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¿Calma antes de otra tormenta?

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

En poco más de un año la economía argentina ha padecido tres saltos abruptos del tipo de cambio. Algunos podrían hablar de tres crisis cambiarias, otros de una sola con tres estallidos. Lo que sí es cierto es que subyace una suerte de continuo de equívocos en materia de política macroeconómica que han tornado a la economía cada vez más sensible ante las fluctuaciones en los mercados de activos.

Los disparadores inmediatos no han sido los mismos en cada estallido. En abril, la extensión del Impuesto a las Ganancias a la renta de activos en cartera de inversores extranjeros. En agosto y septiembre las dificultades para recuperar credibilidad junto a malentendidos más que visibles entre la conducción económica y el FMI. En agosto de este año, la expectativa de que el triunfador de las PASO no tendría suficiente voluntad de cumplir con el pago de la deuda externa. En todos los casos, sin embargo, subyace algo que es casi elemental: un set de políticas macroeconómicas que con sus más y sus menos, ha sido (y es) cualquier cosa menos un programa de estabilización y crecimiento económico.

El programa en curso con el FMI no ha sido una solución ni mucho menos. Ya lo había advertido hace un año atrás Guillermo Calvo en un extenso reportaje con periodistas chilenos: básicamente apunta a restringir la demanda de dólares reduciendo fuertemente el crédito interno, más bien que los pasivos monetarios y no monetarios del BCRA. Combinar una “regla” de crecimiento cero de una medida desestacionalizada de la base monetaria con tasas de interés recurrentemente a la suba para “domesticar” el tipo de cambio condujo a los dos resultados previstos por el profesor Calvo: a) sustitución de un corte de crédito externo por un feroz corte de crédito y de liquidez interna, y b) provocar una recesión que probablemente se tornaría socialmente intolerable.

El resultado de las PASO hizo hablar a los mercados. La huida contra el peso y la deuda del Gobierno fue acompañada por el retiro de depósitos en dólares que el nuevo sistema de control de cambios no ha logrado detener. Consecuencia aparente no sólo del resultado de las PASO y la limitada credibilidad en la voluntad de pago del candidato kirchnerista. Es en gran medida resultado del propio programa en curso. La recesión inducida por las astronómicas tasas de interés y el ajuste del gasto primario torna imposible pensar en el sostenimiento de largo plazo de la recaudación tributaria y de la solvencia fiscal, ni en un sistema bancario acreedor de un gobierno bajo “financial distress” permanente y un sector privado con actividad, empleo y ventas con tendencia a la baja. Mucho menos podría pensarse en un aumento de la demanda de dinero o en la desdolarización de ahorros y expectativas así.

Claramente esto exige más temprano que tarde algún cambio en serio orientado hacia algún rumbo coherente con el crecimiento permanente de la actividad económica y la estabilidad de precios. La desregulación de mercados, la reforma de las instituciones laborales, la eliminación del déficit cuasifiscal del BCRA, la orgía de endeudamiento público interno y externo siguen esperando. Problemas cuya resolución no surge espontáneamente sustituyendo un corte de crédito externo por el corte de crédito interno. Y como lo advirtiera meses atrás el profesor Juan Carlos de Pablo, el jueguito del dólar y las tasas siempre termina mal.

La solución de corto plazo por estos días es el control de cambios. Pero ante la natural explosión de transacciones en mercados paralelos, el BCRA ahora trata de bloquear parcialmente el “rulo” con el llamado “dólar MEP” para las personas físicas. Piedra libre para el “rulo” con el “contado con liqui”. ¿Es esto sostenible? La respuesta dependerá de la evolución de los depósitos en pesos y sobre todo en dólares. Si la caída de estos últimos se vuelve a acelerar, no habrá fondos del FMI que alcancen, y en ese caso asistiremos a otra crisis antes de las elecciones presidenciales. Esperemos que tal cosa no ocurra, pero en Argentina nunca se sabe…


eleconomista