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37º Congreso Anual del IAEF


 


En el día de hoy, se llevó a cabo la segunda jornada del 37º Congreso Anual del IAEF (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas) sobre Política y Sociedad. Este año en formato de modalidad online.

A continuación, un resumen de los principales expositores:


Mariel Fornoni – Socia Directora de Management & Fit.

Las medidas sobre la pandemia tuvieron en un comienzo 92% de aprobación. La situación fue variando: hoy 60% todavía aprueba las medidas, pero creció la preocupación por la economía.

Hay sectores sociales con mayor facilidad para cuidarse: por ahorros, acceso a la educación y la salud. Quienes más miedo tienen son los sectores más indefensos. Uno de cada cuatro argentinos recibe asistencia alimentaría.

Hoy Alberto Fernandez tiene 46% de aprobación. Es el mismo nivel que cuando comenzó la pandemia. Si bien ha perdido el liderazgo que generó durante los dos primeros meses de la pandemia. Axel Kiciloff tiene 37% de aprobación, en tanto Rodríguez Larreta tiene 67% en la CABA.

Los cinco meses de cuarentena pusieron a muchos argentinos en una situación muy compleja. En un comienzo, muchos que no votaron a Alberto apoyaron su gestión, mientras pensaron que llevaba adelante una gestión independiente: liberación de presos, algunas causas de corrupción, el tema Vicentin y la reforma judicial afectaron su imagen.

La percepción del poder de Cristina empezó a erosionar la capitalización de votantes de distintos votantes por parte de Alberto.

Hoy vemos dos segmentos sociales: uno, más preocupado por la pandemia, y otro segmento, quizás no tan preocupado por la salud pero sí por la corrupción: casi 30% de encuestados, sumado a la inseguridad y las cuestiones económicas. Y el aumento del desempleo.

Lo que viene en liderazgos, frente a la próxima elección. 56% de la gente no está de acuerdo con la reforma judicial.

Hoy, no están dadas las condiciones para esa reforma. La próxima elección se va a terminar jugando como si fuera una elección ejecutiva. Como sucedió ya antes en otras elecciones legislativas. El eje va a tener que ver con la “puesta en escena” de Cristina.

Para la oposición fueron difíciles los dos primeros meses. Creció mucho el liderazgo de Larreta, por estar gestionando.

Hoy la oposición tiene un rol de control de gestión, de contralor del ejecutivo. Sus figuras: Vidal y Macri han estado muy callados, dejando hacer al gobierno. La gente valora los liderazgos moderados. Por eso crece Rodríguez Larreta.

Mientras el discurso de Alberto Fernández empezó a parecerse cada vez más al de Cristina. Pero la sociedad reclama moderación.

Frente a las elecciones legislativas resurge la opción: Kirchner sí, Kirchner no.
Larreta tiene el primer lugar en imagen nacional, seguido por Alberto Fernández, Vidal, Kiciloff y Macri. Macri tiene 20 puntos de imagen positiva y Cristina, 30. Pero ambos tienen 55 puntos de imagen negativa.

Otras figuras de la oposición: Bullrich, Pichetto, Loustaeu, con un nivel de conocimiento nacional bajo.

Que aparezca la corrupción como preocupación social es llamativa en este contexto de emergencia sanitaria: la reforma judicial la hizo “explotar”. Aunque la inseguridad preocupa siempre. No parece ser el momento de que estallen reclamos como “que se vayan todos”: los dichos de Duhalde son desopilantes.

Vamos a llegar a una elección en la que el gobierno va a tener que contraer el gasto, en vez de expandirlo. Esto podría generar un deterioro favorable a los sectores radicalizados. Pero predomina la incertidumbre.


María Eugenia Vidal - Ex Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.

Llevaba quince años trabajando en áreas críticas. Me siento honrada de que el vínculo con la gente se sostenga.

¿Por qué caemos de una crisis en otra? Los argentinos nos sentimos como el hámster en la rueda. Siempre volviendo al mismo lugar. En muchas décadas no logramos resolver la tensión entre el equilibrio social y el macroeconómico. Cuando no hay consistencia económica para las políticas sociales, termina en crisis económicas. Y viceversa.

