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Gorodisch: Por qué el impuesto Forbes puede provocar un alza del dólar

Si el impuesto a la riqueza pretende gravar exclusivamente los activos (tal como hoy hace el Impuesto Sobre los Bienes Personales) en lugar del patrimonio neto (activo menos deudas) esto podría llevar a una situación en donde una persona tenga que pagar el impuesto a la riqueza por superar sus activos el umbral de USD 3millones cuando realmente su patrimonio es mucho menor.
La contadora Florencia Fernández Sabella comenta: “Si se toman las características del impuesto sobre los bienes personales, los contribuyentes son considerados unidades tributarias independientes. Esto provocaría que un patrimonio familiar deba afrontar o no el impuesto a la riqueza en función de si el patrimonio se encuentra declarado por un solo integrante del núcleo familiar o dividido entre ellos”.
En cualquier caso, sostiene que la tabla del impuesto debería ser progresiva y no escalonada como se ha planteado en la actualidad la tabla de alícuotas diferenciales del impuesto sobre los bienes personales para bienes situados en el exterior respecto de los cuales no se ha ejercido la opción de repatriación.
A su vez, dice que el piso de los USD 3 millones debería ser evaluado considerando que ya existen impuestos en Argentina que gravan el patrimonio y la renta con tasas que han alcanzado máximos históricos. En este contexto, parecería que el umbral de USD 3millones resulta bajo si lo que se pretende es aplicar una tasa adicional del 2% en ese rango.”
El abogado, Diego Fraga sostiene que ni siquiera se trata de un verdadero impuesto a la riqueza, ya que alcanza a una buena parte de la clase media que tengan bienes registrables o ahorros declarados por aproximadamente u$s30.000: “Para peor, no permite la deducción de deudas, afectando patrimonios que en la realidad no son tales. Ni ocurrió el momento en que el gobierno haya podido cobrar la sobrealícuota aprobada hace pocos meses para el impuesto sobre los bienes personales que ya se proyecta agregarle otra, o un nuevo impuesto.
Cabe recordar que la falta de seguridad jurídica de los últimos años tuvo efectos devastadores en la economía y en la confianza de los contribuyentes. De pasarse a la cuasi eliminación del impuesto sobre los bienes personales (que venía atada al sinceramiento fiscal aprobado durante el gobierno anterior), se llegó a gravar la renta financiera (afectando a muchas de esas inversiones) y esto le terminó dando un golpe muy fuerte a la economía y al gobierno anterior.  La actual gestión restableció el gravamen y estableció un castigo para los activos fuera del país. Los resultados no fueron buenos, ya que varios contribuyentes con riquezas verdaderamente importantes se instalaron en plazas tributariamente más amigables. A ello se le pretende agregar ahora un nuevo golpe a la seguridad jurídica, amparándose en una crisis sanitaria, pero el daño que provocará esta reforma va a ser mayor que lo que se podrá recaudar. Los contribuyentes que puedan, interpondrán acciones judiciales para evitar o dilatar el pago del  nuevo impuesto, y la recaudación no será la esperada.
En otros países, donde todavía no existen impuestos al patrimonio, se está debatiendo acerca de la posibildiad de cobrar tributos extraordinarios a las grandes fortunas, pero se trata de montos muy superiores a los u$s 3 millones que se proponen como mínimo no imponible. Con el actual sistema impositivo, lleno de impuestos distorsivos en todos los niveles de gobierno (nacional, provinciales y municipales), es muy difícil que vuelvan las inversiones al país. Para generar confianza, el actual gobierno debería no sólo arreglar el tema de la deuda, sino también propiciar una profunda reforma del Estado que lo haga eficiente y reduzca gastos superfluos. En materia impositiva debería volverse a un esquema de razonable presión impositiva y, para generar fondos en un plazo relativamente rápido, debería aprobarse -cuando termine la actual crisis- una generosa moratoria y un blanqueo para todos aquellos fondos de residentes argentinos que deseen seguir apostando por el país”.
El contador Iván Sasovsky sostiene que el impuesto a las grandes fortunas no es otra cosa que el intento de aumentar aún más el Impuesto sobre los Bienes Personales que ya ha sido modificado e incrementado en el mes de diciembre pasado: “Independientemente de la discusión técnica al respecto, lo que tienen que entender los políticos es que la confianza ha sido socavada una vez más por la falta de compromiso y de seguridad jurídica que hacen que cualquier medida por más buena e interesante que parezca no resulta eficaz. La creación de impuestos para palear la crisis no ha sido la receta instaurada por ningún país, y si pretendemos hacerlo nosotros nos volveremos a equivocar y quizás perdamos la recaudación de este nuevo impuesto, la recaudación del impuesto sobre los bienes personales y la inversión que esa persona puede hacer en el país. Con estos impuestos la gente vuelve a analizar seriamente la posibilidad de emigración y suspenden sus planes de inversión y se profundiza la crisis. Por favor a la hora de pensar cómo se va a financiar el Estado, dejen afuera de ideología”.