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Alemania se cita con las urnas, ¿seguirá siendo el país al que envidiar en Europa?

El plagado calendario electoral europeo de este curso hace parada en Alemania. La ‘locomotora de Europa’ tiene cita con las urnas este domingo. Los sondeos ven incontestable un cuarto mandato para Angela Merkel. ¿Será la líder de la líder de los democristianos capaz de perpetuar a su país al frente del Viejo Continente?
La continuidad en política económica siempre es bienvenida por los mercados. Por eso, más allá de la poco cuestionada victoria de la CDU de Merkel en los comicios de este domingo, inversores, gestores y analistas hacen cábalas sobre las fuerzas rivales con las que la canciller desde hace 12 años tendrá que entenderse para salvaguardar esta línea continuista. Una estrategia que se vuelve especialmente relevante ante las constantes fricciones entre Alemania y el Banco Central Europeo (BCE), la galopante apreciación de un euro que comienza a lastrar las exportaciones y la severa crisis de la industria automovilística del país consecuencia del escándalo conocido ya como ‘diéselgate’.
Ante estos retos, Alemania llega a la reválida de Merkel con una economía que produce 3,14 billones de euros, según datos oficiales de cierre del ejercicio pasado. Esta cifra, que prácticamente triplica la española, se concreta en un PIB per cápita de 38.100 euros para cada alemán. España, que cuenta con menos ciudadanos, no sale tan mal parada de la comparación, pues la distribución por habitante alcazaba al último cierre anual los 24.100 euros.
La deuda alemana, que ante la posibilidad de que el BCE y la Reserva Federal estadounidense recorten estímulos en los próximos meses ha abandonado tipos negativos en referencias a una década, suma 2,14 billones de euros que alcanzan a un 68,3% del PIB nacional. El menor tamaño de una economía española que podría sufrir con más crudeza que Alemania el efecto de un dólar fuerte se traduce en que una deuda de 1,11 billones de euros rebasa el 99% del producto interior bruto.
LA REGLA DE ORO Y EL GASTO MILITAR
En este capítulo se incluye también la balanza de las arcas públicas. Mientras que la caja fuerte de Berlín cuenta con un superávit de 23.705 millones de euros, según las últimas cifras anuales disponibles, Madrid lidia con un incómodo déficit de 50.576 millones. Unas cifras que desde Bruselas se vigilan muy de cerca para no incumplir la conocida como ‘regla de oro’ que, promovida por el equipo de Merkel en toda Europa, mereció la que hasta ahora ha sido la segunda y última reforma de la Constitución Española: el predicado Artículo 135 sobre estabilidad presupuestaria que tanta polvareda ha levantado a este lado de los Pirineos.
Por lo que se refiere a presupuestos estatales, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha abierto un nuevo debate: la supuesta necesidad de que los países desarrollados engorden la partida de recursos públicos destinada a gasto militar. El llamamiento del magnate estadounidense metido a político se ha dirigido directamente hacia sus socios de la OTAN, institución de la que Alemania es miembro desde 1955. Su petición, casi exigencia, se ha recrudecido en los últimos tiempos con la escalada belicista de Corea del Norte.
El país adalid de la austeridad en Europa cuenta con un gasto público equivalente a un 44,3% del PIB, lo que supone en realidad 190 puntos más que España. La administración alemana dedica además un 11,14% de sus gastos a Educación, un 19,65% a Sanidad y un 4,19% a Defensa. España, no hace tanto tiempo señalada como ejemplo de unas finanzas públicas mal planificadas, destina a estas partidas un 9,59%, 14,50% y un 6,06%, respectivamente.
Una cuestión capital de cara a la cita con las urnas es el escenario laboral de la población a la que se pide el voto. Los últimos datos comparables disponibles muestran un paro del 3,7% en la locomotora europea frente al 17,1% que soportan sus vecinos españoles. En números redondos, unos 1,76 millones de alemanes sin trabajo frente a los 3,91 millones que padecen esta situación en España. Amén de un salario medio que pasa de 47.809 euros en Berlín a 26.710 euros en Madrid.
EL TÁNDEM MERKRON
Con este panorama como telón de fondo, los analistas de Allianz Global Investors, casa dependiente de la gigante aseguradora con sede en Múnich, consideran que el escenario más favorable para la continuidad económica de Alemania y la Unión Europea sería la victoria de Merkel y la posterior “alianza constructiva” con su vecino francés, Emmanuel Macron. El tándem que formarían la posiblemente reelegida canciller con el hombre que esta misma semana ha firmado para su país una polémica reforma laboral ya tiene nombre: “Merkron”.
Desde la casa muniquesa confirman que “incluso si ganase Schulz, es un político experimentado con credenciales a favor de la Unión Europea”. Esta es la clave que explicaría por qué “el caso alemán ha sido menos mediático y, sin duda, menos agitado” que el resto de procesos electorales a los que se ha enfrentado en el último año el Viejo Continente, según señala el estratega Philipp Vorndran, desde la gestora luxemburguesa Flossbach von Storch. En este sentido, advierte de que “el período de calma no es más que un preludio que avisa del temporal” porque en el tándem Merkron también habrá discusión. El especialista cita como ejemplo la propuesta de un programa de garantía conjunto para los depósitos bancarios y de un fondo monetario europeo para garantizar la solvencia de los miembros de la Eurozona que defiende el francés y que goza de poca popularidad entre los compañeros de filas y votantes de Merkel.
