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El escenario es de recesión con inflación

 Mientras el ritmo de aumento de los precios vuelve a acelerarse, la actividad económica da señales de enfriamiento 

La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner siempre se ha negado a reconocer que la emisión monetaria genere inflación. Es más, en alguna oportunidad, en uno de sus tantos discursos, mostró un gráfico que leyó al revés, tratando de mostrar que reflejaba que el déficit fiscal no afectaba el ritmo de aumento de los precios al consumidor, cuando claramente reflejaba el fenómeno causa-efecto contrario. 

Lo cierto es que desde el gobierno se ha insistido en que la inflación es multicausal atribuyéndola a los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania, a la pandemia de Covid-19; a los empresarios que remarcan precios; a los que quieren ganar “mucho”; y mil argumentos más.

A pesar de todo este discurso, con el ingreso de Sergio Massa al Ministerio de Economía se decidió que el BCRA deje de emitir moneda para financiar el déficit fiscal y financiarlo con endeudamiento en pesos, reconociendo, implícitamente, que la causa de la inflación es el déficit de las finanzas públicas financiado con creación de dinero primario. Sin embargo, como toda estrategia que solo utiliza parches, habrá que ver cómo cierra el plan de baja del desequilibrio del Tesoro comprometido con

El primer dato a tener en cuenta es que la reducción del déficit fiscal no se basa en una reforma del Estado que reduzca el gasto público y lo haga más eficiente, sino que busca dejar intacta su ineficiencia en la administración de los recursos, aunque aspirando a que suba en términos nominales por debajo de la tasa esperada de inflación. En otros términos, una simple licuación al estilo de la presidencia de Eduardo Duhalde 2002, cuando se salió de la convertibilidad.

Sin embargo, la primera diferencia con aquel momento consiste en que la inflación mensual de aquel año tuvo un pico máximo del 4% en marzo y mayo, en tanto que actualmente está afirmada en el rango de 6% a 7% mensual, por lo que la licuación buscada exigirá de tasas de inflación más altas.

En segundo lugar, el nivel de gasto público que había que licuar era sustancialmente menor al actual, el consolidado de la administración nacional, provincial y municipal rondaba el 30% del PBI y actualmente es 18 puntos porcentuales mayor: 48% del PBI. El déficit fiscal primario estaba en 2% del PBI, y no había gasto cuasifiscal. El principal problema estaba en las provincias, y se manifestaba con la emisión de cuasi monedas, y el salto del rojo consolidado a 7% del PBI. Pero una cosa es licuar un déficit con un gasto del 30% del PBI y otra con la proporción actual de 48% del PBI, más el desequilibrio cuasifiscal que ya ronda 2% del PBI o más.

Variable de ajuste

Si no hay reforma del Estado para bajar el gasto público, la inflación pasa a ser un instrumento de “estabilización” para este modelito económico. Una verdadera contradicción, porque estabilizar implica frenar el ritmo de alza generalizada de los precios, pero, como se dijo, el camino elegido es el licuar el gasto público en valores reales.

Además, esa política implica quitarle poder de compra a los jubilados, perceptores de planes sociales y empleados públicos, con el consecuente efecto contractivo del consumo interno, el motor en que más cree el kirchnerismo para reactivar la economía en su conjunto.

El Gobierno cree que existe un resultado mágico en que se puede crecer consumiendo antes que produciendo. Es como decir que se puede comer el pan antes de sembrar y cosechar el trigo. Las otras dos opciones que tiene el gobierno para mover la economía son: 1) las exportaciones y 2) la inversión.

Por el lado de las exportaciones enfrenta serios problemas porque no quiere aumentar el tipo de cambio oficial más que la inflación y eso debilita la competitividad cambiaria. La única manera de evitarlo es encarar reformas estructurales de tal envergadura que permitan fortalecer el peso por mayor productividad de la economía. Eso exigiría de cambios en la legislación laboral, impositiva, reforma del Estado, y desregulación general de la economía que ni por causalidad pasa por la cabeza del kirchnerismo. Tal vez, se presente “la suerte” de un salto en el precio de las materias primas, algo que por ahora no se ve claramente considerando el aumento de la tasa de interés que está llevando a cabo la Reserva Federal de los EEUU.

Queda como tercera opción poner en funcionamiento la economía con una fuerte corriente de inversiones en el sector real de la economía. Pero, pensar que con esta inestabilidad en las reglas de juego, los controles de precios, la imposibilidad de importar insumos, con esta legislación laboral y con la carga impositiva vigente puede llegar a haber una corriente de ingreso de capitales al sector productivo luce muy difícil de imaginar.

En síntesis, lo que se ve es que el Gobierno quiere bajar la tasa de inflación, pero al mismo tiempo necesita de ella para licuar el gasto público, porque es el mecanismo que eligió para tratar de bajar el déficit fiscal.

Por otro lado, pretende reactivar la economía, pero hace caer los ingresos reales de la población y compre la capacidad de consumo, al tiempo que atrasa el tipo de cambio desestimulando las exportaciones y adopta todas las medidas posibles para espantar inversiones.

Francamente no queda nada claro cómo este “modelito” económico pueda llegar a buen puerto. Lo que se percibe en el horizonte es una inflación alta para licuar el gasto entrando la economía en un proceso de recesión y, particularmente, caída del consumo, para evitar una corrida cambiaria antes de las elecciones generales del próximo año. Si lo consigue, sería un éxito para la gestión de Sergio Massa porque eso es a todo lo que pueden aspirar.

Roberto Cachanosky