La democracia representativa está en crisis: los estados cada vez le pueden dar menos respuestas a las demandas de la gente, es un estado poco eficaz. Y eso frustra, agobia a los ciudadanos. En Argentina se suma el deterioro del sistema educativo. Que supo garantizar la movilidad social.

Hay una política exterior inconsistente frente a temas como Venezuela, el Mercosur o las relaciones con la Comunidad europea. No es sólo con lo nuestro que vamos a crecer.

Sin poder judicial independiente no hay garantías de democracia y libertad.

¿Cómo salir de la confrontación permanente? Es posible, necesario e inevitable, no hay manera de salir adelante sin enfrentar esta tensión. Hoy estamos yendo al 40% de pobreza. Hay que reconocer esa realidad para ir al consenso. Si no lo logramos, la sociedad va a buscar a otros que la dirijan.

Si durante nuestro gobierno faltó consenso fue más nuestra responsabilidad que de la oposición. Y hoy sucede lo mismo: es el oficialismo el que debe buscar el consenso. No podemos ser hoy indiferentes a una convocatoria al diálogo.

Pero la independencia del Poder Judicial no es negociable.

No me resigno a decirle a los argentinos que deben esperar tres años para nuestro regreso.

Decir siempre que sí es fácil. Tanto como decir siempre que no. Lo difícil es ser una oposición que defina cuándo decir que no o que sí.

No veo a los argentinos pidiendo que se vayan todos. Veo a una sociedad movilizada, como el 17 de agosto. En 2019 el Frente de Todos propuso a la sociedad “un kirchnerismo mejor”. Por eso cada vez que eso se puso en crisis la sociedad salió a recordarle al gobierno que no está dispuesta a tolerar volver a prácticas anteriores al 2015.

Si no damos respuestas, la sociedad va a cambiar de dirigentes. No veo a una sociedad exigiendo que se vayan todos sino movilizada frenando el abuso de poder.

No sé si participaré de las elecciones, trabajo en la actividad privada. Aunque la vocación política sigue estando en mí.

El problema argentino no es económico, es político. Tenemos que definir qué y a quiénes vamos a privilegiar, la equidad no es opuesta al mérito, hay que premiar al que más se esfuerza. Si se promueve le grieta, el camino que nos espera será el mismo de los últimos 17 años.

Hoy la política ya no puede tomar decisiones al margen de la movilización social.

El trípode del jefe de gobierno, el gobernador de la provincia y el presidente es muy importante, es un espacio de consenso que se sostuvo en los últimos cinco meses, la gente lo ha valorado. Falta que lo registre la dirigencia política.

¿Hay blandos y duros en Juntos por el Cambio? Después de las muchas peleas que di como gobernadora, incluso dentro de mi agrupación, que me califiquen de “blanda” me sorprende. No hace falta descalificar ni gritar. Tenemos un desafío que venimos ganando todos los días: el de la unidad. Tenemos que construir una nueva mayoría. Es una tarea que nos debemos entre todos. Juntos por el Cambio es el espacio para el mejor gobierno posible.

No tengo ninguna duda de que Juntos por el Cambio va a llegar unido a las elecciones del año próximo. Estamos creciendo en el sentido cualitativo. Las diferencias nos van a hacer mejores. Y cuanto más nos ataquen, más nos van a fortalecer.


Daniel Kerner - Director del equipo de América Latina de Eurasia Group.

La pregunta más relevante hoy es si esta pandemia y esta crisis representa un cambio estructural a nivel internacional.

Creo que no. Ya antes de la pandemia había un creciente nacionalismo, empresas repensando sus formatos y un fuerte cambio en las relaciones entre EEUU y China. De este último factor dependerá el nuevo orden global.

Habrá una creciente tensión entre ambos países. Afectará mucho el comercio internacional, más allá de quién gane las elecciones en EEUU. Estas batallas se van a ir dando en todos los países.

América latina tiene problemas desde antes de la pandemia: esta crisis va a acelerar las tensiones de antes de la crisis. Los países van a salir muy debilitados. Fuerte deterioro fiscal y creciente discusión sobre suba de impuestos. Entre 2021 y 2022 va a haber elecciones en casi todos los países de América latina. Algunos saldrán algo mejor posicionados, como Chile, Uruguay y Perú. Brasil es el único país donde hay cierto consenso sobre reformas que mejoren las condiciones de los negocios. También México, que está muy integrado a EEUU.

