiero hasta el final del mandato del Alberto. Una suerte de “tregua” con Manhattan. Pero a partir del 2025, los números vuelven a ser pesados para la economía. Alberto -de todos modos- logró un oxígeno financiero importante y evitar el default definitivo fue el único logro que tiene –hasta ahora– su gestión.
El convenio estaba virtualmente cerrado el 23 de julio. Clarín anticipó sus detalles y precisó –un día después en su edición papel– que los “lobos” de Wall Street informaron que era inminente el acuerdo a un valor de 54,9 dólares. La diferencia fue de solo un centavo.
Unos veinte días antes, la UBS hizo gestiones para acercar las posiciones. La tarea estuvo a cargo de los banqueros Enrique Vivot y Federico Isenberg. Pero el último fin de semana de julio hubo un intento rupturista. De ambos lados. Fue eso lo que motivó que el emisario del Presidente hablara con el mandamás de BlackRock. La Quinta de Olivos quería saber si los “lobos” estaban a favor de un acuerdo o de voltear la negociación y al ministro.
También obedeció a criterios inflexibles del Palacio de Hacienda y a provocaciones personales inadmisibles de los duros de Manhattan. Gerardo Rodríguez pedía la cabeza de Guzmán y descalificaba al principal negociador argentino: difundía apodos despectivos contra Guzmán, que circularon en Manhattan para desacreditarlo. Joseph Stiglitz​ -el mentor del ministro– metió innecesaria presión. En medio de la delicada situación, salió a tirar piedras: “Los acreedores son recalcitrantes y miopes”.
En Manhattan interpretaron que era una respuesta del propio Guzmán a las ofensas que recibía. Pero las dudas se abrían. David Martínez, el titular del Fintech –y siempre a favor del convenio-, interrogó el último sábado: “¿El ministro quiere romper la negociación, para justificar sus cátedras de Columbia?”.
Las teorías rupturistas dejaron paso a las posiciones racionales. La resolución de la crisis deja en claro una cuestión: Argentina está tan débil, que no tiene espacio para más locuras económicas. Vicentin es otro ejemplo. El convenio externo es una condición “necesaria” pero no “suficiente” para intentar salir de la tormenta perfecta que azota la economía. La tensión del dólar de este jueves reflejó lo efímero de los festejos y que Argentina necesita un plan de desarrollo. La Casa Rosada debe tomar medidas inmediatas y calientes. Una es el aumento de los combustibles. Ahora la decisión la tiene Guzmán.
Las petroleras están en alerta por una decisión polémica del Senado que maneja Cristina: dio marcha atrás en la decisión del Estado de compensar variaciones del tipo de cambio en el precio del gas. Venían de la época de Mauricio Macri​ e implican millonarias pérdidas. Las firmas más perjudicadas son la ex Enarsa e YPF. La cuestión castigará –aún más- el balance de la petrolera estatal, que dará un rojo profundo el martes.
Guzmán expuso el miércoles sus próximos pasos, en una reunión en el Palacio de Hacienda. Estuvieron Máximo Kirchner, Sergio Massa, Wado de Pedro y Santiago Cafiero. El almuerzo fue para “festejar” el acuerdo con los bonistas, pero hubo dos definiciones trascendentes. La primera, política, estuvo a cargo de Máximo​. Entre rizas y jaranas el joven diputado mandó un Exocet: “Martín: hasta acá fue un cheque en blanco. De acá en más, lo que no discutimos de antemano, yo no lo voto”. Fue testigo Sergio Chodos, el argentino en el FMI.
Los dichos de Máximo se conocieron en Washington. Guzmán anticipó que ya envió una carta personal a Kristalina Georgieva. En ese texto, Argentina renunció a utilizar el dinero pendiente del frustrado acuerdo con Macri. Emisarios del FMI​ ya tuvieron, en estos días, reuniones con banqueros y economistas argentinos. Participan Luis Cubeddu y Julie Kozach desde Washington y Trevor Alleyne en Buenos Aires.
El trío desmintió la visión “romántica” de la Casa Rosada: que será sencilla la negociación con el FMI. El FMI comunicó al Palacio de Hacienda las tres urticantes claves de la inminente negociación: quiere un plan de facilidades ampliadas y compromiso de Alberto para reformar el sistema previsional y las leyes laborales. Va a haber choque de planetas.

Marcelo Bonelli