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Anatomía de una emoción


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Desde hace un tiempo, se ha propuesto que las emociones positivas operan como un factor protector muy importante en la salud:

Existen numerosos estudios que corroboran que la felicidad como medicina preventiva es clave para mejorar la longevidad en poblaciones sanas. La medicina preventiva es muy apropiada si se pretende controlar la evolución de las enfermedades ya existentes. Esto significa que las personas que padecen problemas físicos por enfermedades de todo tipo, tienen que aprender a gestionar mejor sus emociones para favorecer al organismo hacia su recuperación, control o remisión del padecimiento.

Los estudios muestran tasas de recuperación de las enfermedades notablemente mejores en las personas felices.

Por eso aprenderemos sobre los mecanismos a través de los cuales las emociones, los estados psicológicos y otros factores psicosociales ejercen su influencia en la salud física y mental, investigando las alteraciones del temperamento de las personas.

Examinaremos evidencias en este sentido para apoyar que las personas tienen la posibilidad de influir en su organismo mucho más de lo que comúnmente se piensa, para finalmente aprender algunas técnicas para desarrollar un optimismo saludable.

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Definiendo una emoción

Una emoción es un estado psicobiológico que incluye un afecto o sentimiento, unos pensamientos característicos y una variedad de tendencias a actuar. Son impulsos que la evolución ha inculcado al ser humano para afrontar las distintas situaciones de la vida.

La raíz de la palabra emoción es motere, que quiere decir mover y el prefijo es, alejarse. Cuando se trata de tomar decisiones los sentimientos cuentan y a veces más que la razón.

El psicólogo Paul Ekman dijo: “son una guía en momentos difíciles, y una tarea demasiado importante, para dejarlas en manos de la razón, los peligros, las pérdidas, la persistencia hacia una meta, a pesar de los fracasos, los vínculos y los afectos familiares. Cada repertorio emocional ofrece una disposición definida a actuar, nos señala una dirección que ha funcionado bien en los desafíos repetidos de la vida humana”.

Si bien no existe un consenso generalizado, actualmente se considera dos grupos de emociones, las emociones básicas, o primarias, y las emociones secundarias. El argumento de que existen emociones primarias, se basa entre otros, en la observación de que algunas expresiones faciales (temor, ira, placer, tristeza) son reconocidas por personas de todo el mundo, incluidos los pueblos prealfabetizados, no contaminados por la televisión o el cine. Por tanto se considera que en todo organismo humano se desarrolla un motor emocional básico y otros estados emocionales cercanos, derivados a partir de aquel.

Entonces digamos que cualquier repertorio humano emocional implica tendencias innatas y automáticas que son importantes para la supervivencia y que han quedado grabadas en el ADN de nuestro organismo, debemos añadir que se activan o expresan en contextos sociales específicos los cuales le imprimen una expresión singular.

Es interesante constatar la importancia del contexto, ahí reside una de las principales causas de estrés en la actualidad, es decir debido al contexto socio ambiental tan exigente que es característico de los tiempos modernos, las personas deben enfrentar dilemas complejos con un repertorio emocional ancestral, lo cual supone vivenciar durante ese proceso tensiones y urgencias emocionales que no han tenido parangón en la evolución de la especie, es decir que jamás antes habían sido experimentadas por la historia de la humanidad.

Incluso así, cada persona nace con un temperamento propio el cual posibilita que opere de acuerdo con ciertas tendencias a actuar, el temperamento funciona para evocar con mayor facilidad una determinada emoción por encima de otra, así hay que quienes expresan con mayor facilidad emociones miedosas, o melancólicas, tímidas o alegres, independientemente del contexto al cual se enfrenten. Esto significa que la persona entonces cuenta con su temperamento, como un modelador de la realidad.

Sin embargo, hay que advertir que por diversas situaciones de la vida las personas atraviesan diferentes situaciones, cuyo contexto impulsa con más fuerza a activar emociones específicas tales como ira, frustración, miedo, entre otras, que cuando se reiteran con cierta frecuencia, dan lugar al establecimiento de los estados de ánimo, muy ligados con las experiencias vividas en la historia personal y singular. Atención, porque esta historia de vida y de las emocionees crucial para configurar el universo afectivo de una persona.

