https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

ICF (Índice de Condiciones Financieras) del mes de Mayo, que elabora el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), junto con la consultora Econviews.

 



El Índice de Condiciones Financieras (ICF) volvió a tener un fuerte retroceso en mayo pasando de -92.2 a -108 puntos, lo que lo ubica cerca de valor de marzo cuando tocó -

115.9. Las variables externas fueron determinantes ya que tuvieron una fuerte baja y volvieron a terreno negativo. Mientras tanto las condiciones locales mejoraron en el margen, pero nada para celebrar.

El subíndice de condiciones locales se ubicó en –93.6 puntos, una mejora de 1.3 puntos respecto a abril, aunque un deterioro de 40 puntos si se la compara con el mes de junio de 2021. Aquel mes el ICF local había alcanzado el mejor valor desde las PASO de 2019. Hubo una corrección retrospectiva del índice local ya que la inflación de abril resultó muy superior a la esperada, algo que ya había acontecido en marzo. En mayo mejoraron 4 variables y empeoraron 6. Pero la expectativa de menor inflación núcleo y en menor medida la confianza en los bancos (aumento de depósitos en dólares) inclinó la balanza hacia una mejora del subíndice. El riesgo país fue la variable que más bajó en el mes de mayo.

El subíndice de condiciones externas volvió a tener números rojos como fue el caso de marzo, aunque esta vez los problemas no llegaron tan abajo. El índice pasó de 2.7 a -

14.4 cuando el valor de marzo había sido -23.8 puntos. Marzo y mayo de 2022 fueron los únicos datos negativos desde agosto de 2020. En febrero, antes del comienzo de la guerra en Ucrania, el índice internacional estaba en 20.7 puntos. Siete de los diez componentes empeoraron en mayo y los tres que mejoraron tuvieron un crecimiento más bien simbólico. Ellos fueron las acciones emergentes, la pendiente de la curva de bonos americana y la confianza entre bancos. Entre las variables que cayeron en mayo se destacaron las acciones americanas, los commodities (es decir, el aumento de su volatilidad) y el mayor riesgo de los países emergentes medidos a través del índice EMBI que elabora el JP Morgan.



El índice de condiciones financieras locales lleva 44 meses consecutivos operando en zona de stress financiero. La última vez que el ICF local estuvo en terreno positivo fue en agosto de 2018. De todas maneras, la situación está órdenes de magnitud mejor que cuando comenzó la pandemia. En abril de 2020 el ICF estaba en -258.2 puntos, cuando paradójicamente los componentes internacionales estaban casi tan negativos como los locales. Desde el mínimo de abril de 2020 el ICF externo mejoró 114 puntos y el local sólo 36 unidades. Esto es entendible desde que existe una brecha cambiaria elevada, un riesgo país que no era lo que se suponía cuando se restructuró la deuda pública y las expectativas de devaluación nunca se lograron apagar del todo ya que el cepo cambiario señaliza que existe otro dólar. En otras palabras, la guerra y la suba de tasas de la Fed, si bien empeoraron el índice externo, no empañaron una inmensa mejora respecto al mínimo de la pandemia, mientras que a nivel local la mejora fue esencialmente testimonial y luego de haber reestructurado la deuda, algo que en general otorga aire financiero.




A nivel internacional 8 de los 10 componentes se encuentran en zona de stress (negativos) y 2 en zona de confort mientras que el mes pasado era un empate 5 a 5. El componente con mejor rating es el de inflación esperada y el otro en zona positiva es la confianza entre bancos. Esto es controversial y puede ser contraintuitivo, pero tiene una explicación por detrás. La Fed de Chicago dice “inflación por encima del promedio ha estado históricamente asociada con condiciones financieras más laxas”. Sin embargo, la visión es que la Reserva Federal será más agresiva de lo que planeaba y cuando se profundice el tightening, la inflación esperada debería reducirse y allí este componente jugará en contra. Es decir, correlacionará con condiciones financieras más negativas. Este mes se observó de hecho un leve impacto negativo del componente. El mea culpa de la Secretaria del Tesoro Janet Yellen va por ese lado. Juzgaron la inflación como temporaria y pareciera que será más permanente lo que requiere más acción de política monetaria. El componente en peor situación es el de acciones americanas, seguido por los commodities y las acciones emergentes.



La economía argentina siempre creció en forma sostenida cuando las condiciones financieras se mantuvieron en zona de confort durante un lapso prolongado. Los últimos años lo demuestran claramente. El 2020 con viento de frente internacional en buena parte del año y condiciones negativas locales por todo el año, el PBI cayó 9.9%. En el 2021 el rebote del piso alcanzó el 10.3%, dejando un arrastre superior al 4% para 2022 según los datos del EMAE que produce el INDEC. El mundo se empieza a mostrar un lugar mucho más hostil. Y si bien hoy la Argentina no está muy conectada financieramente hablando, es menester llegar a tener acceso al mercado de deuda para el sector público en 2025 si es que se quiere evitar una nueva reestructuración de deuda. Más allá de los problemas autóctonos, el costo de esa deuda, de poderse emitir, será mucho más alta que la que consiguieron en los últimos dos años la mayoría de los países emergentes. A esto se suman discusiones sobre la capacidad de endeudamiento del estado en moneda local, lo que agrega volatilidad e incertidumbre.