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La trastienda de la designación de Silvina Batakis y el diálogo de Cristina Kirchner con Alberto Fernández

 La flamante ministra va a anunciar un paquete de medidas financieras y cambiarias la semana próxima: busca fortalecer las reservas. La vice y Sergio Massa le plantean condiciones al Presidente. 

El polémico equipo de Energía de La Cámpora se iría a la brevedad del gobierno. La salida estaría acordada y se produciría una vez que se implemente la “segmentación” de las tarifas. Las renuncias involucrarían a Federico Basualdo, pero podría alcanzar al secretario de Energía, Darío Martínez, responsable del desaguisado del gasoil. La audaz movida ocurriría en unas semanas, cuando se termine de aplicar el aumento de tarifas. 

Sería una forma de emparejar las pérdidas en esta patética guerra entre Alberto y Cristina. El tema –obvio, aún en disputa- forma parte del temblor que ocasionó la salida de Martín Guzmán. Cristina festejó feliz: “Se fue el mentiroso”. Sergio Massa lo denunció: “Guzmán traicionó a Alberto”. El Presidente apuntó contra la vice: “Debemos resistir los delirios de Cristina”. Ocurrió en el inicio del febril fin de semana. Era cuando entraba la noche del sábado y se desnudó la peor crisis.

En esas 48 horas hubo desorientación política, peleas, tensión, cinco candidatos a ministro y, al final, una pax que hizo recordar a Jorge Luis Borges: bajaron los decibeles de la disputa porque los unió el espanto de un abismo económico y político.

Silvina Batakis –la flamante ministra- va a anunciar al inicio de la semana próxima un paquete de medidas financieras y cambiarias. Entre ellas se evalúan las vinculadas al turismo: no se prohibirán los gastos afuera, pero todo se cotizaría al dólar Bolsa, un 25% más caro. Las medidas están en elaboración y apuntarían a fortalecer las escuálidas reservas. Hay dólares para sólo 15 días de importaciones y una liquidación retenida de US$ 9.000 millones.

Batakis lanzó un mensaje de moderación. El apoyo político de Cristina le sirve para consolidar su gestión, pero –a la vez– espanta en Wall Street. Ya lo hizo en la charla informal con Kristalina Georgieva: “Voy a respetar el acuerdo con el FMI”. Georgieva fue amable. Hizo alusión a la crisis política de Alberto y Cristina. Pero Batakis se movió bien. Ambas quedaron en encontrarse en Washington. La misión sería en dos semanas.

La conversación del domingo entre Cristina y Alberto fue inicialmente dura. Alberto le hizo reproches y Cristina le pasó factura por Guzmán. Pero la urgencia los apuró. Cristina bendijo la nominación de Silvina Batakis. Ambos cenaron el lunes y toda la semana estuvieron en contacto con Massa. El trío cenó el miércoles en Olivos. Habría un armisticio, para tratar de salir del abismo. En estos diálogos, hablaron de un recambio más amplio del Gabinete. Cristina y Massa lo empujan y Alberto duda.

También se habría hablado a “calzón quitado” del tema institucional y las lacerantes –y poco reales- versiones de la renuncia presidencial. Este jueves hubo agitación de todo tipo. Cristina afirma que no quiere que Alberto dé un paso al costado. Respalda su continuidad.

Ambos se odian, pero una salida presidencial anticipada estaría precedida de una mayor crisis con epicentro en el Conurbano. Letal para las aspiraciones electorales de la Vice. También sería un costo fenomenal asumir la Presidencia: tendría que hacer el ajuste y se pulverizaría su vacío relato. Massa también lo dijo: “No avalo ninguna de esas locuras”.

Pero Cristina y Massa imponen condiciones: la principal, que Alberto acepte un sistema de consultas con ambos en la toma de las futuras decisiones. La famosa “mesa de decisiones”.

Cómo fue la renuncia de Martín Guzmán

La crisis se inició el último jueves de junio. El día anterior, Guzmán había sofocado la corrida y pidió verlo a Alberto. Ambos se vieron –en la noche del jueves- cara a cara en Olivos. Guzmán le pidió un gesto concreto y ampliar su poder en el área económica.

