https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

Los inversores están cometiendo un enorme error que les estallará en la cara en 2023.

 Pocos movimientos al cierre de las bolsas europeas, en una semana bajista en conjunto, y con una caída de negociación llamativa. "Los inversores no quieren estar fuera por miedo a quedarse fuera del posible rally de Navidad, pero tampoco quieren estar demasiado dentro por la alta incertidumbre", nos comentaba un operador nacional esta mañana.

Estamos acabando un año complicado para los inversores. Fuertes caídas al unísono en el mercado de bonos y renta variable, algo claramente excepcional. Pero había razones para ello. Miren la lista de razones que tenían los inversores para vender a juicio del analista Ben Carlson:

  • La inflación más alta en cuatro décadas
  • Pérdidas de dos dígitos tanto en acciones como en bonos
  • Funcionarios de la Reserva Federal alentando públicamente la caída del mercado de valores
  • Tasas de interés subiendo rápidamente
  • Guerra en Ucrania
  • Bloqueos continuos en la segunda economía más grande del mundo
  • Precios récord de la gasolina
  • Una desaceleración en el mercado de la vivienda
  • Esquemas Ponzi y accidentes en abundancia

¿Y ahora qué? ¿Qué podemos esperar para 2023?

Hace unas semanas, The Economist publicaba un artículo en el que afirmaba que es inevitable una recesión económica mundial en 2023. Y daban algunas razones de peso que sustentaban esa afirmación:

Se espera que la mayor economía del mundo, la de EE.UU., y las europeas, tengan un decrecimiento del PIB en el cuarto trimestre del 2022, y en el primer trimestre del 2023, con lo que técnicamente (dos trimestres consecutivos de caídas del PIB) se entraría en recesión. Hasta ahí todo normal.

Ahora veamos otros datos:

  • Las estimaciones apuntan a que en 2023 el crecimiento de los beneficios empresariales en promedio en EE.UU. subirán algo más del 4%.
  • Las recesiones que se han producido en las últimas décadas han provocado una caída promedio de los beneficios empresariales de algo más del 20%.

Es decir, mientras que los inversores esperan que los beneficios corporativos sigan subiendo en 2023, aunque modestamente, la historia nos dice que en realidad es razonable esperar una caída de los mismos de doble dígito. Y esto es especialmente importante.

Llevamos semanas advirtiendo que la próxima pata de la actual tendencia bajista no vendrá de un tensionamiento de tipos mayor de lo esperado, o de un repunte de la inflación por encima de las expectativas, en realidad, no creemos que venga desde el lado macroeconómico. Vendrá desde el lado micro. Vendrá de la constatación que los beneficios empresariales se verán afectados de un entorno económico recesivo. Vendrá de una caída en las expectativas de los BPAs que traerán consigo una revisión de los ratios de valoración, y por consiguiente, una caída en las estimaciones de precios objetivos. Vendrá de los numerosos profit warnings a los que nos vamos enfrentar ya desde principios de 2023. Esa será la causa de esa nueva onda bajista mayor que provocará primero incredulidad, luego desconcierto, y por último abatimiento entre los inversores. Nada que no se haya visto muchas veces antes, y nada que no se verá muchas veces después.

Es por esto por lo que estamos recomendando aumentar la liquidez en nuestras carteras, y no dejarse llevar por el actual rebote de lo que creemos sigue siendo un mercado bajista mayor. No corran detrás de los precios. Quédense parados que ya vendrán ellos dónde están situados ustedes.

Y si nos equivocamos, lo que es posible evidentemente, ya habrá tiempo para volver al mercado en una situación de mayor confianza y con el nivel de incertidumbre no tan disparado.

Cómo dicen los antiguos traders de bolsa a la hora de deshacer una posición que ha subido mucho: El último euro para el otro. Esto también es aplicable cuando la tendencia es bajista. No pretendan alcanzar suelos ni techos. No es posible hacerlo con regularidad.




capitalbolsa