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Dos días de locura y zozobra: ¿a qué hora cierra Rapanui?

 Alberto Fernández anunció el jueves lo que dos días antes estaba convencido que la sociedad no podría tolerar. Las preocupaciones de Cristina Kirchner.

La sociedad que consume información de actualidad supo el martes 18 pasado que el presidente Alberto Fernández no ordenaría una vuelta al confinamiento total para intentar frenar el avance sostenido de la pandemia. “No lo resistiríamos”, alertó en Radio 10. Y agregó: “Hay un problema sociológico”. Dos días después, el jueves 20, el Presidente anunció por cadena nacional que volvería el aislamiento obligatorio.

Al menos por nueve días. Un futuro que recuerda al pasado. La larga cuarentena del 2020.

Fernández informó a la ciudadanía que deberá resistir lo que dos días antes dijo que era de cumplimiento imposible.

Fue una semana de vértigo, locura y zozobra en el poder.

Fernández se convenció de que debía prohibir por un lapso corto la circulación, la educación y la economía tras alarmarse por la cifra de contagios y de muertos que conoció el mismo martes en el que había negado una vuelta a Fase 1.

Ese día, se reunieron en la Casa Rosada el jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, con sus pares de la Ciudad, Felipe Miguel, y el de la Provincia, Carlos Bianco. También estuvieron allí el ministro de Salud porteño, el doctor Fernán Quirós; y el bonaerense, Daniel Gollán. Incluso la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti. Quirós y De Miguel plantearon que, ante una suba de casos en su distrito, la Jefatura Porteña planeaba restricciones muy estrictas, pero solo durante los fines de semana, entre otros planes de ese estilo. Cafiero, Bianco y Gollán escucharon. Pero algo pasó. Justo en medio de ese encuentro se conocieron las cifras de contagios y muertos de la fecha. Eran récord. El tono del diálogo cambió. Cafiero dio a entender que si esa curva continuaba el Gobierno debía pensar en otras medidas más inflexibles.

Según fuentes de Presidencia, Fernández había empezado a planear la vuelta a las restricciones durante su gira por Europa.

El Gobierno empezaba a darse vuelta con respecto a su plan de salud.

El miércoles 21, con la confirmación de que la Ciudad proponía cerrar de modo total la actividad durante los fines de semana, y después de hablar por teléfono con el Jefe Porteño, que le ratificó esa idea – “siempre basada en datos”-, según las palabras de Rodríguez Larreta, Fernández encaminó al Gobierno para reglamentar las prohibiciones a la circulación, la educación y el trabajo. No dio demasiados detalles y generó sorpresa en parte de su Gabinete.

Rodríguez Larreta lo acompañaría.

Mundo del revés: desde mediados de abril, ambos disputaron en el escenario público, e incluso ante la Corte Suprema, sus diferencias sobre la peligrosidad o no de mantener la educación con clases presenciales en pandemia.

Ese mismo miércoles, Fernández tuvo otros dos encuentros con los que alimentó todavía más su tesis que concretaría.

Uno duró tres horas y fue con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

La otra interlocución fue con los asesores científicos que lo ayudan a comprender lo que pasa con el Covid-19 y le sugieren qué debería hacer para frenar el virus. Hacía solo un día él mismo había asegurado que volver a una fase 1 era imposible.

Varios días atrás, aunque tampoco tantos, el ministro de Economía, Martin Guzmán, le confirmó a CNN que “la economía no podría soportar un cierre total”. Guzmán ya conoce que el Gobierno tiene sus principios y también otros.

Fernández tenía además otro “problema” político para dictar las nuevas medidas.

Cuando firmó su anterior DNU con las restricciones más leves a las que rigen hoy, el mandatario de Santa Fe, Omar Perotti, y el de Córdoba, Juan Schiaretti, no adhirieron a su plan.

Esas dos provincias están ahora al límite sanitario.

Fuentes del Gabinete afirmaron que el enojo del Presidente con los mandatarios del PJ es mayor que con los gobernadores opositores, como el mendocino, Rodolfo Suárez. O con Rodríguez Larreta.

Las cuarenta y ocho horas de vértigo en el poder tuvieron un hito, como se dijo, el miércoles pasado.