La clave hacia el futuro de las relaciones franco-alemanas podría estar en otra de las siglas que concurren a los comicios de este domingo: las del Partido Democrático Libre (FDP). La formación liberal con matices euroescépticos que lidera Christian Lindner será determinante, en opinión de Léon Cornelissen, economista jefe de Robeco, para definir lo estrecho o tirante de los próximos encuentros entre la canciller, revalidada casi con toda probabilidad según el experto, y el inquilino del Elíseo parisino. La necesidad de pactar con los liberales supondría el regreso de viejas discusiones como la conveniencia de que Grecia siga formando parte de la Unión Europea o la continuidad del Mecanismo de Estabilidad comunitario (MEDE), que este partido pone en duda.
Ante estos racionamientos, no es de extrañar que Cornelissen coincida con sus compañeros en que la reelección de Merkel para un cuarto -y probablemente último- mandato “sería ampliamente bienvenida por los mercados como refuerzo de la estabilidad de Alemania, sobre todo si la actual coalición continúa” de la mano de los socialdemócratas de Schulz.
Las fricciones en torno a la cuestión griega o la necesidad de distintas velocidades en la Unión Europea parecen por fuerza claves de la futura legislatura en Alemania. Más si se tiene en cuenta que a lo largo de este periodo debería materializarse el Brexit, la desconexión efectiva de Reino Unido frente a sus todavía socios comunitarios. Además, al menos en el corto y medio plazo, se seguirá debatiendo sobre el papel de los bancos centrales y lo oportuno de mantener estímulos o proseguir en la senda de su retirada. No es de extrañar, por tanto, que la rama española de Deutsche Bank, la primera entidad financiera germana, los califique como “protagonistas del otoño”.
LOS MALOS HUMOS DEL EURO
La última vez que Merkel se enfrentó a las urnas, en diciembre de 2013, el euro se cambiaba en el mercado de divisas por 1,38 dólares. Después, a mediados de 2015 y también a comienzos de este año se rozó la paridad entre ambas monedas. Ahora, el ascenso por encima de los 1,20 billetes verdes que en los últimos días se tantea no parece un problema tan acuciante para Alemania como para otros países que debido a la caída de la moneda única habían visto crecer exponencialmente sus exportaciones. En el caso alemán, el sólido consumo privado doméstico y la exportación de bienes de alto valor añadido aseguran que a estas cotas la factura no sea tan alta ni para la economía del país ni para la solvencia del gabinete político de la canciller.
En esta línea, Roberto Berzal, responsable de ventas de Orey iTrade, considera que el euro seguirá “más pendiente de lo que haga el BCE” que del devenir inmediato de la política alemana. En este sentido, señala que, si la líder de los democristianos tiene que pactar con los liberales, irremediablemente “mantendrá [el discurso de] la estabilidad presupuestaria a rajatabla en la Eurozona”. En cualquier caso, considera que la búsqueda de alianzas sí que podría afectar a la evolución del DAX, índice de referencia de la Bolsa de Fráncfort, en los compases más inmediatos.
La responsable de macroeconomía de Andbank, Marian Fernández, apunta al incremento de la rentabilidad que se viene exigiendo del ‘bund’ alemán en las últimas semanas a consecuencia de la nueva remontada del euro y la continuidad del escenario de tipos cero. Asimismo, apunta a las automovilísticas germanas como una de las partes peor paradas ante este nuevo escenario debido al efecto divisa en sus cuentas que se adereza con una significativa caída de ventas de automóviles en EEUU, donde esta cifra adquiere una significación macroeconómica mucho mayor que en Europa. No está de más recordar aquí la insistencia de Merkel en la necesidad de que la dominante industria alemana del motor recupere la confianza internacional tras el escándalo de las emisiones de humos de especial toxicidad que ha tenido nefastas consecuencias para las cuentas de las compañías implicadas.
Los argumentos más críticos contra Merkel llegan desde el banco de inversión danés Saxo Bank. Christopher Dembik, responsable de análisis macroeconómico de la entidad, señala que la por tres mandatos canciller no ha logrado revertir el comportamiento “disfuncional” de la economía alemana, que sufre “un crecimiento medio anual de la productividad en la última década de tan sólo el 0,7%, por debajo de países como España”, con un 1,2%. En esta línea, el experto indica que “el nuevo mandato de Merkel será distinto a los anteriores” porque tendrá que profundizar en las reformas económicas que predica y en las que, según su opinión, “hasta ahora ha hecho cero” de puertas para adentro.
Desde UBS sí que se espera que lo que decidan las urnas del cuarto país con mayor índice de desarrollo humano del mundo tenga un impacto mayor en los mercados. En este sentido, un reciente informe del banco suizo señalaba que, si bien el impacto a corto plazo podría ser “silenciado” por las escasas posibilidades de que las formaciones populistas jueguen un papel crucial en el reparto de poder, como sí que ha ocurrido en otros países europeos recientemente, las implicaciones serán a mayor escala temporal. El nombre al que responda el futuro socio de la CDU de Merkel influirá sobre todo “en el euro y los rendimientos de los bonos de la Eurozona, dadas las implicaciones para la integración europea, la postura ante los países periféricos y las nominaciones para las instituciones europeas” en las que se avecina relevo de puestos.

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