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Batakis no está tan cómoda con el dólar y prepara un plan de devaluaciones selectivas

 El tipo de cambio se atrasa a toda velocidad, en contradicción con el pedido del FMI. Ante la dificultad para devaluar, la ministra hace ajustes selectivos 

Una de las primeras definiciones de Silvina Batakis fue que se "sentía cómoda" con el actual tipo de cambio, por lo que no había que esperar una devaluación brusca. Sin embargo, al mismo tiempo empezó a dar señales contradictorias con esa afirmación, que hacen que el mercado se prepare para una serie de "devaluaciones selectivas". 

Para empezar, su queja sobre la salida de capitales por el rubro turismo y cómo eso resulta en un perjuicio contra el aparato productivo no hace más que confirmar lo que desde hace tiempo se veía venir en el mercado: alguna forma de devaluación indirecta que termine por igualar el dólar que pagan los turistas con el del mercado paralelo.

Hoy, para salir del país, hay que pagar el impuesto PAIS más la retención del 35% en Ganancias, lo cual lleva al tipo de cambio "turista" a $219. La medida sobre la que se estaba especulando -y cuya probabilidad ganó intensidad tras las declaraciones de Batakis- es que los dólares que se gastan con tarjeta de crédito por las compras desde el exterior ya no sean convertidos a ese tipo de cambio, sino que sean comprados por los bancos en el MEP.

En otras palabras, significaría para los turistas y los consumidores de productos importados un encarecimiento de 27%, a los valores del cierre de este jueves.

Es una medida que enoja a los turistas y a los empresarios del sector. Walter Rodríguez, el secretario de la Federación de Agencias de Viajes y Turismo, se quejó de que la estadística del Banco Central "infla" el déficit cambiario que produce el turismo, porque incluye en el mismo rubro a los viajes propiamente dichos con las compras que realizan, sin salir del país, los usuarios de las plataformas de e-commerce.

Las urgencias de Batakis

Desde el punto de vista de Batakis, una restricción al turismo tiene toda la lógica económica y política: se hace difícil sostener un régimen que puede ser considerado como de subsidio al turista, al mismo tiempo que se están denegando dólares para la importación de insumos industriales.

La estimación de los empresarios es que el turismo propiamente dicho no le cuesta al BCRA más que u$s2.000 millones por año. Pero el Central informa en su reporte cambiario que, sólo entre enero y mayo, el rubro "viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta" ya acumula u$s3.259.

Pero a Batakis, en realidad, no le interesa cuánto de eso es pasajes de avión y cuánto son compras online. Lo que le importa es que la proyección anual -si se toman indicadores indirectos como la recaudación del impuesto PAIS- apuntan a que en el año habría una demanda minorista de u$s7.500 millones, a lo que se debe sumar más de u$s2.000 millones por atesoramiento del "dólar ahorro".

Es decir, un nivel de demanda ya al nivel del que se registraba en el momento de retraso cambiario más agudo experimentado durante la gestión macrista, con un mercado cambiario libre.

Peor aún, se trata de una salida de divisas que será mayor al costo de importación de gas a lo largo del año, una suma que los economistas más escépticos estiman en u$s8.000 por el impacto de la guerra de Ucrania sobre el mercado global.

Sojadólares en cuentagotas

Pero el turismo no es el único problema de la ministra, que además de tener motivos de preocupación por los dólares que se van, también tiene la lupa puesta sobre los que ingresan. Y no por casualidad, en sus primeras declaraciones, envió un mensaje directo a los productores agropecuarios: ahuyentó temores en el sentido de que pueda haber retenciones a la exportación -un reclamo intenso del kirchnerismo- pero dijo que se debe acelerar el ritmo de liquidación.

En los últimos días, el ingreso de "sojadólares" cayó desde un promedio diario de u$s200 millones a uno de u$s100 millones. Es una situación que contradice la expectativa que tenían los funcionarios del Gobierno.

Por los altos precios del mercado global, se esperaba que este año se produjera un cambio en la típica estacionalidad -que hace que el grueso del ingreso de divisas se produzca en el "trimestre dorado" que va de abril a junio-. Como en el escenario de precios altos los productores estaban retrayendo sus ventas, se esperaba que las liquidaciones se produjeran de manera más pareja a lo largo del año, lo cual aliviaría tensiones cambiarias en el segundo semestre.

Pero no es lo que se está constatando. Por lo pronto, el Banco Central ha vuelto a tener que vender dólares, después de la breve tregua que le había permitido comprar u$s1.000 millones aprovechando el "feriado importador" de la semana pasada. Pero quedó en evidencia que se trató de una situación excepcional, porque en las últimas cinco ruedas ya tuvo que deshacerse de u$s638 millones de las reservas que trabajosamente había engordado para cumplir la meta trimestral con el FMI.

Batakis y el campo: expectativas divergentes

Los analistas del negocio agropecuario no tienen dudas sobre por qué se está produciendo esta ralentización: a pesar de que el Gobierno hable sobre precios récord en el mundo, lo cierto es que el margen de rentabilidad de los productores no sólo no sube, sino que está empeorando. Y esto ocurre por la combinación entre el retraso cambiario y las retenciones.

