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El doble desafío de la energía: hacia un mundo más verde y más grande

La energía se encuentra ante una auténtica encrucijada. La Primera Revolución Industrial llegó de la mano del carbón hasta bien entrado el siglo XX, cuando el petróleo se situó como la principal fuente energética a nivel mundial. Ahora, vivimos un momento de transición, donde el viejo mundo se muere y el nuevo todavía está lejos de aparecer.

Porque las renovables ya están aquí, pero tan sólo representan aún el 10,8% de la contribución al consumo de energía primaria a nivel mundial, según recoge el informe BP Statistical Review of World Energy 2019. El crecimiento a nivel global del consumo de energía primaria procedente de fuentes ‘limpias’ fue del 7% en el año 2018. En conjunto y a nivel global, el uso de combustibles fósiles representa aún hoy en día cerca del 85% del total de la energía primaria consumida. El petróleo supone un 33,6% del consumo energético a pesar de que ha ido perdiendo peso en los últimos años, el carbón hasta un 27,2% y el gas natural un 23,9%. La energía nuclear contribuye al ‘mix’ energético mundial con un 4,4%.
Más allá de las grandes cifras, el mundo actual demanda cada vez más energía por el aumento demográfico de los países emergentes y por la expansión industrial y tecnológica que se está experimentando en gran parte del planeta. Sin embargo, al mismo tiempo que ocurre esto, la sociedad también exige una transición energética más rápida con menos emisiones de carbono. De hecho, la Comisión Europea aboga por la neutralidad climática para 2050, pese a las fracciones que esto provoca en algunos países del este como Polonia, que cuenta con un sector minero muy potente.
En el seno de la Unión Europea, el país con el mayor número de gigavatios (GW) ‘renovables’ es Alemania con 120 GW, que se explica en parte por la decisión de ir progresivamente cerrando sus centrales nucleares, al tiempo que incrementa sus inversiones en energía solar, eólica y otra fuente renovable como la biomasa pese a ser un país con gran tradición industrial, según el informe de 2019 de la Agencia Internacional de las Energías Renovables.
En el caso del sistema eléctrico español, el pasado mes de octubre Red Eléctrica acreditó que la capacidad instalada de las fuentes de energía renovables alcanzó su récord en los 51,7 GW, lo que deja la capacidad eléctrica nacional en los 106,6 GW. Es decir, las energías renovables suponen el 48,5% del sistema eléctrico del país, aunque el consumo de los combustibles fósiles se acentúa en gran medida en el transporte donde los vehículos eléctricos e híbridos todavía representan una cifra muy baja del parque móvil español. Sólo el 0,32% de los turismos matriculados en España son eléctricos, según datos del Observatorio Europeo de Energías Alternativas de 2018.

Los emergentes toman el pulso

Con Donald Trump en la Casa Blanca y haciendo bandera del ‘fracking’ con el objetivo de alcanzar la plena soberanía energética sin depender de países terceros, tres son los Estados que junto a la Unión Europea más están haciendo por esta transición ‘verde’, aunque sin llegar a adquirir el compromiso público y la firme convicción del club de los 27. Pese a todo, EEUU cuenta con 245,25 gigavatios (GW) de capacidad eléctrica renovable instalada, lo que le deja como el segundo país con mayor capacidad del mundo tras China.
El gigante asiático cuenta con más 730 gigavatios (GW) de capacidad instalada renovable, lo que le convierte en el líder indiscutible de las energías renovables. “China es líder en instalación de renovables… pero es un país muy grande, en el que también hay mucho carbón aún, y mucha industria pesada intensiva en energía. Por tanto, aunque su tendencia de descarbonización es buena, tiene un reto muy grande”, explica Pedro Linares, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI).
Brasil es el tercer país con más gigavatios de potencia renovable del mundo hasta alcanzar los 135,67 GW gracias a la gran contribución que tienen en el país los biocombustibles y la energía hidroeléctrica. “El país latinoamericano tiene un sistema eléctrico muy basado en hidráulica, y por tanto de muy bajas emisiones, aunque con problemas ambientales y sociales, como muestra la nueva presa de Belo Monte. Y en transporte apuesta por los biocombustibles que tienen muchos problemas, por cierto, por sus emisiones de ciclo de vida, y su uso de la tierra. La contribución de Brasil a la transición energética y climática más bien vendrá por el uso de la tierra, y el control de la deforestación”, añade Linares.
India es la otra gran potencia en el campo de las renovables, dado su rápido crecimiento económico y su desarrollo poblacional que le obliga a hacer frente a ese desafío con una energía más sostenible que el carbón, que aún supone el 55% de su ‘mix’ eléctrico. El gigante del sur de Asia cuenta 117,9 GW de potencia renovable, en gran medida a través de la energía solar fotovoltaica y térmica al ser uno de los países del mundo con mayor irradiación solar. Su capacidad para fabricar allí placas ‘made in India’ hace que el kilovatio-hora (kWh) sea extremadamente competitivo llegando alcanzar precios 2 céntimos por kWh.
“India tiene un nivel de consumo per cápita muy inferior al resto, igual que una baja tasa de industrialización. Aunque depende en gran medida del carbón. No tiene gas, ni buenas conexiones para conseguirlo, y las renovables, aunque avanzan muy rápido, aún no son suficientes, y si va aumentando el consumo, y esto se hace a base de carbón, sus emisiones pueden ser significativas en poco tiempo”, valora Linares.

