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3 riesgos de invertir en criptomonedas: cómo minimizarlos

 

Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación

El riesgo es inherente a las inversiones. Forma parte de su naturaleza. Quienes nos dedicamos a esto, sabemos que la inversión libre de riesgo no existe.

Para quienes buscan una buena relación riesgo/retorno, soñar con reducir el riesgo casi a cero no parece el mejor camino, menos en un mundo donde la inflación dice presente y hasta las monedas duras pierden valor.

Si bien muchas personas con conocimientos en materia financiera aseguran que la inversión en criptomonedas es de las más riesgosas que se pueden elegir, lo cierto es que la performance de largo plazo de Bitcoin, Ethereum y las principales altcoins indican lo contrario. Por eso, desde aquí siempre recomendamos estudiar el universo cripto, involucrarse y recién allí evaluar inversiones acotadas con un horizonte amplio de tiempo.

En este sentido, en la columna de hoy analizaremos 3 riesgos puntuales de la inversión en criptomonedas y las estrategias para minimizarlos. ¡Comencemos!

  • Comprar caro

Este es sin duda uno de los principales temores de los inversores. Para muchos adquiere tanto peso que prefieren nunca comprar criptomonedas, a pesar de que desean fervientemente participar del nuevo mundo y encuentran varios motivos para hacerlo.

Vamos a ser claros: hay quienes todavía piensan que comprar caro es adquirir un activo que, una vez en cartera, baja de precio. Parten, evidentemente, de error conceptual: caro es un activo que no tiene fundamentos para negociarse a un determinado precio y, tarde o temprano, perderá valor en forma violenta en el mercado.

Por el contrario, muchos activos cuentan con fundamentos para cotizar a precios más altos, pero por diversas razones se negocian a valores más bajos por un tiempo y es necesario mantenerlos en cartera para que rindan sus frutos. Especular con comprar un activo en su precio mínimo y esperar que desde ese momento solo suba es, básicamente, un acto de fe que desnuda el desconocimiento acerca de cómo funcionan los mercados.

Hecha esta aclaración, vamos a lo que nos importa: siempre se puede reducir el riesgo de comprar una criptomoneda que, una vez adquirida, baje de precio en dólares o no suba más que la inflación en EEUU.

Como determinar los mínimos y máximos que puede tocar una criptomoneda en el corto plazo es virtualmente imposible, la estrategia que preferimos destacar es la del Dollar-Cost Averaging (DCA), que consiste en dividir en varias partes iguales el total de la inversión que se pretende hacer y realizar compras parciales en fechas espaciadas en el tiempo hasta completar el total. De esta forma, se reduce el riesgo de la volatilidad de precios en el ingreso a la inversión y se elimina el riesgo de entrar en el peor momento posible (fin de un ciclo alcista).

Por supuesto, la misma estrategia se puede utilizar para salir de la criptomoneda en cuestión.    

  • Equivocarse en la elección del portafolio de largo plazo

Llegamos aquí y estamos de acuerdo en que las ganancias en criptomonedas se construyen en el largo plazo y no en el corto. ¿Listo? ¿Resuelto el problema? No, todo lo contrario. La cosa recién empieza. Ahora hay que plantearse la pregunta más esencial: ¿Cómo elegir las criptomonedas ganadoras de entre las más de 18.000 que existen en la actualidad?

Nadie tiene la bola de cristal para responder con certeza, aunque los 13 años de vida de esta novel industria nos brindan un indicio fuerte: tanto el Market Cap de una criptomoneda (el Valor de Mercado, que se calcula multiplicando el precio de la cripto por la cantidad que hay emitidas) como su participación en el negocio global de las criptomonedas son parámetros que debemos tener en cuenta para la selección de activos (picking up).

Pensemos lo siguiente: muchas de las criptomonedas de bajo Market Cap que prometían un gran futuro 5 años atrás hoy no existen o se negocian a precios más bajos.

El consejo en este punto pasa por armar el portafolio de inversión considerando el Market Cap de las 10 o 15 criptomonedas más importantes y midiendo su participación respecto del volumen que se negocia en el criptomercado.

Por ejemplo, actualmente Bitcoin concentra el 42% del valor total del criptomercado, mientras que Ethereum trepa al 19%.

Podemos respetar esta misma ponderación y destinar a Bitcoin 4 de cada 10 dólares invertidos en el mundo cripto, mientras que 2 de cada 10 dólares pueden utilizarse para comprar Ether.  

Estos niveles de participación deben revisarse al menos cada 6 meses para poner en marcha los rebalanceos que nos permitan reflejar en nuestro portafolio de inversión lo que sucede en los mercados.

  • Hackeo

Las criptomonedas ofrecen la posibilidad muy valorada de ser custodiadas por las personas que invierten en ellas. En consecuencia, presentan un riesgo de hackeo (el robo de los activos digitales por parte de un hacker) que lleva a muchos inversores a mantenerse al margen.

Sin embargo, se puede reducir ese riesgo de manera considerable mediante la utilización de Hardware Wallets (Billeteras Físicas).

Una Hardware Wallet es un dispositivo físico parecido a un pendrive con pantalla, en el caso del Nano Ledger; o a un pequeño smartphone, si seguimos el modelo de Trezor. Cuenta en su interior con nuestra llave privada y se conecta a la computadora a través de un cable USB, permitiéndonos el acceso a nuestros activos digitales en cualquier momento y lugar.

Al tenedor de las Billeteras Físicas se le recomienda anotar en una hoja aparte las 12 o 24 palabras que conforman la llave privada y que permiten seguir accediendo a los fondos aún si se pierde el dispositivo, se daña o nos lo roban.

Las palabras anotadas que componen la llave privada deben ser celosamente custodiadas, puesto que podrían darle el acceso de los fondos a un tercero no deseado.

Pasemos en limpio lo dicho: para acceder al bloque de la Blockchain donde se encuentran nuestras criptomonedas, necesitamos la Billetera Física (Hardware Wallet) o las 12 o 24 palabras que componen la llave privada.

Ambas deben ser guardadas en lugares distintos, de modo que un imprevisto no nos impida seguir accediendo a nuestro capital.

Con la utilización de este tipo de dispositivos se logra llevar al mínimo los riesgos de hackeo impidiendo el acceso online a los fondos y haciendo que toda transferencia deba ser autorizada por el poseedor de la Billetera Física, quien deberá apretar los botones o tocar su pantalla para ejecutar la operación.