18 de octubre: 1° Día Nacional de Lucha contra la Obesidad


A partir de este año, cada tercer miércoles de octubre se celebra en nuestro país el Día Nacional de Lucha Contra la Obesidad. La fecha conmemorativa busca generar conciencia en la población para prevenir y controlar una enfermedad que es pandémica y trae riesgos asociados.


En el mundo, 1900 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad y 41 millones son niños menores de 5 años, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Argentina afecta a 2 de cada 10 adultos y su prevalencia va en aumento. Además, somos el segundo país se la región con mayor tasa de obesidad infantil, con un 9,9% de menores de 5 años afectados, según datos de la FAO/OMS.

Esta enfermedad no transmisible trae consigo complicaciones, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, afecciones del aparato óseo o cuestiones cardíacas y cerebrovasculares, como accidentes o infartos. También se demostró que una persona obesa de larga data tiene mayor tendencia a desarrollar distintos tipos de cáncer.

Al respecto, la Prof. Dra. Andrea R. Miranda (MN 149.634), médica nutricionista y directora médica de la Sociedad Argentina de Estética y Nutrición Integral (SAENI) destaca la importancia de un abordaje integral de esta problemática. “En líneas generales, se toman como determinantes de la obesidad a la dieta  y el ejercicio, o se piensa que tiene impacto en un único entorno, sin involucrar trasversalmente a los diferentes actores que intervienen. Por el contrario, considero que debe ser atendida integral y multidisciplinariamente, tanto desde el sector público como en el privado”.

En este sentido, considera que más de un 90% de los pacientes con sobrepeso y obesidad presentan falta de inteligencia emocional para controlar la ansiedad, el estrés, la angustia, los miedos, entre otras, que suelen canalizar en la comida. “Esta cuestión resulta primordial para generar nuevas conductas que se sostengan en el largo plazo y lograr el éxito en un tratamiento”, determina.

Algunas cuestiones a tener en cuenta para lograr el cambio de actitud necesario para mantener hábitos alimenticios saludables, según la especialista, son:

No seguir dietas restrictivas y milagrosas
Las llamadas dietas no son balanceadas, variadas ni se ajustan a los gustos, la actividad física o las patologías asociadas de cada persona. Son estándar, restringen uno o varios grupos de alimentos; de ninguna manera enseñan hábitos saludables. Por ello son difíciles de sostener en el tiempo y producen efecto rebote. Un plan nutricional, por el contrario, sí tiene en cuenta las particularidades del paciente antes mencionadas. De este modo, las nuevas costumbres adquiridas mantienen la salud emocional, mental y física del paciente. “Para que un descenso de peso sea saludable se deben bajar entre 500 gramos y un kilo por semana”, subraya Miranda.

Cuatro comidas y dos colaciones al día
Por la mañana estamos apurados y muchas veces tomamos una infusión ligera o directamente nada. Entonces, a las dos o tres horas, estamos más cansados y nutricionalmente no estamos aptos para desarrollar nuestras actividades. Como consecuencia, la primera comida que realicemos seguramente no va a ser adecuada en cantidad y calidad de las porciones. En necesario realizar siempre las cuatro comidas diarias principales y las dos colaciones, sin saltearlas ni picotear entre horas. Lo ideal sería planificarlas desde el día anterior para no tentarnos con comida al paso.

Controlar la cantidad y calidad de las porciones
Lo recomendable no es privarse de los gustos, sino incorporarlos con moderación, disfrutándolos y manteniendo una alimentación equilibrada el resto del tiempo. Una porción saludable es aquella que el cuerpo requiere de acuerdo a la edad, la altura, la cantidad de actividad física que realiza, las enfermedades existentes, las etapas fisiológicas –por ejemplo, embarazo, lactancia, entre otras–  para funcionar óptimamente y suplir las demandas diarias. “Respecto a la calidad, hay que incorporar legumbres, frutas, vegetales y carnes magras que nos van a dar más saciedad y disminuir –aunque no eliminar– las harinas”, explica la especialista. “También es importante leer las etiquetas de los productos que consumimos y no creer que un producto porque viene en un envase verde no engorda, porque es más liviano, pero sigue sumando calorías”, agrega.

Diferenciar entre hambre y ansiedad
Elegir lo que consumimos es parte del equilibrio psicoemocional que nos mantiene saludables y los excesos siempre nos llevan a romperlo. Estos desbalances pueden traer como consecuencia el sobrepeso y la obesidad. En general, nos tentamos con la comida chatarra, aquella que no posee valor nutricional, solo suman calorías, azúcares, sal y grasas saturadas. “Estas desencadenan en nuestro cerebro el deseo de consumir mayor cantidad, son adictivas. Entonces consumos más calorías de las que nuestros cuerpos pueden quemar”.

