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El confinamiento de la mente.


Por Virginia Mallo

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El 5 de noviembre del 2020, según datos oficiales de la OMS, se confirmaron más de 47 millones de casos y más de 1.2 millones de fallecidos, en un total de DOSCIENTOS TREINTA Y CINCO (235) países, áreas o territorios, por COVID-19.

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“It’s not where you take things from, it’s where you take them to”. Jim Jarmush

Sábado

Gonzalo amanece positivo, está en la etapa previa a comenzar su proyecto inmobiliario. Lo que lo tiene tan feliz es que todo lo que está haciendo es de su propiedad. No tiene que andar luchando con los inversionistas, y puede darse el gusto y el tiempo de elegir cada detalle del Edificio.

Los sábados además como la construcción fue habilitada, empezó con el acopio de materiales para el comienzo de la obra en el verano.

Lucía se despierta angustiada, tuvo un sueño que alteró su tranquilidad. Durante el encierro muchas personas en todo el mundo tuvieron cambios en el ciclo natural del día. Algunos no podían dormir y se acostaban a la madrugada, otros seguían trabajando y todo el estrés que se iba gestando salía en forma de pesadillas apocalípticas.

Lo primero que hace es buscar el celular; en la mesa de luz no lo encuentra. Da vueltas en la cama porque no tiene intención de levantarse y da manotazos debajo de las sábanas primero y después en las almohadas.

Cuando lo encuentra entre el acolchado y la frazada, abre el WhatsApp. Las redes sociales son como los calmantes electrónicos porque casi todos viven el “afuera a través de los dispositivos móviles”.

-Sí, todo bien lo hablamos oportunamente. Lucía releyó el texto del WhatsApp que Gonzalo le había enviado y se quedó tildada. Como exigiendo al momento que fuera algo que no era.

¿Tan grave era que el mexicano no quisiera comunicarse? Lucía estaba pasando una crisis y necesitaba “agarrarse de alguien para tapar su melancolía”. Distraerse y llenar el vacío.

Miró el reloj en el teléfono apenas las 7 a.m. El sol traspasaba las rendijas del dormitorio. La persiana se había trabado en el rollo y no se podía bajar toda por lo que un esplendor siempre la despertaba. No podía llamar a Verónica, ni a Gigi. Estaba sola; presa de un recuerdo.

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9:30 a.m.

Lucía decide despabilarse, camina hasta la cocina y se prepara un mate sin despertar a sus hijos.

Camina por el living, se sienta en el piso mirando el parque que está enfrente, y el sueño que tuvo a la noche vuelve. (El cerebro es un registro del pasado así que en el momento que empiezas el día ya estás en otro tiempo. Esa emoción atraviesa el sistema nervioso y tiene una influencia más grande de la que te imaginas.)

Luly lo único que quiere es olvidarse de todo. De su ex, de Gonzalo y del Covid.

Mientras lucha en vano por esas causas perdidas, se avoca a una actividad que le genera paz y la conecta con ella.

Se cambia y acarrea su bicicleta plegable hasta planta baja. El día primaveral la ayuda a cambiar los pensamientos tóxicos.

La vida es bella a pesar del virus y del distanciamiento hay una sensación de libertad.