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Política Latinoamericana: ‘Marea rosa’ latinoamericana sufre de nostalgia

 En su campaña para recuperar la presidencia brasileña el próximo mes, a Luiz Inácio Lula da Silva le gusta evocar el pasado, los años felices de 2003 a 2010 cuando, como le gusta decir, el país estaba dirigido por “quien es considerado el mejor presidente de la historia de Brasil”.

Tiene cosas de las que presumir.

La economía brasileña creció más del 4% anual, en promedio, durante la presidencia de Lula, superando ampliamente el historial de su rival, el actual presidente Jair Bolsonaro. Bajo la supervisión de Lula, Brasil redujo la inflación en dos tercios, disminuyó el desempleo a la mitad y recortó la deuda pública.

Todo esto sucedió, dijo al programa Jornal Nacional, a medida que “implementamos las mayores políticas de inclusión social en la historia de este país”. El salario mínimo subió en un 50%, ajustado por inflación. La pobreza cayó del 40% al 25%. La mortalidad infantil disminuyó.

Sin embargo, a pesar de todas las victorias, esta estrategia de campaña de grandes éxitos subraya un desafío espinoso, no solo para Lula, sino para toda la cohorte de Gobiernos de izquierda entrantes que esperan redirigir la política económica y social en América Latina: el mundo no se parece en nada a los años felices cuando la izquierda estuvo en el poder por última vez.

Además de Brasil, donde parece casi seguro que Lula volverá a la presidencia después de las elecciones del próximo mes, la izquierda gobierna ahora en Argentina, Colombia, Chile, Perú y Bolivia.

Un giro a la izquierda

Sin embargo, si bien esto puede parecer un realineamiento ideológico en toda la región, el giro hacia la izquierda es, en gran medida, producto de la frustración de los votantes con los Gobiernos de derecha en ejercicio.

Estos votantes comparten el tipo de nostalgia que anima la campaña de Lula. Pero es probable que recuperar los buenos tiempos siga siendo un objetivo inalcanzable. Y los votantes no tendrán mucha paciencia con los Gobiernos de izquierda que restauraron en el poder con la esperanza de recuperar parte de la prosperidad experimentada en el pasado.

A pesar de una fuerte desaceleración hacia el final de su mandato, Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, presidieron durante 13 años una economía que creció un 4,5% anual en promedio. El PIB de Bolivia se expandió en un promedio de 4,7% anual durante los 14 años del Gobierno de Evo Morales, sustancialmente más que durante los 14 años anteriores.

Las compras de China

Pero eso fue entonces, cuando China compraba productos básicos de toda Sudamérica a manos llenas y la inversión extranjera directa llegaba a raudales. Reproducir estos resultados requeriría que la economía de China se recuperara del estancamiento, que la guerra en Ucrania terminara, que la pandemia mundial se acabara y, además, de mucha suerte.

La producción de gas natural de Bolivia se disparó durante el mandato de Morales, lo que le permitió financiar vastos programas sociales. Las exportaciones de materias primas de Argentina a China se duplicaron durante el mandato de Kirchner y su esposa. Las exportaciones brasileñas a China se multiplicaron por siete durante la presidencia de Lula.

Actualmente, Argentina no solo sufre de una inflación galopante, que se espera llegue al 100% a finales de año. También su economía se está desacelerando desde el repunte posterior al covid. El Fondo Monetario Internacional espera que crezca menos del 2% anual, en promedio, durante el mandato del actual presidente Alberto Fernández, un aliado cercano a Cristina Fernández de Kirchner, ahora su vicepresidenta.

La economía de Bolivia también está creciendo sustancialmente más lento que en la época de Morales. Y es poco probable que Brasil y Chile eviten la tendencia a la desaceleración. El FMI espera que crezcan solo alrededor del 1,5% anual durante los próximos 4 años. Además, la inflación está aumentando prácticamente en todo el continente, amenazando el sustento de la clase media políticamente poderosa. Si las tasas de interés en Estados Unidos aumentan mucho más, su realidad económica será mucho peor.

El pasado

Mientras promociona sus éxitos pasados, Lula podría querer recordar lo que les sucede a los Gobiernos de izquierda cuando la economía se daña. La sucesora elegida por Lula, Dilma Roussef, fue destituida después de un año y medio de fuerte contracción económica.

La economía de Argentina finalmente se deterioró bajo el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lo que ayudó a entregar la presidencia al derechista Mauricio Macri. En Chile, un par de años de crecimiento a paso de tortuga condujeron a la transferencia del poder del Gobierno socialista de Michelle Bachelet al derechista Sebastián Piñera.

Cualesquiera que sean sus inclinaciones ideológicas, la “marea rosa” de Gobiernos de tendencia izquierdista que lleguen al poder en toda la región tendrá las manos ocupadas navegando en un espacio económico, por no mencionar político, muy ajustado, donde la prosperidad y la paciencia de los votantes puede ser difícil de conseguir.

Miremos el caso de Chile, donde los votantes expulsaron el año pasado a Piñera, reemplazándolo por Gabriel Boric, un activista de izquierda de 36 años que apostó su capital político en un esfuerzo radicalmente ambicioso para redactar una nueva Constitución que reemplazara a la heredada de la dictadura del general Augusto Pinochet.

Derechos constitucionales

Entre muchas otras cosas, el documento de 388 artículos creó los derechos constitucionales a la vivienda, la educación, la atención médica, el tiempo libre, la comida culturalmente relevante, el asesoramiento legal gratuito, la educación sexual y una muerte digna. A principios de este mes, la propuesta de Constitución fue rechazada rotundamente en un plebiscito. Y Boric descubrió que la frustración de los votantes por un Gobierno anterior no equivale a un mandato para un cambio radical.

El diagnóstico de Lula sobre los desafíos que enfrenta Brasil —donde el crecimiento es anémico y casi uno de cada diez trabajadores carece de trabajo; donde el 18,4% de la población subsiste en la pobreza y el 10% más rico de los hogares gana 15 veces más que el 40% más pobre— es perfecto. El diagnóstico sería similar en la mayoría de Latinoamérica.

La pregunta es si los líderes de la izquierda latinoamericana —Lula y Boric; Alberto Fernández en Argentina y Gustavo Petro en Colombia; Luis Arce en Bolivia o Pedro Castillo en Perú— pueden brindar el tipo de crecimiento generalizado necesario para enfrentar el desafío. Si no, espere ver pronto una marea azulada moviéndose a través de la región desde la derecha.

Fuente: Bloomberg