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DEBILITAMIENTO GLOBAL

El mundo está cambiando… para mal. Y esto afecta directamente la performance argentina en un período de vulnerabilidad que aún debe atravesar por un par de trimestres más. Ese podría ser el resumen del último panorama económico presentado por el FMI, desde una lectura local.
En términos concretos, lo que el organismo internacional de crédito observa es que gran parte de los riesgos globales sobre los que alertaba a principio de año se han materializado o están más cerca de hacerse realidad: un crecimiento de las políticas proteccionistas que limitan o encarecer el comercio internacional, condiciones financieras más duras, tensiones geopolíticas y precios de la energía en alza.
La sumatoria de estos factores resultaría en un crecimiento económico global más débil y desbalanceado. La debilidad se materializa en la revisión de las proyecciones de crecimiento desde el 3,9% estimado en abril, para este año y el siguiente, al 3,7% actual. Por su parte, el desbalance significa que el crecimiento será menos sincronizado geográficamente. A la desaceleración de los países desarrollados y de toda la región de Latinoamérica se contrapone el mantenimiento de buenas perspectivas a corto y mediano plazo para los países emergentes de Asia.
A su vez, se intensifican los riesgos a la vista con una posible escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China (que ya afecta al 45% del intercambio bilateral entre esos países), un recrudecimiento en la reversión de flujos de capitales desde los países emergentes y en vías de desarrollo y mayores riesgos geopolíticos en un contexto de incertidumbre política elevada.
Con respecto al endurecimiento de la política monetaria de los Estados Unidos, el nivel históricamente bajo de desempleo (3,7%) y una posible aceleración inflacionaria en el corto plazo hacen más probable una corrección más abrupta que la esperada por el mercado. En este sentido, las declaraciones de Trump sobre el manejo de la política monetaria de Powell no hacen más que enrarecer el clima político, aunque difícilmente tengan alguna injerencia concreta sobre el camino elegido por la Fed.
Con respecto al precio de los commodities, la institución espera un escenario de estabilidad con una leve tendencia bajista, por lo que no sería esperable un efecto positivo por parte de los precios del comercio internacional para la Argentina. A su vez, el crecimiento para la economía brasilera, el principal socio comercial de Argentina también ha sido revisado a la baja para el año entrante. Las expectativas de una aceleración de la economía vecina se siguen demorando y la expansión para 2019 sería solo del 2,4%.
Todo este panorama afectará de manera más pronunciada a aquellos países que muestren mayores vulnerabilidades macroeconómicas propias, como un alto déficit fiscal y externo que requiera necesidades de financiamiento importantes. En este grupo aparece e incluso se destaca la Argentina y es ello lo que explica que el país haya tenido que acudir al FMI para conseguir el financiamiento necesario que ya no se encontraba disponible en el mercado. Si bien los números argentinos están en camino a corregirse, aún son preocupantes: el corriente año cerrará con un déficit primario del 2,7% del PBI y total del 5,5% y un déficit externo que rondará el 3,7%.
El acuerdo stand-by firmado con el FMI garantiza los fondos necesarios para hacer frente a los vencimientos de deuda y necesidades de financiamiento neto del sector público en su totalidad. También significa alguna disponibilidad de fondos para las necesidades privadas, pero desde luego que no alcanzan a cubrirse en su totalidad. Esto requiere que el mercado de capitales se reabra lo antes posible, ya que en caso de no ocurrir implicaría un ajuste mayor para cerrar de forma más acelerada el déficit externo del país, con sus consecuencias internas.
En definitiva, el panorama internacional no luce tan positivo como hasta hace un tiempo. Esto implicará no solo un crecimiento menor en términos globales sino una dificultad mayor para resolver los problemas por parte de los países más expuestos a las condiciones externas, como es el caso argentino.


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