Los estados de ánimo, marcan el nivel de susceptibilidad con el que se accede a una emoción: digamos por ejemplo que es raro mantener el calor de la ira todo el día, pero no es tan raro, que se mantenga el humor irritable en el cual, se activan fácilmente ataques de ira más cortos.

También hay que decir que las emociones cumplen otras funciones sociales, tienen la capacidad de informar a otros, acerca de los estados internos de cada uno. Este intercambio de información es esencial para la supervivencia y las relaciones humanas, resulta un factor crucial del bienestar social y psicológico. Se ha demostrado que personas de todo el mundo interpretan estas expresiones de manera similar.

También es muy importante reconocer que a nivel del individuo, funcionan como un indicador somático, es decir, generan una especie de conocimiento del estado interno y es un factor motivacional crítico, muy influyente en la toma de decisiones.

Las emociones, entonces, son respuestas transitorias fisiológicas, cognitivas, emocionales y conductuales, que provienen de soluciones evolutivas con fines adaptativos. Sin embargo también implican grados de interioridad y autoconocimiento que son accesibles a la introspección y la meditación…

Esto significa que tenemos que considerar la experiencia subjetiva y también la respuesta motora visceral con su fisiología característica. Sin duda se trata de una variable compleja, en la que que coexisten varios niveles, genético, hormonal, personal, interpersonal, cultural y espiritual. Por ejemplo, una cosa es llorar y otra es describir en primera persona cómo se experimenta tristeza.

Pero el punto de esto es que antes se consideraba que las emociones no participaban en la toma de decisiones racionales. Sin embargo, a partir de los importantes descubrimientos del neurólogo Portugués Antonio Damasio, se sabe que la emoción, los sentimientos con su regulación psicobiológica, juegan un papel fundamental en los procesos de evaluación que son determinantes para el futuro de cada persona.

Para ser prácticos, trataremos de sacar provecho de esta información, reconociendo en principio que podemos dividir las emociones en dos grandes categorías.

Emociones positivas: Desplegadas por estímulos que connotan alimento, seguridad y oportunidades reproductivas. Generan conductas de acercamiento y curiosidad, fortalecimiento de lazos sociales, elevada autoestima e incluso crecimiento espiritual.

Emociones negativas: Desplegadas bajo estímulos que denotan peligro, desafíos, dolor, incertidumbre y otras condiciones nocivas. Generan conductas defensivas de escape, evasión o incluso agresivas de ataque.

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Naturaleza de las emociones

Sigamos aprendiendo un poco más sobre la naturaleza de las emociones para comprender la importancia que tienen en nuestra vida cotidiana…

Entonces, la teoría más importante actual es la teoría cognitiva de las emociones, nos dice que las emociones y sentimientos dependen de los pensamientos y no de los hechos objetivos de la realidad. Es decir sentimos lo que pensamos o lo que interpretamos a partir de un hecho. No es el hecho en sí mismo, sino nuestra interpretación lo que genera la emoción o sentimiento. Esto es muy importante, si podemos cambiar lo que pensamos y creemos, podremos modificar lo que sentimos.

La interpretación que cada persona da a los hechos, se genera a partir de creencias profundas, que a veces se activan en forma automática frente a cualquier dificultad, y constituyen el singular estilo de comprender el mundo, de verse a sí mismo y de ver a los demás.

Esto se llama tríada cognitiva, a partir de esta triada (pensar-sentir-hacer) aparecen lo que llamamos pensamientos automáticos. Se trata de automatismos por dos razones, la primera es que constituyen aprendizajes de los modelos familiares y sociales, que fueron incorporados en momentos en que había una menor capacidad crítica, lo cual permite que operen como creencias estables, ahorrando energía al cerebro para que pueda tomar decisiones y activarse siguiendo los eventos de manera más o menos remota, es decir por defecto, lo que le evita asumir complejos procesos de selección y evaluación.

Entonces aunque las respuestas dadas no se puedan considerar del todo eficientes ni mucho menos logradas por diferentes puntos de vista, sin embargo funcionan inevitablemente conforme las personas interactúan con el medio social y cultural.

