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Los responsables de la Fed se replantean el ritmo de las subidas de tipos

 

  • La Fed espera mantener la credibilidad en materia de inflación mientras ralentiza las subidas
  • Las consideraciones políticas empiezan a lastrar el ajuste monetario
  • Reino Unido opta por la estabilidad mientras Sunak intenta restaurar las políticas económicas ortodoxas

 

Algunos de los que manejan el dinero inteligente se están hartando de la Fed. Barry Sternlicht, el multimillonario que dirige Starwood (NYSE:HOT) Capital Group, se refirió durante el fin de semana a Jerome Powell y a "su banda de lunáticos", mientras que David Rosenberg, director del grupo de investigación homónimo, dijo el lunes que Powell había pasado de Bambi a Godzilla.

Pero, por supuesto, los gestores de dinero se quejan cuando la Fed sube los tipos de interés sin preocuparse de si hunden la economía en una recesión. Lo que reprochan a los responsables de la política monetaria de la Fed es haber esperado demasiado tiempo para luchar contra la inflación y luego haberle dado un mazazo.

A nadie se le escapa que Powell y su Comité Federal de Mercado Abierto de pensamiento en grupo se equivocaron con la inflación el año pasado, y ahora todos estamos pagando el pato. La cuestión en este momento es si un mazo es la herramienta adecuada para arreglarlo.

Algunos miembros del FOMC parecen tener dudas. La presidenta de la Fed de San Francisco, Mary Daly, dijo el viernes que es hora de empezar a hablar de reducir el ritmo de las subidas de los tipos de interés.

Aunque todo apunta a que el FOMC seguirá adelante con la subida de 75 puntos básicos en noviembre, los inversores empiezan a creer que la subida en diciembre pueda quedarse en 50 puntos básicos.

Las declaraciones de Daly se hicieron eco de las del gobernador de la Fed, Christopher Waller, quien a principios de este mes dijo que el panel de política monetaria tendría "un debate muy reflexivo sobre el ritmo de ajuste en nuestra próxima reunión", prevista para los días 1 y 2 de noviembre.

Pero las declaraciones de los gestores monetarios, al igual que las de los economistas Mohamed El-Erian y Nouriel Roubini, sugieren que los responsables de la política monetaria de la Fed han perdido mucha credibilidad. El problema es que siguen siendo ellos los que toman las decisiones, y no todos los que saben más.

El presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, ha puesto en voz alta sus preocupaciones en torno al hecho de que el aumento del desempleo derivado de una recesión afecte de forma desproporcionada a los trabajadores negros, haciendo que el desempleo en ese segmento de la población llegue a duplicar el nivel general.

A Sternlicht le preocupa el impacto en los trabajadores de ingresos bajos en general.

"Así que el tipo rico que pierde el 30%, sigue siendo rico, ¿verdad? Pero el pobre que tiene un trabajo por horas y lo pierde, dirá: 'El capitalismo está roto, no funciona. He perdido mi trabajo. Y todo este sistema tiene que irse por donde ha venido. Va a haber malestar social".

Pase lo que pase con el control de las dos cámaras del Congreso en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, Joe Biden seguirá siendo presidente y su Administración seguirá al mando. Además, si los republicanos se hacen con el control del Congreso en esta ocasión, querrán ganar las elecciones en 2024, por lo que estas consideraciones políticas son bastante importantes.

Los más agresivos del norte de Europa tienen la sartén por el mango en el Banco Central Europeo, al menos por el momento, ya que los inversores esperan una subida de tipos de interés de al menos 75 puntos básicos, y quizás incluso un punto porcentual completo en la reunión del Consejo de Gobierno de esta semana.

Las voces de los más prudentes como el economista jefe del BCE, Philip Lane, que ha argumentado que la inflación provocada por la escasez de energía de la guerra de Ucrania es menos susceptible a las subidas de tipos de interés, han ido acallándose a medida que la inflación se ha mostrado más generalizada.

Reino Unido ha seguido su propio camino, pero se ha restablecido cierta calma con la elección del exministro de finanzas Rishi Sunak como primer ministro para sustituir a la malograda Liz Truss y su poco oportuno plan de estímulo por goteo.

Todo apunta a que Sunak mantendrá al moderado Jeremy Hunt como ministro de Economía y presentará la semana que viene un plan para reducir la creciente deuda de Reino Unido. Sunak descartó rápidamente cualquier sugerencia de unas elecciones generales para conseguir un nuevo mandato, confiando en cambio en la cómoda mayoría que Boris Johnson obtuvo en 2019.

Sunak tiene hasta principios de 2025 para convencer a los votantes de que este partido puede encauzar a Reino Unido por el camino correcto, pero su primer desafío será conseguir el favor de sus diputados, ya que a muchos de ellos no les gustan sus políticas.

Por su parte, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, ya puede dejar de apagar el fuego de la tremenda venta de bonos y volver a ajustar la política monetaria para combatir la propia inflación virulenta de Reino Unido.

El banco central ha dicho que empezará a vender parte de su cartera de bonos del Estado el 1 de noviembre, al día siguiente de la publicación del plan fiscal previsto por el Gobierno, y el Comité de Política Monetaria se reunirá el 3 de noviembre para discutir la subida de los tipos de interés.




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