Fernández quedó impactado con lo que describieron sus asesores científicos. Según versiones oficiales, le explicaron que las medidas de control implementadas hasta ese momento no se controlaban. “Hay que reducir la movilidad”, le insistieron. “Las restricciones tienen que aumentarse”, fue otro de los conceptos que lo marcó. Las palabras que más quedaron su memoria fueron las del doctor Pedro Cahn. Le explicó que una medida de shock muy restrictiva sería como pegarle “un martillazo” a la suba de contagios, siempre que se cumpliera de modo eficaz.

El miércoles por la noche, Fernández, después de oír a sus consejeros de la ciencia, se reunió vía Zoom con doce gobernadores de las provincias, sobre todo, del norte y el centro del país.

Salvo Jujuy, Salta y Misiones, cuyos gobernadores explicaron que se encontraban con un nivel no alarmante por ahora del virus en sus distritos, el resto de sus colegas aceptó que la situación los desbordaba. El santafesino Perotti, a esa altura de la noche, ya había anunciado que toda su provincia volvería a casi Fase 1.

El resto de los mandatarios le adelantó al Presidente que acotarían la circulación y suspenderían las clases.

Fernández dio indicios de lo que pasaría. De acuerdo a fuentes que participaron de ese encuentro, dijo que se “vive un alerta sanitario nacional”. Agregó también que había “que tomar el toro por las astas”. Les pidió apoyo incondicional.

Y argumentó que buscaría cerrar lo máximo posible la circulación. Citó varias veces al doctor Cahn.

El jueves 22 a la mañana la reunión fue con el resto de los gobernadores, incluidos el porteño Rodríguez Larreta y el bonaerense Kicillof.

Los diálogos entre gobernadores y lo dicho por el Presidente fue en la misma línea que el Zoom con mandatarios que había encabezado la noche anterior. Tampoco adelantó en ese momento detalles de su plan.

Al mediodía volvió a hablar por teléfono con Rodríguez Larreta. ¿Solo del plan sanitario? Enigma. El nuevo confinamiento oficial ya había trascendido a los medios. Las preguntas, la locura política, la zozobra, se expandía por la coalición de gobierno. Se haría lo que se había dicho que no.

En secreto, en el Gobierno se prepararon para grabar un discurso del Presidente en el que anunciaría lo tan esperado. Sería por cadena nacional. Habló al país alrededor de las ocho y media de la noche.

Pasada el vértigo inicial, ahora la Casa Rosada se esperanza con anunciar a mitad de semana, o quizás antes, la llegada de alrededor de seis millones de dosis de vacunas.

Mientras tanto, en el Gobierno y parte de la ciudadanía se sumaban preguntas sin respuestas.

El viernes a la diez de la noche se conoció el nuevo DNU. Una hora antes, varios ministros no conocían los detalles del nuevo “ASPO”.

El poder estaba mareado. Al menos dos gobernadores, el de Buenos Aires y el de Córdoba, habían comunicado que adherían al flamante DNU del Gobierno. Ocurre que el texto aún no existía. No estaba publicado. Postales de los días de locura política.

La secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, trabajó sin freno durante un día para lograr darle marco legal al futuro confinamiento. Yapa: era su cumpleaños.

Clarín le hizo notar a un funcionario nacional las adhesiones de Kicillof y Schiaretti a un texto oficial que no conocían. Respondió con una humorada: “Adhirieron, pero con sus corazones”.

De acuerdo a funcionarios con cargos relevantes en la Presidencia, Fernández le había ido comunicando las novedades de su giro sanitario a la vice, Cristina Fernández. Aprobó todo.

El mismo jueves de la cadena nacional más dramática sobre la pandemia que dio el Presidente en el 2021, la vicepresidenta presidió una sesión en el Senado de la Nación.

El mismo jueves de la cadena nacional más dramática sobre la pandemia que dio el Presidente en el 2021, la vicepresidenta presidió una sesión en el Senado de la Nación. A las diez y veintiocho de la noche dejó abierto el micrófono con el que suele poner orden en el recinto. La Cámara alta y luego el país escucharon cuál era su inquietud en esas horas de falta de certezas en la Nación. Necesita saber a qué hora cerraba una chocolatería que también vende helados. “¿A qué hora cierra Rapanui?", dijo. Quería dulces, un deseo humano.

Ese negocio, de acuerdo al lenguaje del nuevo DNU, es considerado un comercio de cercanía a su domicilio en un edificio de la Recoleta. Hasta ahora se trata de su única declaración sobre las nuevas medidas.

El problema sociológico del que habló el Presidente acaba de empezar.

Nicolás Wiñazki