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El "Plan retirada" de Cristina está en marcha

 Ulises aferrado al mástil de su barco, se amarró de pies y manos para poder oír el canto de las sirenas, sin sucumbir ante él. La mitología griega cuenta que cualquier hombre o mujer que lo escuchase entregaba su vida. Sin embargo, las sirenas callaron frente al engaño de Ulises. Pero el silencio también forma parte del canto y frente al silencio no hay escapatoria.

Cristina Fernández de Kirchner no puede aferrarse a un mástil, a ninguna idea dogmática en relación con el Fondo Monetario Internacional. Para mantener su capital simbólico requiere flexibilidad en el posicionamiento. Eso lo evidenció en su carta. En ella recordó su protagonismo y el de Néstor Kirchner en lo que ella denominó "la reestructuración más exitosa de deuda soberana de la que se tenga memoria", al tiempo que le advirtió a Alberto Fernández que no olvide las palabras que él mismo había pronunciado en un discurso el 9 de Julio. Allí, el Presidente afirmó "nunca esperen de mi que firme algo que arruine la vida del pueblo argentino, antes me voy a mi casa".

Un eventual acuerdo con el FMI implica costos políticos y sociales que CFK no está dispuesta a pagar. Por eso necesita flexibilidad. Al mismo tiempo que recuerda que la fuerza política que integra ha sido "pagadora serial de deudas contraídas por otros" le dice al Jefe de Estado, al Congreso y a la oposición que serán ellos los responsables de los costos del eventual acuerdo.

El "Plan retirada" de Cristina ya está en marcha. Es directamente proporcional a la resolución de sus causas judiciales. Nada dice de la Justicia en su última carta. Para la Vicepresidenta el lawfare terminó. Ella sobreseída y Mauricio Macri procesado.

Cuando asumió como Vicepresidenta, tenía cinco pedidos de prisión preventiva, contaba con siete causas elevadas a juicio oral, todas ellas por corrupción. Ya logró tres sobreseimientos, sin ir siquiera a juicio oral y público.

En un tuit de inédita gravedad institucional, el ministro de Justicia Martin Soria afirmó: "Hotesur, Dólar Futuro, Qunita, Memorándum. Cuando no hay una mesa judicial con funcionarios apretando jueces, los hechos y las pruebas pesan más que las tapas de Clarín o La Nación". Lo hizo horas después del ataque intimidatorio con bombas molotov al grupo Clarín.

Sin embargo, quien está hoy detrás del seguimiento y resolución de las causas de Cristina y sus hijos es Carlos Zannini, actual procurador del Tesoro y ex Secretario de Legal y Técnica durante toda la gestión kirchnerista.

En paralelo, Máximo Kirchner también ha logrado parcialmente su objetivo: dotar a La Cámpora de mayor volumen político. A nivel parlamentario lo consiguió con el armado de listas en esta última legislativa. Para el caso de los ejecutivos provinciales depende del acuerdo que se alcance en relación con las relecciones de los intendentes.

El costo político y social de su plan de retirada aún no lo conocemos. Puede darse en un marco de tensiones simbólicas o en uno de quiebre institucional. Cristina es indescifrable.

La Vicepresidenta conducirá el Senado pero, por primera vez, sin quórum propio. A pesar del regreso a la presencialidad, aún no permite el acceso al recinto de asesores o periodistas.

La sesión del próximo 9 de diciembre promete ser épica. Jurarán los nuevos legisladores pero no estarán habilitados para votar hasta el día 10. Todo puede pasar.

Un viejo senador repite una frase muy oportuna: "¿Viste que aquí los pisos están lustrados? Es para que los que vayan muy rápido se patinen".

Los partidos políticos suelen trabajar sobre dos objetivos: la conquista del mundo exterior y la disputa interna. Hoy en la Argentina lo segundo parece imponerse. Un riesgo inaceptable en un país que se desmorona.

En las democracias se garantiza que el Presidente que se impone por mayoría tiene la legitimidad y el poder. Cristina rompió esa lógica con su anómala fórmula presidencial. Hoy nos dice por carta "la lapicera no la tiene Cristina, siempre la tuvo, la tiene y la tendrá el Presidente de la Nación". Ya es tarde, rápidamente detectamos el truco. Habla en tercera persona de sí misma, y finaliza su texto diciendo "que Dios y la Patria los ilumine a todos y todas". Hasta de eso se excluye.

Ella ya se considera una iluminada, por eso cree que las sombras caerán sobre los otros. Para Cristina todos son responsables de la debacle presente y futura... menos ella. A no dejarse engañar por el canto de las sirenas.



cronista