Guzmán argumentó: “Se controló esta corrida, pero hay que tomar medidas para evitar otra”. Después, se despachó con los reclamos: pidió sacar a La Cámpora de la Secretaría de Energía y controlar directamente la mesa de dinero del BCRA. “Miguel –dijo por Pesce- comete constantes errores”.

El Presidente le dijo que le trajera un nombre para suplantar a Martínez en Energía y prometió discutir el tema del BCRA. El viernes, Guzmán se reunió con Aníbal Fernández. Lo sondeó para ocupar y manejar todo el área energética. Fernandez fue concreto: “Yo soy ministro. Quiero un ministerio de Energía”. Aníbal, después, dijo que ese día ya “Martín olía a cala”.

El sutil rechazo de Aníbal lo desanimó. Guzmán empezó a mascullar la renuncia: suspendió todas las audiencias y se internó con su equipo a redactar la carta. El sábado a la mañana habló por teléfono con Alberto. El Presidente le notificó que postergaba la decisión sobre el BCRA: “Lo vamos hablando”.

Guzmán no fue preciso, pero le adelantó y dejó claro que así era difícil seguir como ministro. En la intimidad -después- le confió: “Tengo los huevos llenos”. Horas después renunció. Alberto acusó de inmediato a la vice del complot: “Martín se fue como corolario de los constantes ataques de Cristina”.

Pero –a medida que pasaban las horas– Cecilia Todesca advirtió que Guzmán estaba preparando su salida. En la Casa Rosada acusaban a Guzmán de armar una historia para salir indemne del Gobierno y dejarle un “martes 13” al Presidente.

Según esos paper, Guzmán hizo cumplir las metas del FMI con excesiva “cosmética contable”. Insisten en que el Banco Provincia y el Banco Nación habrían contribuido para fortalecer ficticiamente las reservas al 30 de junio y cumplir las metas con el FMI.

Se trata de sofisticadas acciones financieras: el BAPRO aportó US$ 200 millones y el BNA otros US$ 300 millones.

Otra buena parte del dinero provino de las cerealeras: adelantaron generosas liquidaciones a pedido de Guzmán. El ex-ministro, el viernes suspendió un encuentro con la Cámara Exportadoras de Cereales.

La designación de Batakis

Olivos, el domingo, fue un pandemonio. La oposición también estaba alerta: hubo tres contactos entre Horacio Larreta y Mauricio Macri para evaluar la situación.

Juan Manuel Olmos fue el emisario del Presidente para ofrecerle el ministerio a Emanuel Álvarez Agis y a Martín Redrado. Ambos dijeron que no.

Alberto –en paralelo-, en persona, habló con Massa y le ofreció el Palacio de Hacienda.

Massa estuvo reunido varias veces con Máximo: el líder de La Cámpora quería que acepte. Ese día, Massa y Cristina también hablaron –por lo menos– tres veces. Eran horas dramáticas. Santiago Cafiero propuso la candidatura de Sergio Chodos y Pesce –desde el sábado– insistía con el nombre de Batakis.

El jefe de Diputados recibió muchas presiones del círculo rojo. Pero a media tarde impuso condiciones: quería la Jefatura de Gabinete, nombrar a Marcos Lavagna como ministro y ocupar el BCRA y la AFIP. También exigió un replanteo total del Gabinete, para relanzar el gobierno.

Alberto se opuso: a las 19, Massa entonces se bajó de la carrera. El diálogo entre Alberto y Cristina fue determinante. La vice bendijo a Batakis.

A la nominada a ministra nadie la encontraba. En su casa de La Plata no había wi fi, porque se habían robado los cables de Internet del barrio. Daniel Scioli habló a su teléfono de línea: “Sabes que no te llamo para invitarte a un cumpleaños. Tenés que aceptar el desafío”.

Ya empezaba el partido entre Huracán y River. Cristina estaba por cortar con Alberto. La vice dijo, preocupada por el relato: “Alberto, resolvelo rápido. Me preocupa la imagen de crisis y desgobierno que dan los medios mostrando el portón de Olivos”.

Marcelo Bonelli