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¿Qué es la fuga de capitales y por qué fue récord en 2018?

Revertir la tendencia puede llevar muchos años.
En Argentina hay dos formas muy distintas de ver los problemas económicos que tenemos.

Por un lado, estamos los que creemos que la responsabilidad por las dolencias económicas tiene que ver con el déficit fiscal, el enorme peso del estadosobre el sector privado, los impuestos, el gasto público y un historial de inflaciones y crisis de deuda que no generan las condiciones para la inversión.

Del otro lado, están los que acusan de todo a la “fuga de capitales”. Si solamente los que fugaran capitales, sostiene este grupo, los dejaran en Argentina para poner a invertir y producir, entonces todo andaría mejor.

Lo curioso de este último grupo es que es muy probable que ellos mismos sean “fugadores de capitales” pero no se hayan dado cuenta.
¿De qué hablamos cuando hablamos de fuga de capitales?
En lenguaje técnico, la llamada fuga de capitales es conocida como “Formación Neta de Activos Externos”.

Así, al menos, es como la presenta y divulga el Banco Central. ¿Y qué quiere decir esto? Bueno, como su nombre indica, se forma un activo externo cuando un argentino adquiere un valor cuya jurisdicción no es Argentina.

Por ejemplo: si un ciudadano argentino decidiera abrir una cuenta bancaria en los Estados Unidos, entonces estaría creando un activo externo (la cuenta bancaria) en una jurisdicción que no es argentina.

Lo mismo ocurre cuando un argentino va a una casa de cambio y compra 100 dólares. En ese caso, si se lleva los dólares a su casa –y no los deposita en su banco local- también está formando un activo externo.

Es básicamente de estos dos conceptos está compuesta la idea de la formación de activos externos. Ahora bien, nótese que cuando se habla de este tema, se hace referencia a la diferencia neta entre ingresos y egresos.

Es que así como José Rodríguez (de Entre Ríos) puede abrir una cuenta en Estados Unidos, también Jennifer Goldberg (de Washington) puede decidir abrir una cuenta en un banco argentino. Si la apertura de cuentas fuera por igual valor, entonces la formación de activos externos (o la “fuga de capitales”) sería cero, porque lo que salió por un lado, ingresó por el otro.

¿Está mal fugar capitales?
La frase tal como se usa tiene una connotación negativa. En la cotidianidad del idioma, hay fugas de gas (no está bueno), o hay fugas de presos en las cárceles (tampoco está bueno). Fugar Capitales, sin embargo, no tiene nada de malo a priori.

Es que no tiene nada de malo que una argentina abra una cuenta bancaria en Estados Unidos, Perú o Jamaica, como no tiene nada de malo que ocurra lo inverso. A su vez, tampoco es ilegal comprar dólares y dejarlos en el colchón.

Al mismo tiempo, tampoco viola la ley tomar esos dólares, sacarlos del colchón, y convertirlos a pesos para gastar en la economía local.

Mucho menos podemos decir que se trata de acciones irracionales. Sabemos que, dada la inestabilidad económica y política de nuestro país, la compra de dólares le sirve a la mayoría como un “refugio seguro” para poder reducir sus niveles de incertidumbre.

Récord en 2018
Aclarados estos puntos, podemos pasar a analizar lo que pasó durante el último año.

De acuerdo con los últimos datos publicados por el Banco Central, la formación neta de activos externos fue la más alta de toda la serie histórica, totalizando USD 27.230 millones.

La cifra, si bien es la más alta, no representa un crecimiento tan considerable.

USD27.230 millones son USD 4.000 millones más que el máximo previo de 2008, pero si ajustamos ese dato por la inflación de los Estados Unidos, resulta que a valores de 2018, la fuga de 2008 fue de USD 26.800, apenas por debajo de la del año pasado.



Pero vamos al corazón del dato. Lo que está diciendo este número es que hubo un monto de USD 27.230 millones de dólares mayor de quienes compraron dólares para llevárselos al colchón o para dejar en cuentas bancarias del exterior, que de quienes hicieron la operación inversa.

Nuevamente, como en casi todos los años desde 2003, los egresos le ganaron a los ingresos.

Sin embargo, en los últimos años ha habido una particularidad.

Ingresos también récord
Si sumáramos solo la cantidad de dólares que la gente “sacó del colchón” y la cantidad de capitales que, desde el extranjero, vinieron a Argentina en concepto de formación de activos externos, vamos a ver que ese monto también fue récord en 2018 y que viene creciendo sostenidamente desde 2015.

Los ingresos de capitales pasaron de unos escasos USD 586 millones en el año 2013, a una cuantiosa cifra de USD 30.000 millones en 2018. Es decir, la llegada de dólares al país por este rubro se multiplicó por 50.



Obviamente, también creció, y mucho, la salida, de manera de cerrar nuevamente con un cuantioso saldo adverso, pero ¿qué es lo que está detrás de tan drástico cambio?

La respuesta es el cepo cambiario.

Durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, para cortar con la fuga de capitales se decidió acudir a una medida de muy poco uso actual en el mundo, el control de cambios.

Por si no te acordás, en este sistema se prohibió casi totalmente la venta de dólares al sector minorista y también se cerró el vínculo financiero entre los argentinos y el exterior.

Obviamente, la salida de dólares por estas vías cayó drásticamente. De USD 34.000 millones en 2011, se desplomó a USD 6.600 millones en 2012. Pero lo mismo ocurrió con los ingresos. En 2012 el ingreso de dólares cayó 75%.



Es que, como advertíamos los economistas profesionales en su momento: si se prohíbe la salida, se prohíbe el ingreso.

Esto es como si a uno lo invitaran a una fiesta pero con la condición de que se cierra la puerta con llave y se tira la llave por la ventana. Es esperable que, en este contexto, la reunión no genere mucha convocatoria.

Lo mismo ocurrió con el cepo cambiario. Nadie podía sacar sus dólares. Consecuentemente, nadie más quiso traerlos.

De aquí en adelante
La situación hoy ha cambiado. El país, con sus dificultades, tiene un sistema cambiario y financiero mucho más integrado con el mundo. Y esto ha generado un enorme ingreso de capitales por vía del desatesoramiento y otras inversiones financieras.

No obstante, el balance entre ingresos y egresos sigue siendo negativo. Ahora habrá que esperar a que haya estabilidad macroeconóomica, previsibilidad y mayor seguridad jurídica para que esto comience a revertirse.

Es decir, puede llevar mucho, mucho, tiempo.

Saludos,

Iván Carrino

Para CONTRAECONOMÍA