Realizar una actividad física que nos agrade y dormir bien.
Caminar al menos 30 minutos por día mejora nuestra actividad cardiovascular, ayuda a mantener el peso corporal, canalizar tensiones y previene y reduce la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 o el colesterol alto. El ejercicio aeróbico en general es lo recomendado para perder calorías; por ejemplo, caminar, correr o trotar, hacer natación o spinning. Si lo hacemos al aire libre, aumenta la producción de serotonina, neurotransmisor que está asociado al bienestar. “Es importante elegir una  actividad física que nos guste”, agrega Miranda y destaca que hay que dormir entre 6 y 8 horas diarias para evitar aumentos de peso.

La lactancia materna previene la obesidad en adultos
Al menos un 50% de los casos de obesidad en adultos podría prevenirse si desde la niñez adquieren hábitos alimenticios saludables. Con la lactancia, a partir de  la primera hora de vida y hasta al menos los seis meses, se genera un hábito saludable en que el niño come menos cantidad, pero con mayor frecuencia, a la medida de sus necesidades.
Para prevenir la obesidad los padres deben contribuir a una alimentación consciente desde el comienzo, por ejemplo no agregando azúcar a los alimentos para que su paladar se acostumbre al sabor natural de los mismos y dándoles opciones saludables como alternativas a las golosinas.
Hay que involucrar a los niños en la planificación de las comidas, para que puedan optar, dentro del abanico de alimentos saludables, por aquellos que se ajusten a sus gustos y, así, asegurarnos que los van a comer y se van a alimentar bien.

ASESORÓ:
Prof. Dra. Andrea R. Miranda (MN 149.634)
Médica Nutricionista, especialista en obesidad y trastornos alimentarios. Médica Esteticista, especialista en modelación médica corporal y tratamientos antiage y orthomolecular.
Directora Médica de la Sociedad Argentina de Estética y Nutrición Integral (SAENI) www.saeni.com.ar
Directora Médica de la Clínica Integral de Nutrición y Estética Saludable (CipSalud) www.cipsalud.com
Profesora Universitaria. Coach Ontológico Profesional. Autora del libro “¿Yo soy mi peso?” (Editorial Almaluz, 2011).
Speaker en Congresos Nacionales e Internacionales.

ENTREVISTA A LA PROF. DRA. ANDREA MIRANDA DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ESTÉTICA Y NUTRICIÓN INTEGRAL (SAENI) CON MOTIVO DEL DÍA NACIONAL DE LUCHA CONTRA LA OBESIDAD

¿Cuál es la importancia del Día Nacional de Lucha contra la Obesidad?

La obesidad es una enfermedad que debe ser atendida multidisciplinariamente, tanto en el sector público como en el privado. Por eso es importante incluirla dentro de la agenda pública en cuanto a la prevención y el control.

Se trata de una enfermedad no transmisible que genera otro tipo de complicaciones, entre ellas la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la hipertriglicidemia, problemas en el aparato óseo, cuestiones cardíacas y  cerebrovasculares, como accidentes o infarto.

Además, tiene que ver con otras cuestiones. Hoy en día se sabe que una persona obesa de larga data puede tener mayor tendencia a desarrollar distintos tipos de cáncer. En el hombre es más frecuente de colon y próstata y, en la mujer, de endometrio, mama y colon.

Entonces, la importancia de la prevención radica también en que son pacientes que, si no se los trata adecuadamente y no bajan de peso, lo van a sostener en el tiempo. Esto afecta también a la instancia financiera de la salud pública.

¿Cómo influye el ámbito familiar en esta enfermedad?

Es importante señalar que su impacto es independiente de la cuestión genética. Si bien cuando ambos padres son obesos hay un porcentaje alto de probabilidades de que su hijo también lo sea, los factores ambientales son los determinantes.

Como padres podemos aconsejar a nuestros hijos, pero lo más importante se lo damos día a día con las conductas que tenemos. Una de ellas es la conducta alimentaria. Si esta favorece el aumento de peso, los niños van a incorporar una alimentación poco saludable, si los padres son sedentarios, los niños seguramente lo serán, ni hablar de la cuestión emocional.

Hoy no podemos echarle la culpa a lo genético, sino tener en cuenta que muchas veces no alcanza con la dieta y el ejercicio, sino como siempre digo, hoy la cuestión emocional es un punto clave para el éxito del tratamiento.

¿Qué tiene en cuenta un tratamiento integral?

Por ejemplo, es necesario evaluar no solo si el paciente es obeso, sino si presenta también algún síndrome que le esté generando no solo el aumento de peso, sino otras instancias patológicas como hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y perfil lipídico alterado.