Para ponerlo en números, cuando la soja cotizaba a u$s608, el productor argentino sólo recibía u$s177, después de tener que liquidar sus divisas al tipo de cambio oficial, después de restados los impuestos y después de convertir el remanente otra vez a dólares en el mercado paralelo, según una estimación del analista Carlos Etchepare

En otras palabras, el productor sólo logra captar el 29% de la cotización de Chicago. Es por esto que, desde su visión, tiene más sentido esperar a un tipo de cambio más favorable antes que apurarse a aprovechar un precio internacional del que no podrá beneficiarse. El mismo desestímulo ocurre con el trigo y con el maíz: los productores reciben, respectivamente, un 32% y un 39% del precio internacional.

Visto desde el punto de vista de la ministra, esta lentitud en la liquidación es la peor noticia, porque los precios del mercado internacional empezaron a caer -la soja ya está en torno de los u$s580-, lo cual obliga a recalcular el ingreso dólares por exportación.

Por lo pronto, la caída en los montos de liquidación de las últimas semanas implicó una pérdida de u$s3.900 millones por la desvalorización del producto retenido en las silobolsas, según estiman en consultoras privadas.

Los productores mantienen unas 24 millones de toneladas de soja, que podrían equivaler a unos u$s13.000 millones, aunque en la medida en que el mercado global siga ajustando a la baja esa cifra irá en descenso

En conclusión, para Batakis el tiempo juega en contra, mientras que los productores demuestran no tener apuro y van liquidando “a cuentagotas” a medida que van necesitando fondos para cubrir sus necesidades de financiamiento para la próxima campaña.

¿Cómo se resolverá esa desavenencia? Desde el punto de vista del campo, la solución es evidente: esperan una corrección del tipo de cambio, ese mismo con el que la ministra “se siente cómoda”.

Un dólar cada vez menos “cómodo”

La duda que ha quedado instalada tras las declaraciones de la ministra es si, de aquí en adelante, se acelerará la tasa devaluatoria, de manera de igualarla con la inflación para no alterar ese tipo oficial con la que se siente cómoda.

Hasta ahora, la devaluación manejada por el Banco Central ha estado, en promedio, en dos tercios de la inflación. Esto significa que, en lo que va del año, frente a una inflación que ya acumula más de un 35%, el dólar sólo se ha movido un 20%.

Dicho en otras palabras, Argentina ha tenido una "inflación en dólares" de 12%, después de haber registrado un 26% a lo largo del año pasado. Aun si estas cifras se corrigen por la inflación estadounidense, esto supone la acumulación de un retraso cambiario de 6% en lo que va de este año, que se suma al 17% del 2021.

Es decir, el tipo de cambio que hace "sentir cómoda" a Batakis está más apreciado que el de diciembre del año pasado, que el país se comprometió a mantener en su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Suponiendo que la ministra no quiera seguir convalidando retrasos cambiarios, eso implicaría tener que pisar el acelerador del "crawling peg", que hasta ahora el Banco Central está llevando a un ritmo de 4% mensual.

Con la perspectiva de una inflación creciente -hay economistas que pronostican para julio un IPC cercano al 10%-, eso implicaría tener que incrementar fuertemente el ritmo devaluatorio, algo que en principio no parece políticamente viable: en el Gobierno hay un convencimiento de que supondría acelerar la dinámica inflacionaria y que además generaría zozobra social.

En consecuencia, todos los indicios apuntan a que cada mes se irá agravando la apreciación del peso, una situación que hará desaparecer progresivamente la "comodidad" de la ministra con el tipo de cambio.

Los economistas señalan este problema como uno de los principales de la economía. Por caso, Marcos Buscaglia, ex presidente del banco de inversión Merrill Lynch, afirma que "el problema de fondo es que el peso está groseramente sobrevaluado en el mercado oficial de cambios, lo que lleva al "festival de importaciones".

También el consultor Salvador Di Stefano señala que hay un "atraso cambiario al palo" y que el campo está sufriendo por esa distorsión de precios relativos. Además, pronostica que, en la medida en que ese problema se agudice, la brecha con el dólar paralelo tenderá a agrandarse, con lo cual no es descabellado pensar en un blue que supere los $300.

Por su parte, un informe de Ecolatina argumenta que "un ajuste cambiario relajaría parcialmente las presiones compradoras en el mercado de cambios oficial, aunque a costa de una mayor inflación y menor actividad en el corto plazo". En consecuencia, prevé que no habrá un ajuste por precio sino por cantidades, en forma mayores restricciones para el acceso a las divisas.

Respecto de qué se puede ver en materia cambiaria en el segundo semestre, el economista Miguel Angel Broda pronostica que la inflación anual a diciembre llegará a un 85%, mientras el dólar subirá un 60%. Ello implicaría una inflación en dólares del 16% en el año.

Y argumenta por qué Batakis resistirá un salto devaluatorio: al comparar la situación actual con la de 2014, cuando el entonces presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, convalidó una suba del dólar del 25%, pronostica que el impacto inflacionario sería hoy mucho más grave que el de aquel momento.

Fernando Gutiérrez