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La fisiología de la emoción

¿Cómo se traduce un pensamiento, en efectos físicos en el cuerpo?

Algunas facultades preceptivas que residen en el prosencéfalo pueden detectar el peligro del ambiente y mediante señales químicas activar la zona del paleocortex (zona más primitiva del cerebro) para lograr una respuesta adaptativa de supervivencia de lucha o huida. Sin embargo, cuando solamente se tienen pensamientos de miedo, sucede lo mismo. Podemos concluir que los pensamientos son muy poderosos.

Estas facultades perceptivas funcionan por medio de las retinas que envian impulsos a través del sistema nervioso, pero los pensamientos, prescindiendo de lo observable, pueden condicionar el área cercana al tronco encefálico que alberga al hipotálamo, encargado de activar determinadas respuestas afectivas. Así los intensos y reiterados pensamientos de miedo pueden condicionar la misma respuesta que una amenaza vital auténtica. En definitiva la parte instintiva del cerebro, asume que se está en una situación de peligro, y esto estimula la respuesta del estrés(lucha o huida). Cuando el cuerpo de una persona es sometido a experimentar estrés de manera continua, sus funciones de auto mantenimiento y auto reparación se detienen por completo, y esto ocasiona graves problemas de salud física y/o mental.

Estas respuestas al estrés, estaban destinadas a ser activadas únicamente cuando había peligros reales, imaginemos por ejemplo aquellos que pueden ocurrir diariamente en la vida primitiva de nuestros ancestros. Pero la vida moderna y las condiciones socio-históricas han impuesto otros peligros menos palpables, basados en especulaciones económicas, miedo e inseguridad, motivados por los grandes medios de comunicación, las condiciones locales más o menos desarrolladas de las poblaciones y el acervo cultural que imprime exigencias de otro tipo, tales como los mandatos sociales de éxito o fracaso basados en las representaciones más o menos estereotipadas de las gentes en sus localidades.

Se supone que el cuerpo sano debe estar en un estado relajado gran parte del día, pero los factores estresantes de la vida diaria generan situaciones de soledad, las relaciones personales pueden ser muy poco satisfactorias, el trabajo un lugar donde reina el malestar, etc., todo lo cual da lugar a pensamientos intensos y recurrentes que amenaza con socavar cualquier proyecto de vida cargado con valores donde se incluyen la expresión de la propia personalidad y la posibilidad de hacer lo que a cada quien más le gusta, por mencionar algunos factores. Esto en definitiva trae asociado sentimientos de inseguridad, depresión, malestar, irritabilidad, y por si fuera poco la incertidumbre se acentúa por medio de pensamientos que continuamente retroalimentan el circuito, de manera que vuelven la respuestas al estrés a un estado crónico, afectando al equilibrio interno que garantiza nuestro bienestar emocional, conductual, social y poniendo en jaque nuestra salud. El cuerpo intentará resistir al estado crónico del estrés, y generalmente produce los síntomas como una manera de avisar de su incapacidad para seguir soportando el desgaste y ésto en última instancia conduce al padecimiento la enfermedad.

Las personas sencillamente subestiman estos pensamientos de peligro, resignándose a padecerlos cuando se supone que deben intentar dominarlos, ni bien hacen su aparición o según sean las circunstancias. En general subestiman su capacidad de alterar sus estados internos emocionales, ignorando que existen recursos para calmar la parte instintiva del cerebro y evitar que siga funcionando al nivel de alerta y desencadenamiento de reacciones bioquímicas acordes con la amenaza personal experimentada (o sobre pensada).

Queda aclarar que de esta manera se inicia un bucle, el pensamiento desata una reacción que confirma el estado de fragilidad que alimenta nuevos pensamientos, todo lo cual permite trazar una analogía con estar frente a una amenaza real durante un elevado tiempo de forma constante.