En Argentina se discuten todavía cuestiones ya superadas en otros países, como la inflación y el déficit fiscal.

No tengo la respuesta sobre Argentina, es difícil ser optimista.


Andrés Malamud – Politólogo.

La situación del mundo es confusa. Hay una transición hegemónica que no puede resolverse por la guerra. Es muy improbable que colapsen en el corto plazo China y EEUU. El mundo no está preparado para esto.

Lo que hoy se define es quién controla la tecnología, la información, la inteligencia artificial.

El ordenador del mundo es la demografía. Occidente se está transformando de centro en periferia. El actual orden mundial lo inventó EEUU hace 70 años. Hoy debe cooperar con China. Pero esto depende de quién gane las elecciones en EEUU.

Las razones por las que EEUU y China confrontan es estructural. Hoy China controla muchas más organizaciones internacionales que EEUU, que hoy “se conforma” con controlar el BID.

El candidato que no sea antichino en EEUU pierde las elecciones. No habrá punto de inflexión. Trump es como los sindicalistas argentinos: golpea primero para negociar después. Lo que el gobierno argentino trata de hacer es patear la pelota para adelante: la declaración de servicio público no atenta contra la ley de gravedad. La clave está en el procedimiento: si puede el Ejecutivo regular esta materia en situación de emergencia. Lo de fondo se discute, el defecto es de forma: lo del DNU es el punto frágil.

Duhalde pone el termómetro en la sociedad y mide una alta temperatura. Pero el diagnostico no es el correcto. La pregunta es si hay que decirlo: cuando un hombre de estado dice algo, crea expectativas. Duhalde linda en este caso la irresponsabilidad.

En América latina ha crecido la participación militar: Brasil, Venezuela –donde los generales gobiernan a través del latrocinio, la tortura. El diagnóstico regional de Duhalde es correcto, pero no para la Argentina, donde los militares son todos formados en democracia. Es muy difícil que los militares tengan la logística y la tropa para dar un golpe.

La diferencia con el 2001 y hoy es que entonces salía toda la gente contra toda la dirigencia. Hoy la grieta neutraliza esa fractura social del 2001: hoy la gente no quiere que se vayan todos sino que se vayan los otros. Pese a todo, la grieta nos ofrece alternativas. Tenemos en la práctica un reconstruido sistema bipartidista. Aunque fracasamos en sentarnos a acordar las cosas mínimas. La democracia argentina está estable, más que en otros países de la región.

La sociedad argentina está dividida en dos: la única manera de avanzar es ponernos de acuerdo. Hasta hoy los únicos acuerdos fueron con la democracia y el Mercosur, pero sobre los grandes temas económicos no hubo acuerdo.
Alberto Fernández es un equilibrista, no es un líder.

Alberto generó la expectativa de gobernar con kirchneristas y gobernadores, donde tenía un pilar para apoyarse, pero optó por no hacerlo. Se entregó no al kirchnerismo sino al porteñismo. La incapacidad de apoyarse en la Argentina del interior.

¿Hay un apagón en las relaciones entre los presidentes de América latina? Macri y Cristina tenían visiones opuestas del mundo: para Macri el mundo era una oportunidad y para Cristina, una amenaza. Los dos tenían parte de razón.

Hay que hacer equilibrio: si Argentina elige, pierde. El interpresidencialismo fue muy importante desde la década del 80. Los latinoamericanos nos queremos mucho pero nos necesitamos poco. No tenemos demasiada necesidad de relacionarnos entre vecinos. Aumentan las amenazas, el vecino cada vez más va a ser un peligro que una oportunidad. Los estados latinoamericanos son frágiles, eso requiere más cooperación.
Pese a las restricciones, la gente en Argentina circula cada vez más. Hay un retroceso pandémico: le dio oportunidades a los gobernantes para que avancen sobre nuestros derechos. En Brasil y EEUU quedó claro que los ejecutivos no pudieron alinear a gobernadores. Algo que no sucede en Argentina. La democracia está generando anticuerpos contra el autoritarismo pandémico.