Por eso hay que abordarlo integralmente y no solamente desde el plan de alimentación, teniendo en cuenta los parámetros de laboratorio alterados. También hay que considerar su actividad física, por ejemplo, e impulsar una vida más activa, siempre teniendo en cuenta que el paciente opte por una actividad placentera. Si no le gusta el gimnasio, no hay que decirle que vaya todos los días a una hora, sino indagar y conocer qué prefiere.

Es importante que la consulta no se resuelva en 15 o 20 minutos, porque son pacientes que requieren de mayor tiempo para conocerlos, entenderlos y poder brindarles el tratamiento y el enfoque personalizado que requieren.

Y para esto, por supuesto, los profesionales médicos o licenciados deben tener conocimientos en abordaje psicoemocional o trabajar en conjunto con psicólogos o con otro tipo de profesionales como endocrinólogos, deportólogos. Todos deben estar orientados al descenso de peso y tener conocimientos en temas de sobrepeso y obesidad.

Es una población que requiere del conocimiento y en el que siempre las emociones influyen. En la mayoría de los casos se observa depresión, ansiedad, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos obsesivos compulsivos y, por supuesto, esto va de la mano con la baja autoestima. Para esto se requiere tiempo, a veces en una consulta estamos una hora y media, dos horas. Y para poder romper con esas creencias, se requiere de profesionales que realmente estén capacitados y que tengan vocación para seguir a estos pacientes.


¿Cómo influyen las redes sociales en esta afección, por ejemplo en lo que respecta a la movida fitness?

No solo la movida fitness, sino lo que tiene que ver con la moda y con esta cuestión del cuerpo perfecto. Esto se da tanto en mujeres como en hombres, y los trastornos se observan cada vez a edad más temprana. Aquí me refiero a todos los trastornos alimenticios en general.

Cada vez se están observando muchos más casos y tienen que ver con que hoy en día las redes sociales, por un lado son positivas y nos permiten poder estar de alguna manera conectados, pero por otro lado, son una forma de estar influenciados directamente por imágenes, propuestas o estilos de vida que creemos que están relacionados con un estilo de vida feliz, pero no son reales.

Muchas veces lo ideal no va de la mano con lo saludable. Yo pienso que lo más importante es tener presente que todo exceso no es saludable, ya sea de comida, de actividad física, de trabajo. Creo que hay que tener un estilo de vida equilibrado, con un descanso óptimo, con actividad física diaria. La Organización Mundial de la Salud hoy recomienda 30, 40 minutos diarios de ejercicio por el estilo de vida que tenemos.

Creo también que es importante empezar a dialogar más, a escucharnos más, principalmente porque esto de que las redes sociales hacen que nos alejemos un poco y malinterpretemos o no interpretemos el mensaje que nos da el otro. El receptor y el emisor están como en cortocircuito y el tema de la comunicación es muy importante. Entonces, estos cortocircuitos hacen que también hayan trastornos no solo a nivel de la comida, sino a nivel de las relaciones y eso impacta directamente en lo emocional. Y si yo estoy acostumbrada a canalizar las emociones a través de la comida es un círculo vicioso.

Así que las redes sociales hay que tener cuidado, hay que tener criterio a la hora de evaluar qué es lo que estamos observando viendo. Muchas veces no se puede solo, por eso estar en acompañamiento con un profesional que pueda guiar, acompañar en este proceso  -obviamente de un día para el otro no se logra-, es sumamente vital.

¿Qué aprendiste en tu experiencia con pacientes con obesidad?

Yo hice mucho tiempo terapia de grupo, coordiné grupos de pacientes con sobrepeso y obesidad, también hice muchos talleres y trabajé toda la cuestión emocional. Es increíble las cosas que salen, relacionadas a las creencias y vivencias pasadas y presentes.

Estudié medicina, me formaron para curar, pero lo que tengo que hacer acá es acompañar y trabajar desde otro lugar; por eso estudié coaching. A mí me gusta contenerlos, escucharlos, darles ánimos, decirles que pueden, no maltratarlos. Hay muchos colegas que los maltratan, cuando ellos tienen baja la autoestima y necesitan volver a creer en ellos mismos, saber que van a lograrlo y que van a poder sostenerlo en el tiempo.

Hay que ir más profundo, porque no está en la acción el éxito, está en ir a la creencia que tienen que les genera pensamientos no saludables o adictivos o canalizantes a través de la comida. Esos pensamientos le van a generar una emoción y esa emoción los lleva a una acción que es comer y abrir la heladera cada media hora.  Entonces, no tiene que ver con la dieta, con el plan de alimentación, con la actividad física. Tiene que ver con lo emocional.