Entonces las experiencias de la vida moderna como el miedo, la ansiedad, el pánico, la frustración, el resentimiento y otras que experimentan de manera más o menos estable las personas, activan el eje hipotálamo-hipofiso-suprearrenal, poniendo en marcha los mecanismos de alarma, estimulando al sistema nervioso simpático, que bloquea el sistema inmunitario (este encargado de evitar enfermedades) y prepara los músculos para correr o luchar (esto incrementa los niveles de agresividad o desequilibra al organismo). El cansancio u otros síntomas se harán sentir como una especie de indefensión para las personas que serán cada vez menos capaces de hacer frente a lo que les pasa, con serias consecuencias a nivel social, laboral, familiar y personal.

Cuando se activa el hipotálamo, decíamos se estimula el sistema nervioso simpático, encargado de la respuesta de lucha o huida, haciendo que las glándulas suprarrenales liberen adrenalina, y noradrenalina, lo que aumenta el pulso y la presión arterial, a la vez que también, afectan a otras respuestas, es decir que se alteran otras funciones, veamos algunas.

La secreción de estas hormonas da lugar a diferentes cambios metabólicos en todo el cuerpo. Los vasos sanguíneos, que van al aparato digestivo, manos y pies, se constriñen, mientras los que dirigen al corazón, a los grandes grupos musculares y al cerebro se dilatan, desviando sangre, preferentemente a los órganos, que pueden ayudar al organismo a escapar en una emergencia.

Las pupilas se dilatan para que pueda entrar más cantidad de luz, el metabolismo se acelera, abriendo las reservas de lípidos o grasas, y liberando glucosa, al torrente sanguíneo. La frecuencia respiratoria aumenta, los bronquios se dilatan, lo que permite la entrada de más oxígeno y los músculos se tensan para preparar al organismo para correr a toda velocidad, a fin de escapar al peligro percibido.

El jugo gástrico aumenta y las enzimas digestivas disminuyen con el resultado de contracciones del esófago, por lo tanto frente a pensamientos crónicos de peligro es frecuente padecer de diarrea o estreñimiento, el cortisol deprime el sistema inmunitario, para reducir la inflamación que acompañaría, a las heridas, que el ataque podría infligir, con las cuales se hace muy difícil afrontar el peligro.

Básicamente el cuerpo ignora el sueño, la digestión y la reproducción y en su lugar, se centra en correr, respirar, pensar y sentir a un nivel básico de supervivencia, que psicológicamente se traduce en un “o yo o ellos”, y liberar oxígeno y energía, para mantenerse sano y salvo. Cuando el cuerpo se enfrenta a una amenaza física, estos cambios, le ayudan a luchar contra el peligro o huir del mismo.

Cuando esta respuesta al estrés se desencadena de forma repetida, el cuerpo no puede relajarse y repararse lo que de forma inevitable lo enferma, ya que si no se recupera y recompone su equilibrio vital, los órganos empiezan a lesionarse, las células cancerígenas que se fabrican cada día de forma natural y que normalmente son dinamitadas por el sistema inmunitario pueden proliferar, los efectos del desgaste crónico del cuerpo pasan factura y la persona termina enfermando, así sea tan solo por pensar demasiado en las posibles amenazas de la vida moderna, puesto que no olvidemos el efecto del bucle y de los escenarios de la vida social actual, que pueden ser devastadores en algunos casos.

Aprender sobre los procesos psicobiológicos del estrés permite que seamos conscientes de que nuestro organismo es un arma de doble filo.

El cuerpo naturalmente necesita relajarse, física y psíquicamente, las personas necesitan desarrollar el autoconocimiento para interferir en los procesos desatados por el pensamiento de corte negativo. En muchos casos el pensamiento de indefensión (desesperanza, falta de pronóstico favorable) se articula con creencias preexistentes que están relacionadas con variables psicológicas como el concepto de uno mismo, el autoestima o constructos y estereotipos sociales, que también interactúan con sistema nervioso en un complejo proceso de evaluación perceptiva y psíquica, que funciona frecuentemente por defecto, a través de sesgos o atajos heurísticos.

