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El Banco de Inglaterra revierte su compra de bonos para frenar la inflación

 

  • El Gobierno británico mantendrá el tipo impositivo máximo, pero su credibilidad está muy dañada
  • La inflación de la eurozona, en el 10%, impulsa a los responsables del BCE
  • Los inversores estadounidenses ven la luz al final del túnel

 

El Gobierno británico ha abandonado su plan de eliminar el tramo impositivo máximo del 45% para los ingresos superiores a 150.000 libras. La libra esterlina y los bonos del Estado han recuperado algo de terreno, pero el nuevo gabinete de la primera ministra Liz Truss ha perdido mucha credibilidad.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, tuvo que intervenir con un mecanismo de emergencia para comprar 65.000 millones de libras en bonos del Estado a largo plazo para evitar que los fondos de pensiones que utilizaban derivados para cubrir sus inversiones estallaran con ajustes de margen.

Esto era lo contrario de lo que Bailey y el banco central querían hacer, ya que han estado tratando de controlar la inflación con subidas de tipos de interés y una liquidez más ajustada gracias a la venta de tenencias de bonos. A los reguladores les preocupa lo que pueda ocurrir cuando el mecanismo de emergencia del Banco de Inglaterra llegue a su fin a mediados de octubre.

Como era de esperar, la prensa británica puso en la picota al nuevo canciller del Tesoro, como se conoce al ministro de Finanzas, culpándole de ayudar a los ricos cuando los ciudadanos de a pie están siendo golpeados por las subidas de precios.

De repente, Kwasi Kwarteng, hijo de inmigrantes ghaneses y criado en las mejores tradiciones británicas, era un dechado de brillantez reconocido, pero también pasado de moda y con el tono de la arrogancia característica de la élite.

No hay garantía, una vez que se asiente el polvo, de que Kwarteng o ni siquiera Truss sobrevivan políticamente, y ciertamente, su eficacia ha quedado muy dañada. Eso es lo que puede ocurrir cuando se instala un Gobierno que propugna un cambio radical sin elecciones.

Bailey, cuyos débiles esfuerzos por cortar la inflación de raíz han sido objeto de duras críticas, parece un héroe, al menos por ahora. Pero el gobernador del banco central, cuya reciente etapa al frente de la Autoridad de Conducta Financiera de Reino Unido sigue siendo controvertida, podría tener que rendir cuentas pronto.

Reino Unido, en resumen, es un desastre. La popularidad del Partido Laborista de la oposición se ha disparado, recuperándose finalmente del desastroso mandato del socialista de la vieja escuela Jeremy Corbyn como líder (demócratas estadounidenses, presten atención).

Europa en su conjunto está de capa caída. El Gobierno alemán ha pasado de todo y ha puesto en marcha un plan de 200.000 millones de euros para ayudar a los consumidores perjudicados por la subida de los precios de la energía, lo que ha provocado las críticas de los países más pequeños y menos prósperos de la UE, es decir, de los otros 26 Estados miembros, así como de la Comisión Europea.

Alemania es el país más afectado por la extorsión energética rusa, pero también fue Alemania la que durante años ignoró las numerosas advertencias sobre la posibilidad de poner al país a merced de Vladimir Putin.

El Banco Central Europeo, por su parte, se ha puesto religioso y ahora planea subir rápidamente los tipos de interés. Probablemente demasiado tarde. La semana pasada conocíamos que la inflación de la eurozona se situó en el 10% en septiembre, superando a la de Estados Unidos e impulsando incluso a los responsables de política monetaria del BCE a actuar.

Ahora se espera que el banco central suba sus tipos de interés en 75 puntos básicos en su reunión de este mes para volver a meter al genio de la inflación en la botella. Esto nunca habría sucedido si el banco central alemán, el Bundesbank, estuviera dirigiendo las cosas, pero la esencia de la unidad europea es el compromiso y la timidez.

Estados Unidos está en mejor forma. La Reserva Federal ha subido asiduamente los tipos de interés a un día y es probable que siga haciéndolo a un ritmo de 75 puntos básicos. La posibilidad de una recesión ha ahuyentado a los inversores de las acciones y ahora buscan refugio en las letras del Tesoro, que presentan un tipo decente del 3,2% a tres meses. Y no sólo eso, los inversores están seguros de ir a recuperar su dinero.

El rendimiento de los bonos del Tesoro a dos años ha superado el 4%, llegando a superar el 4,27% el viernes, antes de bajar el lunes hasta situarse por encima del 4,11%. Pero los inversores decidieron el lunes que las acciones habían sido sobrevendidas en un tercer trimestre brutal, por lo que los índices en general subieron en torno a un 2,5%. Un rayo de esperanza, según los estrategas, es que la Reserva Federal podría suavizar las subidas de tipos el año que viene si la inflación baja.



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