Obviamente, existe un porcentaje muy pequeño de pacientes que se escapan a esta cuestión, por patologías asociadas. Pero en líneas generales, si no abordamos emocionalmente a los pacientes, vamos a seguir fracasando.De hecho, fracasamos. A nivel mundial la pandemia, absolutamente todos los continentes presentan pacientes obesos y, obviamente, con sobrepeso, los argentinos no nos quedamos afuera, el sobrepeso y la obesidad va en aumento y va a aumentar si no empezamos a tratar a los pacientes desde otro lugar. Y es preocupante.
Yo siempre recomiendo la película Wall E a mis pacientes para que empiecen a estar atentos y tener una perspectiva de futuro realmente preocupante.

¿Qué te motivó a escribir el libro “¿Yo soy mi peso?”?

El libro lo escribí para ayudar a todos los pacientes que presentan trastornos de la conducta alimentaria. Tiene que ver justamente con esta idea de que mi peso corporal, mi imagen, está ligada con lo emocional. Es para ayudarlos a que lo comprendan, reconozcan sus emociones, y puedan dominarla. Así, consecuentemente, poder controlar no solamente el aumento de peso, sino también la anorexia y bulimia.

Es un libro de autoayuda sobre todo, que lo escribí para los pacientes y también para todos los colegas que quieran formarse en esta cuestión y entender al paciente que nos está consultando.
Para mí es un tema apasionante y que realmente me preocupa, porque son personas que la pasan muy mal.

¿Cuáles son los hábitos alimenticios que deberíamos corregir?

Entre los malos hábitos que hay que cambiar, encontramos:
-Comer entre comidas. Se recomienda realizarlas cada tres o cuatro horas, pero entre una y otra comida lo que se observa es el hábito del picoteo, que generalmente esconde emociones que se están canalizando en la comida. Se trata de una conducta que es, generalmente, adictiva.

-No desayunar. Hay que evitar el típico “me levanté tarde, me bañé, tuve otras prioridades”. Sin un buen desayuno no tenemos la energía necesaria para encarar nuestras actividades y la primera comida que hagamos seguramente no va a ser adecuada en cantidad y calidad.

-Elegir alimentos con alta carga glucémica. Harinas refinadas, grasas saturadas, galletitas, snacks, productos de panadería como facturas, empanados. Las  grasas saturadas afectan al sistema cardiovascular y a las arterias y las harinas refinadas generan no solo al aumento de peso sino también a tener mayor tendencia a celulitis y adiposidad localizada. Al elegir o consumir este tipo de alimentos no se está optando es por frutas y verduras, que es lo que principalmente recomendamos para mantener un peso saludable.

-No consumir cantidad suficiente de lácteos. También se observa la baja ingesta de fibra, vitaminas y minerales. Hay pacientes que pueden estar con sobrepeso, obesidad, pero tienen carencias nutricionales y en el laboratorio se presentan déficit, sobre todo de vitaminas y minerales.

-Preferir bebidas azucaradas. En su lugar se recomienda agua, jugo de frutas o bebidas dietéticas. Igualmente, hay que tener en cuenta que se está evaluando actualmente que los edulcorantes, excepto Stevia, estimulan la insulina, que es una hormona lipogénica, es decir, formadora de grasa.

-Abusar del uso de sal. Esto trae riesgos de padecer hipertensión arterial, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular. Es preferible optar por otro tipo de condimentos que son muchos más saludables.

-Creer que lo light no engorda. Se piensa que lo de color verde es light y que eso va a hacer que bajemos de peso. Significa que es más liviano, pero también presenta calorías, por eso hay que tener mucho cuidado y no consumirlos en exceso.

-Las reuniones sociales están centradas en las comidas. Lo que tenemos que hacer es reunirnos para relacionarnos desde otro lugar que no sea lo alimentario.

¿La lactancia materna previene la obesidad en los futuros adultos?
Al menos un 50% de los casos de obesidad en adultos podría prevenirse si desde la niñez adquieren hábitos alimenticios saludables. Esto debe empezar desde la lactancia, a partir de  la primera hora de vida y hasta al menos los seis meses, donde se genera un hábito saludable en que el niño come menos cantidad, pero con mayor frecuencia, a la medida de sus necesidades.
Para prevenir la obesidad los padres deben contribuir a una alimentación consciente desde el comienzo, por ejemplo no agregando azúcar a los alimentos para que su paladar se acostumbre al sabor natural de los mismos y dándoles opciones saludables como alternativas a las golosinas.
Hay que involucrar a los niños en la planificación de las comidas, para que puedan optar, dentro del abanico de alimentos saludables, por aquellos que se ajusten a sus gustos y, así, asegurarnos que los van a comer y se van a alimentar bien.