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Barrileteada en la Aldea de Oberá

Durante estas vacaciones de invierno, los niños y niñas de la Aldea Infantil SOS Oberáaprendieron a hacer sus propios barriletes y los remontaron al viento. Gracias a la ayuda de Julio,acompañante de jóvenes, cada uno pudo hacer su propio barrilete con papel, varillas e hilo. Luego, todos disfrutaron haciéndolos volar. Aunque el barrilete sea un invento que tiene cientos de años, todavía sigue generando fascinación en los niños y niñas. Durante estas vacaciones de invierno, en la Aldea de Oberá, se organizó una jornada de armado y vuelo de barriletes, y para sorpresa de todos, la voz corrió tan rápido que de pronto había más de 20 niños y niñasesperando con sus materiales listos para empezar: varillas de madera encontradas en el parque, papel barrilete y de periódicos e hilo velero. Todo fue colocado en una gran mesa larga, junto a un pizarrón, y allí Julio, acompañante de jóvenes de la Aldea, comenzó a enseñarles a todos cómo armar un barrilete. Tiza en mano, pizarrón por delante, todos los niños y niñas miraban atentos las instrucciones. Los más grandes, tomaban nota de los diseños que elegirían. 

barriletes en Oberá
Barrileteada en Oberá
¡Yo primero, yo primero!
 Luego de las explicaciones, se produjo un gran griterío cuando se les preguntó a los niños quién se animaba a armar el primer barrilete. Todos comenzaron a gritar ¡yo primero, yo primero!, con mucha paciencia, uno a uno, pudieron ir armando su barrilete: naranjas, azules, triangulares, redondos… a todos los niños se los veía muy concentrados armando cada uno su propio diseño. ¿Ya puede volar?, preguntó Marianita de 6 años con su estructura armada pero sin el papel puesto. Su madre SOS, que colaboraba con la actividad, le explicó que aún le faltaban elementos y que ya la ayudaría a terminarlo. 

Barriletes al viento Una vez que estuvieron todos listos, los niños y las niñas caminaron juntos por la Aldea buscando el lugar ideal para hacerlos volar. La cancha de fútbol fue seleccionada como pista de despegue. Sin árboles ni cables interrumpiendo la ruta aérea, todos se prepararon, y gracias a la brisa que corría, muchos de los barriletes de distintos colores y tamaños rápidamente se vieron volar por el cielo. ¡Son una familia de barriletes! gritó Luli. Todos con una sonrisa, continuaron levantando sus barriletes hacia un vuelo libre y sin límites. Ya de regreso a sus casas, junto a la puesta del sol, se escuchó un comentario entre el grupo de compañeritos que volvían a sus casas, cansados pero con una sonrisa que se expandía por todo su rostro, ¡que linda tarde pasamos…yo también quiero volar!