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Detrás de las jubilaciones: cuál es el problema estructural del sistema previsional

La coyuntura lo enmarcó junto a otras reformas, como la fiscal y la laboral. Pero el sistema previsional argentino tiene sus desafíos propios, que son casi tan viejos como difíciles de resolver. En las últimas décadas, las políticas públicas han ido en direcciones contrarias, desde el sistema de capitalización individual en los ´90 hasta la reestatización de las AFJP en 2008. 

Actualmente, en la Argentina hay 6.805.192 beneficiarios del sistema previsional. El 77 por ciento son jubilados y el resto, pensionados, según datos de la ANSeS. En contraposición, los aportantes al sistema suman 11.733.837. Entre ellos, el 51,4 por ciento son asalariados privados, los que más aportan. Después, hay un 25,9 por ciento que son asalariados públicos y un 3,8 por ciento de asalariados de casas particulares. El resto son independientes, entre autónomos (3,5 por ciento), monotributistas (12,4 por ciento) y monotributistas sociales (3,1 por ciento).
Es decir, hay 1,7 trabajadores activos por cada jubilado o pensionado en la Argentina, mientras que los especialistas aconsejan que el ratio entre aportantes y pasivos debe estar entre 3 y 4. “Cuatro a uno es el ideal”, asegura Ana María Weisz, directora de Wealth de la consultora Mercer. Sobre la proporción actual de la Argentina, agrega otro punto: “Si se mide la población económicamente activa sobre los pasivos, la relación da mejor. El tema es que hay un 30 por ciento de pobreza, y eso obviamente lo empeora”. 
 
Bomba de tiempo
Es un fenómeno global, al que la Argentina no escapa: mayor esperanza de vida y menos natalidad es el combo que más atenta contra el sistema de reparto. Los datos y las proyecciones de la ONU, en este sentido, son concluyentes. En 2015, había 901 millones de personas de más de 60 años en el mundo, el 12,5 por ciento del total. Esta cifra se calcula que se elevará a 1402 millones (el 16,5 por ciento) en 2030 y trepará a 2092 millones (el 21,5 por ciento) 20 años más tarde.
Al mismo tiempo, la tasa de natalidad pasará de 2,5 hijos por mujer entre 2010 y 2015 a 2,4 entre 2025 y 2030. Para fin de siglo se espera que sean 2 hijos por mujer, una tasa de crecimiento nula.
En la Argentina, la situación es similar. Según el Banco Mundial, mientras que la población adulta mayor de 65 años era de 10,4 por ciento en 2014, pasará a 19,3 en 2050 y al 24,7 en 2100. De la misma forma, mientras hay seis personas en edad de trabajar por cada adulto mayor, en 2050 habrá tres y en el próximo cambio de siglo serán dos.
En la presentación del libro “Los años no vienen solos”, el líder en Desarrollo Humano para la Argentina del Banco Mundial, Michele Gragnolati, detalló: “El gasto del sistema de pensiones pasará de representar el 9 por ciento del PBI al 11 por ciento en 2030 y 15,5 por ciento en 2050, lo cual implica un claro desafío para las generaciones futuras”. Según se detalla en la publicación, la Argentina tiene una oportunidad en los próximos 20 o 30 años, donde deberá “volverse rica antes de volverse vieja”.
30 sobre 30
El llamado Índice Global de Pensiones de Melbourne Mercer fue elaborado por la consultora para comparar los sistemas de pensiones en diferentes países del mundo. Contempló a 30 países que abarcan al 60 por ciento de la población mundial. Según explica Weisz, “mide 40 indicadores, que dan lugar a tres subíndices: adecuación, sustentabilidad e integridad”. Según explica, se analiza cuánto van a cobrar los jubilados, si se cubre al cónyuge, la demografía, el crecimiento de la economía y el nivel de deuda pública, entre otros factores. 
La mala noticia para la Argentina es que obtuvo el peor resultado entre los 30 países seleccionados. Si bien Weisz resalta que “falta de todo” para mejorar, hace hincapié en dos cuestiones: “Por un lado, mejorar el nivel de ahorro. Y por el otro, ampliar la cobertura a la gente mayor más pobre”. Esto último se relaciona con una discusión más amplia, que es el ingreso universal a la vejez. De hecho, la Argentina ha ampliado sensiblemente su cobertura: de los 3.356.358 en 2005 pasó a los casi 7 millones de la actualidad. 
Agrega además otro tema puntual relativo a los planes de pensión: “Cuando un trabajador se va de una compañía, lo que corresponde de su plan no pasa a la nueva empresa. Se lo lleva y, en general, se lo gasta. Por eso aconsejamos más regulación en los planes de pensión”.


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