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LA SEGUNDA OLA Y LA ECONOMÍA

 Finalmente se confirmaron los rumores de que a partir del viernes 9 de abril se implementarían nuevamente medidas que buscan restringir la movilidad de las personas ante el temor de una aceleración mayor a la que se está observando en el crecimiento de los casos de coronavirus en Argentina. Si bien el aumento de contagios aún no se ha traducido en un crecimiento de las estadísticas de fallecimientos es sabido que hay cierta demora entre el crecimiento de uno y otro fenómeno.

Aun cuando las medidas anunciadas días atrás son mucho menos estrictas que lo que algunos esperaban y que lo que fueron el año pasado, lo cierto es que es muy probable que si los contagios continúan en ascenso el gobierno no tenga otra herramienta que incrementar las restricciones. Al igual que el año pasado, el gobierno luce incapaz de utilizar otros mecanismos más que los límites generalizados a la movilidad de los ciudadanos. Pasado más de un año desde el inicio de la pandemia, el Estado nacional no ha podido pensar e implementar una estrategia de testeo, rastreo y aislamiento focalizado que es lo que ha resultado más eficiente en el resto del mundo. Simultáneamente, la gestión de las vacunas fue muy mala en todos los aspectos que puedan analizarse. Como resultado, al día de hoy se ha vacunado a menos del 10% de la población total con al menos una dosis y los ciudadanos inoculados completamente (con las dos dosis) no llegan al 2% de la totalidad de habitantes. Estos números contrastan mucho con los datos del resto del cono sur. Chile ya ha aplicado al menos una dosis a casi el 40% de su población y el 25% de los chilenos ya tiene las dos dosis aplicadas. Uruguay, por su parte, que comenzó la campaña de vacunación hace poco más de un mes ya tiene al 25% de la población con al menos una dosis y al 5% con la vacunación completa. Sin estrategias de testeos y sin vacunas, parece no quedar otro camino para detener la propagación que volver a recurrir al esfuerzo de la ciudadanía.

Concretamente las medidas anunciadas implican que:

  • A partir de las 0hs del viernes no se podrá circular entre las 24hs y las 6hs de la mañana.
  • Los bares y restaurantes deberán cerrar a las 23hs. La PBA quería cerrar desde las 22hs, la CABA desde las 24hs. La decisión fue un punto medio.
  • Suspensión de las actividades sociales en domicilios particulares.
  • No se podrán realizar reuniones sociales en espacios públicos al aire libre de más de 20 personas y cerrarán los casinos, bingos, discotecas o cualquier salón de fiestas.
  • Se suspenden las prácticas deportivas en lugares cerrados donde participen más de 10 personas.
  • El transporte público solo debe ser utilizados por personas autorizadas.

Dos gobernadores se mostraron en desacuerdo con los límites horarios y adaptaron la medida en sus territorios. Juan Schiaretti, decidió que en Córdoba se va a restringir comercios de lunes a viernes a partir de la medianoche y los fines de semana a partir de la 1. Por su parte, el mendocino Rodolfo Suarez estableció la apertura de establecimientos gastronómicos hasta las 0.30hs.

Más allá de que varios dirigentes políticos no están de acuerdo con volver a implementar medidas similares a las del año pasado habida cuenta de la ineficiencia que demostraron en el objetivo de disminuir la mortalidad, al mismo tiempo que se llevó a la economía a una de las recesiones más grandes del mundo, es indudable que el principal límite a los gobiernos ahora se los impone la realidad económica.

Luego de haber caído casi 25% en el peor momento de la cuarentena y de promediar una recesión de 10% en el 2020, a medida que las restricciones se iban levantando la actividad económica mostraba señales de recuperación. Sin embargo, son varios los indicadores que dejan ver que este rebote sería débil y podría estar encontrando un límite. En primer lugar, los datos tanto de las ventas de materiales para la construcción como de la actividad industrial fueron negativos en el mes de febrero. La construcción retrocedió 4% en el mes de febrero y se encuentra en el mismo nivel de diciembre último. La industria, por su parte, también muestra el mismo nivel de producción de diciembre 2020, luego de haber avanzado algo en enero y retrocedido 1,6% en febrero.

Más allá de estos dos sectores en particular, las señales más preocupantes vienen desde el mercado laboral. La recuperación del empleo privado registrado está prácticamente estancada desde hace ya varios meses, lo que indica que lo que sea que se haya recuperado del empleo perdido está canalizándose a través del mercado informal. Al mismo tiempo, el ingreso real de los trabajadores continúa deteriorándose a medida que la inflación permanece alta y los salarios nominales aún no se han ajustado o lo han hecho siguiendo la pauta de inflación del Ministerio de Economía que a esta altura luce imposible de ser cumplida.

Mientras que entre mayo y enero del año pasado se perdieron 283.000 empleos privados (159.000 asalariados y 124.000 independientes), entre mayo y enero del 2021 solo se han recuperado 59.000 y todos han sido de trabajadores independientes ya que los asalariados continúan por debajo del valor de mayo pasado. Es decir que, a un año del inicio de la pandemia, solo en el sector privado formal se registra una pérdida de unos 225.000 empleos. Estimamos que a este número se suma la pérdida de más de 500.000 empleos no registrados o informales.

En términos sectoriales, se destaca la destrucción de más del 20% del empleo registrado en hoteles, restaurantes y bares, lo que implica la perdida de unos 56.000 trabajadores. A la luz de estos datos se entiende la preocupación del sector al constatar que una vez más están en la primera fila de las restricciones sanitarias cuando aún en los últimos meses con un funcionamiento más libres venían despidiendo a unos 4.500 trabajadores registrados por mes. La construcción también muestra un deterioro significativo en el empleo: -12% en relación a enero del año pasado lo que equivale a unos 40.000 trabajadores. En este caso, sin embargo, sí había empezado a notarse una recuperación en los últimos meses y, por el momento, no habría limitaciones para la actividad. Otros 20.000 empleos formales se han perdido en el sector del transporte, 10.000 entre enero 2020 y mayo 2020 y otros 10.000 desde que la economía comenzó a reabrirse hasta hoy.

A este deterioro en el volumen de personas ocupadas, se suma la contracción del ingreso de quienes mantienen el empleo. En el mes de enero, con un salario promedio de poco más de 68.000 pesos brutos, el poder adquisitivo de los trabajadores en relación de dependencia formal se contrajo 7,2% con respecto al mismo mes del 2020. Esta caída del salario real se suma a la ya acontecida en enero del 2020 (-2,1%) y a la fuerte caída del año 2018.

En definitiva, a diferencia del año pasado, el gobierno deberá ser extremadamente cuidadoso con las medidas de aislamiento ya que se encuentra operando sobre un escenario socioeconómico profundamente deteriorado en comparación con el de un año atrás. Al mismo tiempo, el gobierno ya no cuenta con “los colchones” macroeconómicos que le había dejado el gobierno de Macri. El déficit fiscal ya es muy alto, las reservas internacionales son más bajas y la economía pasó de estar desmonetizada a estar sobremonetizada. Pase lo que pase con el virus, hay pocas chances de que el gobierno pueda responder de la misma manera que el año pasado.



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