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Informe Económico Semanal Banco Ciudad del 07/07/2017

LA SEMANA EN POCAS PALABRAS

En los últimos días, las miradas estuvieron centradas en la cotización del dólar, que aceleró su sendero ascendente, aunque encontrando un techo sobre el final de la semana. Si bien se descontaba una depreciación más pronunciada del peso en la antesala de las elecciones legislativas, sí sorprendió la velocidad de los movimientos, con alzas mayores a las esperadas.
Tras cerrar junio en $16,60, con una suba mensual de 2,8% (que se sumó al alza de 4,6% de mayo), la cotización del dólar tocó un pico de $17,25 en el mercado mayorista y $17,50 a nivel minorista, con un aumento de casi 4% en tan sólo cuatro días. En este punto, la oferta de bancos privados (primero) y exportadores (inmediatamente después) puso un techo a la cotización, que luego tendió a orientarse a la baja, para finalizar el día viernes por debajo de los $17 a nivel mayorista.
La aparición de la oferta del propio sector privado, que consideró que el valor del dólar había alcanzado ya un nivel atractivo para posicionarse en moneda local, hizo innecesaria la intervención directa del Banco Central en la plaza cambiaria, pese a que la autoridad monetaria cuenta con suficiente “poder de fuego” para administrar el valor de la divisa. El stock de reservas internacionales, actualmente en USD 47.800 millones, resulta abultado frente a un mercado de cambios que llega a mover aproximadamente USD 500 millones diarios. A ello se agrega el flujo de dólares de las colocaciones de deuda ya realizadas por el Tesoro Nacional y no volcadas aún al mercado cambiario, además de la próxima instrumentación del préstamo por USD 6.000 millones acordado a inicios de año con un consorcio de bancos internacionales, que derivaría en un nuevo e importante ingreso de divisas.
En este sentido, el escenario estructural (caracterizado por una amplia disponibilidad de dólares) no estuvo en discusión en los últimos días, sino cuánta volatilidad iba a ser tolerada en el corto plazo por los distintos jugadores del mercado. Y en este punto, el BCRA demostró que pondera varios factores, sin temor a flotar, como en épocas pasadas. Por un lado, al permitir que el tipo de cambio adquiera mayor volatilidad, incrementa los riesgos inherentes a las operaciones de “carry-trade” (ingreso de capitales especulativos para posicionarse transitoriamente en Lebacs), intruduciendo un elemento que tiende a desincentivar esta operatoria. Y en paralelo, demuestra su compromiso en la lucha contra la inflación, pudiendo intervenir indirectamente en el mercado a través de subas de las tasas de interés de corto plazo, ayudando a desactivar fluctuaciones cambiarias bruscas que puedan impactar en la evolución de los precios (prueba de ello fueron sus ventas de Lebacs en el mercado secundario a tasas superiores al 26%).
Ahora bien, los movimientos que ha mostrado la cotización del dólar tuvieron también su correlato en la evolución del tipo de cambio real. Tras una primera parte del año en la que el tipo de cambio nominal se mostró en gran medida estable, la suba que ha venido delineando desde mediados de mayo, y que se acentuó en las últimas dos semanas, se vio plasmada en un aumento de casi 9% en el tipo de cambio real multilateral desde su mínimo de dos meses atrás, volviendo a los niveles de fines de 2016 (22% mayores a los de diciembre 2015). Este elemento es importante para las economías regionales, los sectores industriales, el gobierno nacional y las provincias (cuyas divisas obtenidas a través de colocaciones de deuda se revalorizaron), y hasta para el propio Banco Central, que mejoró su posición patrimonial, ayudando a recortar el déficit cuasifiscal generado por la política de absorción monetaria en marcha.
Por otro lado, es de esperar que el traslado a precios de los movimientos cambiarios resulte acotado, en la medida que la variación acumulada en las últimas jornadas (incluyendo las recientes bajas) sumó sólo un 2,2%, estando parte de la depreciación de mayo y junio ya incorporada en los precios de los bienes y servicios, siendo esta otra clara ventaja de contar con un esquema de flotación cambiaria.
Finalmente, mirando para adelante, es importante señalar que las fluctaciones de la última semana profundizaron un deslizamiento que ya había comenzado previamente por factores estrictamente económicos y no políticos, como el retaseo en la liquidación de divisas del agro ante una caída del precio de los commodities, el escaso desprendimiento de los dólares obtenidos por el Tesoro en sus colocaciones de deuda, las contenidas tasas de interés pagadas por lo bancos a los pequeños ahorristas (en un contexto de elevada liquidez de las entidades financieras), o el fortalecimiento del dólar a escala global fruto de la perspectiva de suba gradual de tasas en dicha economía. En este sentido, si bien es previsible cierta dosis de “ruido político” en la dinámica cambiaria reciente y futura, también debe tenerse en cuenta que, en paralelo, otros activos de renta variable (como la bolsa de valores) tocaron nuevos máximos históricos la última semana, con lo cual es probable que el escenario base de los inversores siga siendo el de una buena elección del oficialismo, sin cambios drásticos en materia de gobernabilidad tras los comicios de octubre ni movimientos disruptivos en la plaza cambiaria.