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Cinco condiciones para poner en marcha la economía

La economía Argentina no logra crecer desde hace 8 años, al menos. Ello no significa que no haya años en el que el PIB haya tenido una variación positiva, sino que cada año que subió el PIB fue seguido o antecedido por otro con caída. O sea, tenemos un PIB estancado, pero con fluctuaciones.

Como en estos años la población aumentó, el PIB per capita ha estado cayendo. O sea, si consideramos la actividad económica por habitante nos encontramos con un escenario de deterioro estructural que al menos ya lleva dos períodos presidenciales.
La pregunta entonces es ¿Qué condiciones macroeconómicas se necesitan para salir de este proceso y pasar a un esquema de crecimiento sostenido? Creemos que al menos hay 5 condiciones que necesitaría la economía Argentina para ponerse en marcha nuevamente.
La primera condición sería la austeridad fiscal. Argentina debe escaparle al déficit fiscal como ex fumador al cigarrillo. Casi todas las crisis económicas y financieras argentinas nacieron de un Estado incapaz de financiar su gasto. En los últimos 155 años el Estado tuvo déficit en 143 ocasiones. Solamente hubo superávit en 12 años, 6 de los cuales estuvimos total o parcialmente en default. No sólo eso. Los déficits fiscales argentinos han sido realmente elevados. Si tomamos los últimos 50 años, el déficit fiscal promedio casi llega a 3,5% del PIB, cifra que supera al máximo permitido en el tratado de Maastricht de la EuroZona.
Esos déficits fiscales se han sostenido con emisión monetaria y endeudamiento, dependiendo del período. Lo cual explica los recurrentes problemas con la deuda y con la inflación.
Eso nos lleva al segundo punto condición: erradicar la inflación. Para ello se necesita no sólo un sector público fiscalmente saludable (primera condición) sino que, además, se necesita que el Banco Central esté patrimonialmente sano y que la gente confíe en la moneda.
En efecto, si la entidad monetaria no es financieramente saludable, es probable que caiga en déficit "cuasi fiscal". Esto se da (como en la actualidad) cuando el Banco Central pierde plata por los intereses que debe pagar de sus propias deudas (Lebacs, Leliqs, etc.). Tarde o temprano deberá emitir dinero para hacer frente a sus obligaciones, lo cual provocaría una expansión monetaria no demandada y eso lleva a la inflación.
Ahora bien, si el Estado tiene muy ordenadas sus cuentas, el Banco Central también y el resto de la economía funciona de manera sana es muy probable que la gente confíe en su moneda. Sin embargo, dado la particular historia argentina destruyendo su propio dinero, no hay que olvidarse de este factor. Incluso es probable que los argentinos requieran condiciones más exigentes que otros países para que se pueda reestablecer la confianza. Por algo, el único programa antiinflacionario exitoso de los últimos 50 años (convertibilidad) implicó -entre otras cosas- pegar el peso argentino al dólar y tomar prestada la credibilidad de la moneda americana.
La tercera condición para promover la actividad económica es la de tener impuestos pagables. Ello implica que la presión tributaria, en especial, sobre la producción no pueden ser excesivamente alto. O sea, no sólo es cuestión de equilibrar las cuentas públicas, sino que, además, ello no se haga con impuestos excesivos.
Cuando se observa la carga tributaria formal sobre las empresas, Argentina está número 2 en el ranking mundial de acuerdo con PWC y el Banco Mundial. Lo cual nos vuelve muy poco atractivos como receptores de inversión. Ello dificulta mucho la obtención de ganancias y es sabido, que eso no le resulta muy atractivo a los inversores. Sobre todo, en un ambiente de alta volatilidad como nuestro país.
Cuando tomamos la presión tributaria formal, esto es, corrigiendo el PIB por la informalidad, nos encontramos que la carga impositiva sobre la economía en blanco es de 52%. Esta cifra es tan alta que muy pocos países la superan (por muy poco) y son mayormente nórdicos. Sin embargo, las contraprestaciones que brindan dichos Estados son de altísima calidad y su carga tributaria sobre el sistema productivo es muy baja, lo cual minimiza el daño sobre la actividad económica. La actual carga tributaria no es sostenible para Argentina.
Podemos llamar a la cuarta condición como el de la eficiencia regulatoria. Una economía debería tener regulaciones simples, generalizadas, transparentes, fáciles de cumplir y lo menos burocráticas posibles.
Por ejemplo, el tiempo que llega pagar todos los impuestos en Argentina es de 312 horas anuales, lo que equivale a casi un día más de trabajo a la semana, solo para pagar impuestos. Esto es, 34% más que el promedio del resto del mundo.
En cuanto al ranking de facilidad para hacer negocios del banco mundial, estamos en el puesto 126 de 190 países. En Latinoamérica somos el país en el que más difícil es hacer negocios luego de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Para que tengamos una idea de esto. El Banco Mundial mide la cantidad de procedimientos burocráticos que se necesitan para una serie de operaciones en cada país. Procedimientos tales como abrir una empresa, conseguir permisos de construcción, para que una empresa obtenga energía, exportar, etc. En todos ellos estamos muy lejos del promedio de los países de la OCDE y en casi todos los indicadores estamos peor que el promedio de la región. Lo mismo sucede con el caso del mercado laboral.
La quinta condición es la de la apertura económica. Nadie se vuelve competitivo sin competir. La apertura económica mejora el nivel de vida de los consumidores porque aumenta la cantidad de bienes a disposición de estos. Pero también insta a los productores locales a volverse más eficientes, debido a la presión de la competencia global. Argentina no es un país particularmente abierto al comercio internacional.
De hecho, en el ranking de apertura económica que prepara el Legatum Institute, Argentina está en el puesto de 86 de 153 países. O sea, en la mitad de abajo. A ello hay que sumarle que Argentina no está en la mejor ubicación planetaria para tener un fuerte comercio. Por eso tenemos que hacer un esfuerzo extra.
Tal vez estas condiciones no se puedan alcanzar de un día para otro. Mejorar en todos estos aspectos requiere reformas estructurales y una fuerte labor legislativa y política. En algunos casos se deberá ir mejorando gradualmente. Pero lo que sí es cierto es que es necesario hacerlo para poder volver a crecer de forma sustentable, erradicar la inflación, crear empleo, reducir la pobreza consistentemente y poder comenzar a pensar en períodos más largos que una elección legislativa.

Fausto Spotorno