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Fin de año y un inminente cierre de ciclo - El catastrófico balance que dejó triturado a Alberto Fernández

 “Los vengo a convocar, sin distinciones, a poner a la Argentina de pie para que comience a caminar, paso tras paso, con dignidad, rumbo al desarrollo con justicia social. Ello supone, antes que nada, recuperar un conjunto de equilibrios sociales, económicos y productivos que hoy no tenemos. Tenemos que superar el muro del rencor y del odio entre los argentinos, tenemos que superar el muro del hambre que deja a millones de hombres y de mujeres afuera de la mesa que nos es común”, pronunciaba Alberto Fernández el 10 de diciembre de 2019, al asumir como presidente de la Nación.

Tres años después, solo queda un sabor a promesas prefabricadas para endulzar los oídos de todos los argentinos, sedientos de crecimiento, progreso y prosperidad, tres anhelos que, lejos de concretarse, son cada vez más inalcanzables. Esto es debido a la pésima administración de los últimos mandatarios nacionales, que han fracasado en su intento de gobernar un país que tiene todo para remontar vuelo: riquezas naturales y jóvenes mentes brillantes que terminan huyendo hacia la búsqueda de rumbos que les permitan vislumbrar un futuro.

El concepto de justicia social, uno de los mencionados por AF, se ha esfumado, especialmente partiendo de la base de un Gobierno que rige sus políticas públicas mediante el clientelismo, desparramando dinero a sectores que no están dispuestos a trabajar, cuyos hijos crecen en hogares que desconocen el valor del sacrificio para conseguir el pan. La legitimación de la protesta como método de extorsión para seguir cobrando planes sociales se ha convertido en un nuevo flagelo que azota a la Argentina, que amenaza los cerebros fértiles de las nuevas generaciones, atrofiándolos desde la cuna. Total, papá y mamá salen con el bombo a cortar la calle, van al cajero y extraen cada vez más dinero sin hacer nada a cambio. La cultura del no trabajo.

La lucha contra el odio que planteaba el Presidente tampoco fue respetada, sino todo lo contrario: a lo largo de su gestión, abundaron las expresiones discriminatorias, como cuando mirando a Pedro Sánchez -“presidente del Reino de España”-, dijo que el poeta Octavio Paz “escribió alguna vez que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero los argentinos llegaron de los barcos. Y eran barcos que llegaron de allí”. Frase que le costó el repudio de varios líderes políticos del mundo.

Otro grave exabrupto, cometido en el marco del juicio por la causa Vialidad en el que se condenó a Cristina Fernández de Kirchner, fue cuando aseguró muy suelto de palabras que "(Alberto) Nisman se suicidó. Espero que no haga algo así el fiscal Luciani", en alusión a quien estaba llevando adelante las acusaciones contra “La Jefa”.

También es imposible olvidar las amenazas a las que sometió a la población durante el confinamiento dispuesto por la pandemia del Covid-19, cuando afirmaba que las fuerzas represivas tomarían el control de las calles para garantizar las restricciones a la circulación: "La Policía Federal, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional y la Policía Aeroportuaria quedan afectadas al control de las medidas sanitarias que acabo de disponer". Sin embargo, el primero en incumplir la norma fue el mismo jefe de Estado, quien durante la cuarentena estricta realizó un festejo de cumpleaños dentro de la residencia de Olivos, cuyas imágenes secretas alguien se encargó de filtrar. Allí aparece muy sonriente rodeado de amigos, brindando alrededor de una mesa, lo cual desató un escándalo que se encargó de apaciguar tiempo después, pagando tres millones de pesos para que se diera cierre a la causa judicial.

Y ni hablar de las recientes declaraciones de la vocera presidencial, la fundamentalista k Gabriela Cerruti, quien durante una recorrida por la Casa Rosada junto a la ministra de Igualdad de España, Irene Montero, despreció el memorial realizado en homenaje a las víctimas del coronavirus: “En la fuente… Ahí lo que tenemos ahora, después del Covid, la derecha ha puesto sus piedras recordando a los muertos del Covid”. Una falta de respeto hacia quienes perdieron la vida producto de la falta de vacunas en el país, mientras ciertos funcionarios accedían ilegalmente a la vacunación VIP.

La sumatoria de las desastrosas medidas tomadas por este Gobierno, en detrimento del bienestar de la población (aumento de la pobreza e inflación al borde de la híper), junto a estas nefastas y odiosas declaraciones, fueron provocando un quiebre dentro del Frente de Todos que se reflejó a la perfección con la salida de más de 20 ministros a lo largo de estos tres años de gestión albertista, entre otras cosas. Se le fue vaciando el barco al fallido Presidente elegido a dedo por CFK, quien está furiosa por la debacle del partido que conduce.

La otra consecuencia irreversible de cara a las elecciones del 2023 fue a nivel imagen, que pasó de positiva a negativa en apenas un suspiro a lo largo de su gestión. El electorado grueso de la clase media ya no quiere saber nada con la figura que empobreció su hogar y fomentó aún más la desigualdad social. De modo que este año, la contienda por la nueva presidencia ha quedado prácticamente sin referentes de peso dentro del oficialismo, tras la renuncia de Cristina a una eventual candidatura y un Alberto Fernández sin chances.

Este fin de año, varios referentes de la oposición hicieron leña del árbol caído mediante irónicos mensajes publicados en sus redes sociales. Por ejemplo, un Ricardo López Murphy sobrador posteó: “¡Feliz 2023, compatriotas! Brindemos porque este año SE VAN”; un Mauricio Macri que apeló al regreso de Juntos eligiendo el emoji del brazo forzudo y el número 2023; un Horacio Rodríguez Larreta empoderado, prometiendo que este año “vamos a transformar la Argentina para siempre”, y un Javier Milei con intenciones de comenzar a “hacer historia”.

En esa catarata de saludos y augurios, Alberto Fernández siguió transitando su propia nebulosa, sin reconocer el fracaso de su olvidable paso por la Jefatura de la Nación: “Estamos iniciando un nuevo año. Dejamos atrás otro que nos deparó alegrías pero que también nos impuso las exigencias propias de una pandemia que no termina y una guerra que nos condiciona poniendo en crisis el desarrollo que tanto necesitamos”.

Excusas: la característica de un espacio que ya demostró con creces su incapaz de sacar a la Argentina adelante.



agencianova