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Los inversores gritaban: "¡Qué viene el lobo, qué viene el lobo!"

Alzas al cierre de las bolsas europeas, en una sesión dividida claramente en dos partes: La primera antes del dato de inflación de EE.UU. con alzas en todos los mercados de valores europeos en torno al medio punto porcentual, y otras tras el mal dato de IPC donde los activos de riesgo se han girado a negativo ante el temor de presiones inflacionistas descontroladas.
La jornada comenzaba con el signo mixto en las acciones asiáticas. El Nikkei 225 caía cerca de un 0,3%, mientras que la bolsa australiana, de Corea del Sur y china subían en distintos porcentajes. "Ciertamente se siente como la calma antes de la tormenta y con razón, ya que hay muchas razones para ser cauteloso, pero si garantiza la actual sensación de premonición en los mercados, los inversores en acciones parecen inmutarse por la posibilidad de rendimientos más altos", afirmaba Stephen Innes de OANDA esta mañna.
”La calma antes de la tormenta”, decía este analista, ¿por qué motivo? Básicamente porque el nivel de nerviosismo entre los inversores sigue siendo elevado, a pesar de que en los últimos días hemos visto cierta recuperación en los mercados, y sólo se necesita un catalizador para que la presión vendedora vuelva a aparecer. Hoy ese catalizador lo ha proporcionado el dato de IPC estadounidense.

Juan Carlos Castillo, director de análisis de Capital Bolsa, afirmaba al respecto: “La percepción de los inversores sobre la renta variable ha cambiado. En los últimos años se tenía la sensación que la bolsa, debido a la actuación de los Bancos Centrales, que se había convertido un activo sin riesgo ‘en caso de que algo vaya mal los Bancos Centrales saldrán al rescate’, pensaban muchos inversores. Eso ha cambiado. La percepción vuelve a la ortodoxia. La bolsa tiene riesgo y una alta volatilidad implícita. Estamos volviendo a la norma. En ese proceso de vuelta a la ortodoxia es normal este tipo de reacciones de cierta confusión. Ahora los inversores han tomado como excusa para tomar beneficios de un mercado que había subido demasiado tiempo, y con una verticalidad excesiva”
Como decíamos, el dato de inflación de EE.UU. superaba todas las expectativas. El IPC general se incrementaba en enero un 0,5% frente +0,3% esperado. El IPC subyacente subía un 0,3% frente +0,2% esperado, la mayor subida desde enero de 2017. Mal dato si tenemos en cuenta que el IPC subyacente en diciembre subió también un fuerte 0,2%.
La primera reacción de los inversores fue la esperada: Las bolsas europeas pasaron de subidas entorno al medio punto porcentual a descensos en ese porcentaje. Los futuros de Wall Street se giraban también a la baja. El dólar y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense subían después de los datos.
Debemos empezar a plantearnos cuatro subidas de tipos en EE.UU. este año.
“.¡Qué viene el lobo, qué viene el lobo! Parece que lo de mayor presión inflacionista es real. El escenario ahora debería empezar a ser cuatro subidas de tipos este año por parte de la Fed, y eso significa una cosa: Caídas de las bolsas hasta que se ajusten al nuevo escenario”, nos comentaba un operador minutos después de la publicación del dato.
Wall Street abría con descensos cercanos al medio punto porcentual, lo que tranquilizaba a los inversores europeos pues apuntaban caídas del punto porcentual en preapertura. Poco a poco esos descensos empezaron a reducirse, hasta que los indicadores de valores estadounidenses se giraban al alza poco después de que conociéramos el buen dato de inventarios mayoristas de diciembre (+0,4% frente +0,3% esperado).
Las bolsas europeas también se giraban al alza, situándose cerca de los máximos intradía al cierre.
La pregunta de la jornada es obvia, ¿por qué las bolsas no se han caído tras el mal dato de IPC de EE.UU. tal y como se esperaba? Pues probablemente por eso, porque ese era el escenario esperado por el mercado, y ante el que ya se habían posicionado los inversores. Aunque personalmente daría otra respuesta más honesta… ¿quién sabe cómo se comportará la bolsa?



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