OPEP, ¿un divorcio temporal?

Mientras que el nuevo mundo no acaba de nacer, el petróleo, el gas natural, el carbón y la energía nuclear aún tienen algo que decir al menos durante las próximas décadas, sobre todo viendo como en citas tan importantes como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) no se extraen grandes compromisos. “Aunque el resultado ha sido decepcionante, de ese cónclave ha salido un movimiento muy potente de inversores, compañías e instituciones para lograr la descarbonización antes de 2050”, apunta Pedro Fresco, profesor en el máster de Energías Renovables de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y autor del libro 'El futuro de la energía en 100 preguntas'.
Arabia Saudí y Rusia rompieron en marzo el particular idilio que mantenían desde 2016 cuando aprobaron el primer recorte de producción de crudo desde 2008. Sin embargo, el plan saudita y del resto de sus socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) sin truncó el mes pasado debido a la negativa rusa a rebajar la producción del ‘oro negro’ de nuevo en 1,5 millones de barriles diarios.
La negativa rusa hizo que Rias anunciase un aumento de la producción, en un momento en el que la expansión del coronavirus está haciendo mella en la demanda de esta materia prima. El objetivo de Arabia Saudí es no perder cuota de mercado frente a Rusia, y frente a EEUU, que ha disparado sus exportaciones gracias al 'fracking'.
Arabia Saudí al mismo tiempo que aumentó su producción a niveles récord de 13 millones de barriles diarios bajó también los precios oficiales del petróleo hasta los 7-8 dólares por barril en Europa y Estados Unidos, y 4-6 dólares por barril en Asia, lo que supone el mayor recorte de precios desde 2004. Como respuesta, Moscú afirmó que las compañías petroleras rusas tienen capacidad para producir 500.000 barriles diarios. Las medidas adoptadas por los países árabes son vistas como un intento para atraer de vuelta al diálogo a Rusia, quién no descarta la posibilidad de retomar las negociaciones durante la próxima reunión del comité técnico de la OPEP.
La economía saudita es más dependiente al crudo que la rusa, lo que podría suponer un quebranto de su déficit público, aunque a esos precios el esquisto estadounidense no es rentable, ya que necesita un escenario de precios superior a los 40 dólares, según los expertos, por lo que Arabia Saudí podría arrasar a sus competidores. “El interés de todos es que haya acuerdo y que el petróleo se sitúa cerca de los 60 dólares por barril, aunque a corto plazo me cuesta verlo por la caída de la demanda que supone el coronavirus”, subraya Fresco.
Sobre el fracking estadounidense y su viabilidad a precios de 30 dólares, Linares comenta que “puede ser que algunas empresas quiebren, pero seguramente serán compradas por grandes como Exxon, que será capaz de manejar costes bajos. Hay que esperar un poco para ver qué le pasa a la industria del fracking. Porque, además, una cosa es el petróleo (shale oil) y otra el gas, que sí es enormemente competitivo actualmente”.
Frente a la volatilidad del petróleo y la obsolescencia progresiva del carbón en un contexto de descarbonización y bajos precios del gas natural, la energía que a medio plazo parece más estable es la nuclear. Mientras que los países occidentales no están en disposición de construir nuevas centrales, y se van a limitar a prolongar la vida útil de éstas, China, India y Corea del Sur sí están dispuestos a levantar nuevas infraestructuras nucleares para hacer frente a la demanda energética de sus familias y empresas sin la necesidad de incurrir en grandes emisiones.


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