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Martín Guzmán, bajo la mira de Wall Street mientras sólo hay parches para la inflación

 

Los fondos de inversión quieren que Washington sea “estricto” con el Gobierno argentino y sus promesas macroeconómicas. 

Martín Guzmán recibe ahora un ataque de Wall Street, y la ofensiva se refleja en una guerra frontal: dinamita en medio de la negociación con el FMI. La embestida produce tensión y el enfrentamiento entre ambos se reflejó en lo siguiente: venta masiva de papeles y un riesgo país récord y sin techo. 

La decisión no es coordinada, pero actúa el efecto manada. Esa actitud la tienen poderosos como BlackRock, Pimco,Templenton y Fidelity. Los inversores lo dicen directo: no confían y dudan de la pericia del ministro para cerrar con el FMI.

Guzmán contraataca: dice que presionan para sacar más tajada del acuerdo con el Fondo. Los fondos operan a través de emisarios y transmiten lo siguiente al staff del FMI: quieren que Washington sea estricto con Guzmán y sus promesas macroeconómicas.

Los hombres de negocios de Wall Street esperan enero para tener un aliado en Washington. Asume, al inicio del año, el ortodoxo y duro brasileño Ilan Goldfajn como titular de la Dirección del Hemisferio Occidental.

El ataque es fuerte y a veces irracional: algunos bonos soberanos rinden hasta el 22% y el valor del riesgo país es propio de un default, cuando Argentina está pagando sus vencimientos.

También, porque la ofensiva se produce en el preciso momento en que Guzmán está negociando en firme con el FMI. Guzmán lo hace por necesidad y contra las cuerdas: las reservas están exhaustas y se necesita frenar un tembladeral cambiario.

El ministro fue ratificado por Alberto y, como anticipó Clarín, volvió a tener la bendición de Cristina. Guzmán y la vice fueron responsables de no cerrar con el FMI el año pasado en un mejor contexto para la Argentina. Estaba en medio de la pandemia, Kristalina Georgieva tenía todo el poder y el BCRA más divisas.

Cristina se opuso porque dijo que el FMI era piantavotos, pero la falta de acuerdo no evitó que tuviera una homérica derrota. Guzmán adhirió porque su especialidad es tirar la pelota para adelante. El costo de tanto desatino fue carísimo: se perdieron U$S 5.000 millones de reservas. Ahora Cristina capituló en gran parte de su relato contestatario contra el FMI. A diferencia de lo que la vice pidió en tribunas públicas, Argentina no insistirá con reclamos políticos al FMI.

Ya está decidido que no pedirá un plazo mayor –20 años- para el préstamo y tampoco insistirá con el tema de las sobretasas. Era puro relato y también acatará el deseo de elevar las tarifas.

La cuestión quedó clara en el papelón que cometió Miguel Pesce. El jefe del BCRA, el miércoles, volvió a pedir en público por mayores plazos y menores pagos y minutos después el BCRA tuvo que desdecirse.

El último fin de semana largo Guzmán se puso las pilas. También Gustavo Beliz habló directo con Washington. En esas calurosas jornadas se discutieron detalles técnicos minuciosos, que reflejan que la negociación, esta vez, iría en serio. Así, la situación es por lo menos llamativa: Guzmán no puede capitalizar un avance en la negociación con el FMI.

Washington, ahora, pidió programar el envío de una misión a Buenos Aires y Guzmán dilata una resolución. Sería para diciembre. La cuestión refleja la inhabilidad política que tiene el ministro. Guzmán tiene serios problemas en su política de comunicación: cuando habla confunde en lugar de aclarar. En las reuniones privadas con banqueros y empresarios, el ministro prefiere jugar al acertijo con sus interlocutores, en lugar de dar definiciones que despejen el tormentoso horizonte.

Por eso, el Banco Barclays envía una misión de inversores. En secreto llegarán el lunes a Buenos Aires, encabezados por el financista Sebastián Vargas. Se trata de una movida a favor de Guzmán y que lo fortalezca frente a la furia de Manhattan.

El ministro quiere contragolpear. Sabe que el ataque de Wall Street arrecia. En muchos casos hay viejas cuentas pendientes. Los Fondos no paran de perder con Guzmán y el ministro también: hizo una negociación con los bonistas, pero nunca Argentina pudo volver al mercado internacional.

Es cierto que existen análisis muy superficiales en Wall Street y muchas veces los informes confidenciales reflejan distorsiones ideológicas, en lugar de diagnósticos reales.

Clarín confirmó con varias fuentes tres motivos centrales que explican la guerra en los mercados. Primero, existe desconfianza sobre Guzmán. En Wall Street creían, en forma errónea, que el ministro iba a ser reemplazado después de las elecciones. Tampoco le fían a Sergio Chodos, el delegado argentino en el FMI. Segundo, los bonistas hicieron un acuerdo con Argentina que dejó heridos a todos. Ahora se reavivaron esos odios y se contabilizan las pérdidas. Tercero, existe una cuestión de mediano plazo por el resultado electoral: dicen que la votación no despejó quién puede tomar la conducción de la Casa Rosada en el 2023.

Ven muy posicionado a Horacio Rodríguez Larreta, pero insisten en que el panorama es incierto y no descartan que el kirchnerismo pueda volver a ganar la presidencial. Para ellos sería muy negativo.

El tema se trató en un encuentro en Olivos: la cuestión central fue política. En absoluto hermetismo Alberto cenó el martes con la CGT. Al inicio hablaron de un tema concreto: un pacto CGT-UIA para darle apoyo político al acuerdo con el FMI.

Estarían también otras entidades y la Cámara de la Construcción: el martes será elegido presidente Gustavo Wiess, con el apoyo de Techint, Panedile, Roggio y Supercemento. En Olivos estaban Juan Manzur y ocho caciques sindicales. A medida que avanzó la cena, hubo duras críticas para Cristina y Máximo. El Presidente escuchó las quejas y afirmó: “A partir de ahora las cosas se deciden solo en Olivos”.

Alberto, después, hizo una demostración de ese poder. Llamó a Carla Vizzotti y le ordenó girar fondos a las obras sociales. Ocurrió en la mañana siguiente. Ese martes fue muy intenso: Julián Domínguez concurrió a Olivos hecho una furia contra Roberto Feletti. El ministro estuvo a solas con el Presidente y le transmitió que la propuesta del secretario de Comercio “era un disparate”.

Ambos –Feletti y Domínguez- ya habían discutido fuerte sobre las retenciones a la carne. Feletti le dijo: “Me importa un carajo que pierdan, yo necesito que ya baje el precio”. Feletti –también– propicia la creación de fideicomisos de harina para el pan y el maíz para el pollo.

La polémica medida tiene alterados a todos: no se sabe cómo funcionaría, ni quiénes recibirán el beneficio discrecional. Domínguez le dijo a Alberto que las retenciones no iban a parar a los precios y reavivaban el conflicto con el campo. El ministro salió de Olivos y transmitió esto a la Mesa de Enlace: “Alberto me dio la razón”.

Matías Kulfas se enteró de todo. Aprovechó para vengarse de los desplantes de Feletti, quien no lo admite como jefe. Lo desautorizó en público. La bendición de Alberto llevó a Domínguez a abrir una negociación: quiere establecer cupos de consumo interno y saldos exportables. En el caso de la carne sería: 80 % local y solo se podría exportar 20 % de la producción.

La medida se está negociando. También es polémica. Sobre todo, porque refleja una cuestión concreta: que el equipo económico no sabe qué hacer con la inflación y por eso es campeón de los parches.

Marcelo Bonelli