De ninguna manera debemos creer que experimentar según las circunstancias una cierta emoción negativa no es aconsejable, todo depende. En esta exposición damos cuenta de los mecanismos desviados sin dejar de asentir ante el hecho de que no se trata de volvernos superpoderosos sintiéndonos genial todo el tiempo, debemos dar a nuestros sentimientos el valor que tienen de expresarse y de remitirnos cómo nos sentimos, pero es importante advertir si tras haber pasado el episodio,permanecemos o no atados a un esquema que nos limita en nuestra libertad de ser, entonces siempre en consonancia con las circunstancias que estemos atravesando, estemos alerta a lo que nos sucede, si un ser querido se ha ido, nadie en su sano juicio podría querer evitar sentirse triste o nostálgico. Estamos abordando las emociones desde el punto de vista más esquemático, pero sin obviar que las personas por medio de estos procesos emocionales facilitamos nuestra adaptación más o menos fiel a las exigencias de la vida, otra vez el problema es la cronicidad, la acumulación de tensiones, y los sentimientos de desvalimiento, que puedan ser prolongados.

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Un primer paso ineludible para fortalecernos es prestar atención al tipo de pensamientos que tenemos diariamente.Identificar si nuestro cuerpo presenta síntomas de cualquier tipo, insomnio, adicción (café, tabaco, dulces, etc.), llantos, angustias, gastritis, problemas para ir al baño, todas estas pueden ser manifestaciones de un periodo de resistencia del organismo frente al estrés y es muy importante intervenir a tiempo.

Los estado de relajación consciente por ejemplo son un excelente antídoto para frenar la inercia psiquica, se tienen deliberadamente pensamientos positivos, lo cual estimula la vivencia de bondad, altruismo, conexión, amor, placer, actitud positiva, entre otras emociones, con lo cual, inhibe la función del hipotálamo vinculada con provocar la respuesta al estrés.

Esto es muy importante, porque cuando las personas se sienten optimistas, esperanzadoras, en sintonía con su propósito de vida, desarrollan con más facilidad sus potencialidades y creatividad, estimulando al organismo a sostenerse en un equilibrio que lo fortalece.

Esto significa que a través de la vivencia consciente fundamentalmente de emociones positivas como la actitud positiva, el optimismo, el sentido y propósito de vida, se liberan neurotransmisores como la acelticolina y la dopamina al organismo, que controlan al estrés y sus consecuencias. Lo cual desempeña un papel muy importante en la regulación del sistema nervioso autónomo y su homeostasis, siendo uno de los indicadores de salud más importantes descubiertos hasta el presente, ya que en este estado de homeostasis, el sistema inmunitario vuelve a activarse junto con las funciones de restauración y reparación. Que debe practicarse a diario, sin duda, pero no tiene que ser algo indeseable, al contrario, es una gran oportunidad para conectarse con uno/a mismo/a!

Entonces las personas a través de la respuesta de la relajación continua e ininterrumpida emprenden el proceso de autorregulación y no sólo previenen, mejoran y/o controlan enfermedades psiconeuroemocionales y crónicas propias del ser humano (derivadas del desequilibrio bioquímico constante del organismo) sino que al conectarse con sentimientos altruistas, bondadosos y optimistas, contribuye en el desarrollo de su máxima potencialidad.

Por supuesto que es fundamental recurrir a ayuda profesional, médica y/o psicológica según sea el caso. Toda la evidencia científica sugiere que la calidad, frecuencia e intensidad de los pensamientos y de los sentimientos influye en el estado de la salud y/o de enfermedad.

Dicho de manera breve y simple, si una persona quiere comenzar a salir de un problema cuya base reside en la toxicidad de sus emociones podrá tener más salud física y mental si se permite tener un espacio exclusivo, donde desarrollar la imaginación positiva y activar imágenes felices que puedan suscitarle una paz agradable, donde exista la hermosa posibilidad de hacerse preguntas a sí mismo/a y responder con la mayor franqueza posible, donde también se puede viajar en el tiempo, repasar la bio personal e iluminar el porvenir dando las gracias por los desafíos que la vida nos invita a superar. Además, aprender lo que sea es otro modo de romper con patrones fijos e implantar nuevas maneras de resolver las cosas. No te detengas! Puedes contar con mi apoyo también para lo que necesites! Adelante, éxitos!



 Por Juan Wein